martes, 21 de febrero de 2017

Lo que no leo



Leí El Romance de la Negra Rubia, de Gabriela Cabezón Cámara, y aunque es un libro que normalmente no hubiera leído, hay mucho que me gustó ahí.
Tras un fin de semana de droga y alcohol en un predio ocupado, la Negra, una poeta, reacciona frente al desalojo policial prendiéndose fuego. A partir de eso (“el sacrificio fundante” – p. 32) se convierte en la santa y líder de un movimiento de ocupación de tierras / vivienda / artístico que llega a su cénit cuando la propia Negra es expuesta en la Bienal de Venecia como parte de una instalación sobre estas luchas populares.
Hay en la Negra Rubia una reflexión sobre la santidad y el martirio. En unas “Notas sobre el sacrificio”, dice que “no importa el deseo: hemos de considerar santos a todos los que muriendo nos reportaron ganancias.” (p. 74) Los mártires son útiles para los movimientos sobre todo en esta era de la información: “las cámaras, carroñeras y caranchas” (p. 19) van directo hacia ellos y ahí se genera poder. El mundo militante es defendido pero no sin cierta ironía: “Levantaba una villa y ubicaba a la gente en casas buenas y enseguida me brotaban como gremlins en el agua unas diez más.” (p. 63)
Después de leer a Hornby protestar contra la literatura sobre la literatura, me molestó un poco la vuelta literaria del libro. En el epílogo, la Negra dice: “desde acá mismo, me relato mi vida porque creo que es un libro. Porque siempre quise escribir uno y ha de ser que soy una de esas personas que no pueden separar arte de vida y la vida me quedó así, medio barroca”. (p. 68) Y antes: “cualquier perspectiva es un lugar conseguido, yo no creo que haya un lugar totalmente regalado: se llega a la perspectiva, lo que organiza el relato, y si se puede contar es que algo de bueno habrá ahí donde estás parado y si se quiere contar es que algo se está buscando.” (p. 29) Como lector, me pregunto si necesito eso para que me hable este personaje, si al final de cuentas no le quita fuerza a su testimonio.
Decía que es un libro que normalmente no leería. Cuando leí la primera oración me molestó, me pareció innecesariamente compleja y literaria, y si la hubiera leído en la librería quizás no lo compraba. Pero al mismo tiempo, es justamente en el manejo del lenguaje, en la poesía y a veces en la exageración donde encontré el placer de leer este libro. Hay algo en los ritmos, en el arrebato pero al mismo tiempo el cuidado, que crea sonidos únicos: “Mi Elena, la dorada la firme la poderosa, la diosa recia de uñas cortas, mi yegua mi belleza, mi agua mi carne mi ternura, mi Elena mi amor mi vida mi aliento, mi mujer mi marido mi toro mi doncella, mi hermana mi amante estaba enferma.” (p. 54)

A veces es bueno leer cosas que normalmente no leeríamos.

martes, 14 de febrero de 2017

El placer de leer


Me gustan los libros y hablar de libros y, como habrán notado, escribir de libros, así que no es sorprendente que alguien me regalara The Complete Polisyllabic Spree. The ... Spree es una colección de columnas sobre lecturas de uno de mis escritores favoritos: Nick Hornby. (Libros de Hornby comentados en el blog: How To BeGood, Juliet, Naked, A Long Way Down, Fever Pitch, Slam).
La columna se llamaba “Stuff I’ve been reading” (“Cosas que estuve leyendo”), se publicaba en una revista que parece haber desaparecido (The Believer) y trataba, entre otras cosas, de las curiosas maneras a través de las cuales nos llegan los libros. Cada columna empezaba por una enumeración de libros comprados y libros leídos, y a veces la conexión entre esas dos columnas era azarosa: porque le regalaban libros, porque una lectura llevaba a otra, porque a veces compramos libros que nunca vamos a leer. Incluso los más obsesivos, que nos trazamos algún tipo de plan de lectura, nos encontramos a veces con desvíos. Por ejemplo, Hornby cuenta que ponía a los libros que nunca iba a leer en un estante determinado; pero de pronto un hijo sacó un libro y se puso a jugar con él en el piso y ahí Hornby lo vio y se puso a leerlo en el acto. “Ser lector es un poco como ser presidente, salvo que supone generalmente menos cenas de Estado. Tenés esta agenda que querés llevar adelante, pero te distraen eventos de la vida, e. g., libros que llegan por correo / la Tercera Guerra Mundial, y sos temporalmente desviado del camino elegido.” (p. 61)
Sobre todo, el libro se trata del placer de leer por el mismo placer de leer. Más allá de cómo llegues a un libro, lo importante es que te haga bien. No hay que leer libros porque pensemos que tenemos que leerlos o porque otros piensen que tenemos que leerlos; tampoco tienen que ser difíciles ni leerse para un supuesto crecimiento personal: “Si la lectura de libros puede sobrevivir como actividad de recreación (...) entonces tenemos que promover las alegrías de la lectura antes que sus (dudosos) beneficios.” (p. 5)
Un corolario de esa postura (o justamente al revés) es una mirada crítica de la distinción entre lo elevado y lo popular, una postura anti-elitista. “Quizás una novela literaria es una novela que en verdad no funciona, y una película artística simplemente una película que la gente no quiere ver.” (p. 60) Hablando de la poesía, dice: “Si algo no te da al menos la posibilidad de ser comprendido en las primeras dos lecturas, entonces mi lema es ‘Al carajo.’” (p. 89) Ligado con esto, Hornby critica que en los temas elegidos haya tanto de literatura, que entre los personajes haya tantos escritores y tan pocos plomeros, oficinistas o empleados de comercio: “¡Pónganse de acuerdo, muchachos! ¡No pueden estar todos escribiendo literatura sobre la literatura!” (p. 161)
Como en todo lo demás que escribe, Hornby es gracioso y sensato y sensible, así que el libro se lee divinamente y el paseo por la mente de un lector es un placer. Y como si fuera poco, me llevé seis libros a mi lista de “libros que me gustaría leer.”


Originales de las citas usadas
“Being a reader is sort of like being president, except reading involves fewer state dinners, usually. You have this agenda you want to get through, but you get distracted by life events, e.g., books arriving in the mail / World War III, and you are temporarily deflected from your chosen path." (p. 61)
“If reading books is to survive as a leisure activity (...) then we have to promote the joys of reading, rather than the (dubious) benefits.” (p. 5)
“Maybe a literary novel is just a novel that doesn’t really work, and an art film merely a film that people don’t want to see…” (p. 60)
“If something doesn’t give you even a shot at comprehension in the first couple of readings, then my motto is ‘Fuck it’”. (p. 89)

“Sort it out, guys! You can’t all write literature about literature!” (p. 161)

viernes, 3 de febrero de 2017

Salvar el mundo


Leí Runaway, de Alice Munro (también leí Too much Happiness), en una edición que viene con una introducción de Jonathan Franzen. Y la introducción es tan buena como reseña que no voy a hacer un apunte de lectura propio sino robar, directamente, el de Franzen. No sólo porque lo de Franzen es tan bueno sino tambuén porque Runway es tan buena colección que es casi imposible reseñarla como merece.
Entonces: ¿qué dice Franzen?
·         [Munro] es “La proveedora remota de experiencias privadas intensamente placenteras.”
·         “Lo que hace que el crecimiento como artista de Munro sea tan nítidamente visible que quita el aliento (...) es precisamente la familiaridad de su material. Mirá lo que puede hacer con nada más que su propia pequeña historia; cuanto más vuelve a ella, más encuentra.”
·         Runaway es tan bueno que no quiero ni hablar de él acá.”
·         Lo cual me deja con la simple instrucción con la que comencé: ¡Leé a Munro! ¡Leé a Munro”
·         [Como escritor de ficción] “Tenés que perdonar a todos y no maldecir a nadie.”
·         ¿Puede un tipo mejor de ficción salvar al mundo? Siempre hay una pequeña esperanza (a veces sí pasan cosas raras), pero la respuesta es casi seguro que  no, no puede. Sí hay una probabilidad razonable, sin embargo, de que pueda salvar tu alma.”

Originales de las citas usadas
“She is the remote provider of intensely pleasurable private experiences.”
“What makes Munro’s growth as an artist so crisply and breathtakingly visible (...) is precisely the familiarity of her material. Look what she can do with nothing but her own small story; the more she returns to it, the more she finds.”
“Reading Munro puts me in that state of quiet reflection in which I think about my own life: about the decisions I’ve made, the things I’ve done and haven’t done, the kind of person I am, the prospect of death.”
Runaway is so good that I don’t want to talk about it here.”
“Which leaves me with the simple instruction that I began with: Read Munro! Read Munro!”
“You have to forgive everybody and damn no one.”
“Can a better kind of fiction save the world? There’s always some tiny hope (strange things do happen), but the answer is almost certainly no, it can’t. There is some reasonable chance, however, that it can save your soul.”

miércoles, 18 de enero de 2017

Violencia y poesía


Leí Blood Meridian, un clásico de 1985 de Cormac McCarthy basado en eventos reales ocurridos en la frontera entre EE.UU. y México alrededor de 1850. Una banda de mercenarios liderada por John Joel Glanton fue contratada por un gobernador del norte de México para combatir a los Apaches, y cuando digo combatir es matar, dado que el pago se hacía por cabelleras entregadas. La banda empieza a matar por negocio y termina matando por gusto, con cada vez más violencia y falta de consideración por cualquier valor humano, tanto que, cuando van a la ciudad a cobrar se la pasan de juerga por días y “Aparecieron garabatos pintados en carbón sobre paredes pintadas a la cal. Mejor los indios.” (p. 178-179)
Alrededor de esta historia y de este relato, McCarthy habla de la muerte, del destino y del mal. El menos malo de los personajes es el protagonista, cuyo nombre no conocemos; es el pibe (the kid) y, hacia el final de la novela, el hombre (the man). Aunque en la primera página McCarthy nos dice que “en él se incuba ya el gusto por la violencia sin sentido” (p. 3), es el único que muestra alguna reticencia moral. El antagonista, el exuberante “juez” Holden, algo así como un filósofo de la guerra y del mal, se lo dice así: “No sos asesino, dijo el juez. Ni un partisano. Hay un lugar fallado en el tejido de tu corazón. ¿Te pensás que podía no saberlo? Sólo vos te amotinabas. Sólo vos reservabas en tu alma algún rincón de clemencia por los infieles.” (p. 312)
Por momentos el juez parece más que un hombre. Como dice un viejo en un bar a parte de la banda: “Ustedes están bien caballeros. (...) Pero hay otro caballero y creo que ningún hombre se esconde de él. Yo fui soldado. Es como un sueño. Cuando hasta los huesos se va del desierto los sueños es te hablan, no te despertás por siempre.” (p. 108 - sic) Ese se suma a otros indicios de que el juez, más que un hombre, es la muerte. En la secuencia final, el juez le pregunta al pibe (ahora el hombre): “¿Qué es la muerte sino una agencia?” (p. 343) “Solo aquel hombre que se ha ofrecido a sí mismo enteramente a la sangre de la guerra, el que ha ido al fondo del pozo y ha visto el horror en la ronda y aprendido finalmente que le habla al centro de su corazón, sólo ese hombre puede bailar” (p.345), dice el juez, y la última imagen que tenemos es la del juez bailando. “Nunca duerme. Dice que nunca va a morir. Baila en la luz y en la sombra y es un gran favorito. Nunca duerme, el juez. Está bailando, bailando. Dice que nunca va a morir.” (p. 349)
La guerra y el mal siempre existieron, esperando al hombre. El juez dice: “La guerra siempre estuvo acá. Antes de que hubiera hombre, la guerra lo esperaba.” (p. 259) Y un menonita advierte al comienzo: “La ira de Dios yace dormida. Fue escondida un millón de años antes de que hubiera hombres y sólo los hombres tienen el poder de despertarla. El infierno no está ni mitad lleno.” (p. 43) Pero más allá de las advertencias, la banda sigue cruzando el desierto a caballo porque son parte de algo más grande que ellos. Como de costumbre en McCarthy, el destino de los hombres parece sellado de antemano. “Cualquier hombre que descubra su propio destino y elija por lo tanto algún curso opuesto no puede llegar más que al mismo ajuste de cuentas en el mismo punto previsto, porque el destino de cada hombre es tan grande como el mundo que habita y contiene dentro suyo todos sus opuestos también.” (p. 344)
McCarthy cuenta todo esto con un lenguaje generalmente muy concreto y económico, pero con uso de palabras antiguas e incluso bíblicas; y con ocasionales raptos poéticos: en el desierto, de noche, los miembros de la banda “miraban el fuego que sí contiene en él algo de los hombres mismos en tanto que ellos son menos sin él y separados de sus orígenes y exilados. Porque todo fuego es todos los fuegos, el primer fuego y el último jamás en ser.” (p. 255) Un McCarthy clásico, tan logrado como The Road o No Country for Old Men: masculino, violento, místico, concreto, que está en los detalles y en lo universal, en la violencia y en la poesía.


Originales de las citas utilizadas
“Charcoal scrawls appeared on the limewashed walls. Mejor los indios.” (p. 178-9)
“He can neither read nor write and in him broods already a taste for mindless violence.” (p. 3)
“No assassin, called the judge. And no partisan either. There’s a flawed place in the fabric of your heart. Do you think I could not know? You alone were mutinous. You alone reserved in your soul some corner of clemency for the heathen.” (p. 312)
“You are fine caballeros. (…) But there is another caballero and I think that no man hides from him. I was a soldier. It is like a dream. When even the bones is gone in the desert the dreams is talk to you, you dont wake up forever.” (p. 108)
“What is death if not an agency?” (p. 343)
“Only that man who has offered himself entire to the blood of war, who has been to the floor of the pit and seen horror in the round and learned at last that it speaks to his inmost heart, only that man can dance.” (p. 345)
“He never sleeps. He says that he will never die. He dances in light and in shadow and he is a great favorite. He never sleeps, the judge. He is dancing, dancing. He says that he will never die.” (p. 349)
“War was always here. Before man was, war waited for him.” (p. 259)
“The wrath of God lies sleeping. It was hid a million years before men were and only men have power to wake it. Hell aint half full.” (p. 43)
“Any man who could discover his own fate and elect therefore some opposite course could only come at last to that selfsame reckoning at the same appointed time, for each man’s destiny is as large as the world he inhabits and contains within it all opposites as well.” (p. 344)
“they watched the fire which does contain within it something of men themselves inasmuch as they are less without it and divided from their origins and are exiles. For each fire is all fires, the first fire and the last ever to be.” (p. 255)

lunes, 2 de enero de 2017

Lecturas 2016


En 2016 leí y comenté 31 libros (apenas por encima del promedio de 29,8 libros por año de los últimos cinco años).
La gran mayoría de lo leído fue ficción: sólo dos fueron de no ficción.
24 (77%) de los libros fueron escritos por autores varones y 23% por mujeres. (Aunque lejos de ser equilibrado, fue el mayor porcentaje de mujeres de los últimos cinco años, y mayor al promedio, de 15%.)
14 (45%) de los libros leídos son en español. Es el segundo mayor porcentaje de los últimos cinco años, y por encima del promedio de 38%.
Abajo la lista completa.


1.    Philip Roth, Letting go. Me gustó.
2.    Roque Larraquy, La Comemadre. Me gustó.
3.    Paul Theroux, Hotel Honolulu. Me aburrió un poco.
4.    Iosi Havilio, Opendoor. Me gustó.
5.    Richard Ford, Let Me Be Frank With You. Me gustó mucho.
6.    Fabio Morabito, La lenta furia. No me volvió loco.
7.    Nick Hornby, 31 Songs. Amé.
8.    Sylvia Molloy, El común olvido. Me gustó.
9.    Edith Wharton, The Age of Innocence. Me gustó más de lo que esperaba.
13. Eduardo Sacheri, Papeles en el viento. No me gustó mucho.
14. Alejandro Zambra, Facsímil. Me gustó mucho.
15. Pedro Mairal, La uruguaya. Me gustó mucho.
17. E.L. Doctorow, Homer & Langley. Me gustó mucho.
25. Toni Morrison, Beloved. Amé. Amé mal.
27. Javier Cercas, El vientre de la ballena. No me gustó tanto.
28. Cormac McCarthy, Child of God. Me gustó mucho.
29. Jonathan Franzen, Purity. Me gustó bastante.