lunes, 18 de junio de 2018

Un libro bello



¿Es El gran surubí el libro más hermoso de la historia de la literatura argentina?
La primera vez que lo vi, hace años, en Eterna Cadencia, dije “lo quiero”, pero cuando pregunté por el precio reculé. Es un libro muy hermoso y era muy caro. Mucho tiempo después, hace poco más de un mes, me lo encontré en La Boutique del Libro de Martínez y estaba muy barato por esas rarezas del mundo editorial. Por eso les digo: búsquenlo y cómprenlo, porque es hermoso.
Es uno de esos libros que hay que tener, que van a poder leer un millón y medio de veces. Es una novela ilustrada (por Jorge González) escrita en sonetos (por Pedro Mairal), una enorme novela que se lee en minutos, un ascensor supersónico, subiendo a lo más elevado de la poética y de la historia de la literatura, de José Hernández a Herman Mellville, y bajando a lo más llano de la experiencia cotidiana en cada soneto.
Después de ser detenidos por una difusa autoridad estatal, un grupo de jóvenes es llevado a Martín García, a pescar surubíes para alimentar al conurbano ante la falta de carne: “la conurba mayor capitalina / la boca de la hambruna subsidiada / la falta de la vaca idolatrada / ya casi no había carne en la Argentina”. Aparece allí un surubí gigante, un Moby Dick del Paraná: “que medían de aquí hasta por allá / que tenían tamaño de ballena / que era muy peligrosa la faena / que buscaban el norte el paraná”; “lo viste no lo vieron vi la jeta / la boca era como una camioneta”. Y de allí en adelante las aventuras, los motines, las peleas, los amores, el escape y mucho más en sesenta sonetos que, como dice Hernán Casciari en el prólogo, parecen cientos de páginas de una novela.
¿Es El gran surubí el libro más hermoso de la historia de la literatura argentina? No sé, pero sin dudas es un libro para tener.

martes, 12 de junio de 2018

Voces de hoy



En gran medida impulsado por el hecho de que la ganadora fue mi amiga Joanna D’Alessio, leí la antología de cuentos de la XI edición del Premio Mujica Láinez de la Municipalidad de San Isidro y la pasé muy bien. Más aún, llegué a una conclusión que por remanida y repetida no deje de ser válida: id est, que no hay fórmulas para casi nada.
No hay fórmulas para hacer cuentos buenos. De los diez cuentos de la antología me gustaron todos a pesar de la gran diversidad de estilos y temáticas. En estos cuentos tenemos, por ejemplo, el interior de la mente preocupada de una mujer sensible e inteligente al estilo Alice Munro (D’Alessio); un episodio violento entre cultura y naturaleza al estilo Horacio Quiroga (Rodríguez Mora); la porosa frontera entre salud y locura en una mujer en duelo (Salvador); un cuento críptico de sueños y epifanías oscuras con airea Kafkiano (Baigorri Theyler); una mirada sin prejuicios a la ambivalencia sexual de un chico que muestra todo lo que no cierra, no encaja, con un estilo Lorrie Moore (Lamisovsky); o un cuento construido con un mago en el que, como en la magia, la distracción es todo (Ibrogno).
No hay fórmulas tampoco para lo que nos puede gustar. Porque después de leer el notable cuento de Joanna, que te mete en el corazón de un mundo femenino hecho de detalles y de los mecanismos misteriosos de la hermosa mente de una mujer, pasás a un cuento de animalidad y masculinidad, que junta lo natural con la fantástico, sin que baje el nivel de disfrute. Obviamente, algunos me gustaron más que otros. Pero así como a veces nos gusta una colección de cuentos en la que se mantiene un tono, o un tema, o un personaje, en este lo que más nos hace disfrutar es la diversidad, el cambio de uno a otro, no saber qué esperar de la próxima voz. En definitiva, una muy linda experiencia de lectura que sirve además para escuchar las voces de hoy.

lunes, 11 de junio de 2018

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Open, las memorias que André Agassi escribió con J. R. Moehringer, es un libro fenomenal que me habían recomendado mil veces antes de ponerme a leerlo. Lo que me detenía era que no me interesa tanto el tenis, pero rápidamente te das cuenta de que eso no importa: el mismo narrador, uno de los mejores tenistas de la historia, admite una y otra vez que él odia el tenis.
Como no sé ni conozco mucho de tenis, pude hacer con este libro algo que uno no hace generalmente con libros de no ficción: creerle todo, leerlo como una novela sin que importe cuánta verdad contiene. En Twitter alguien me dijo que es incompleto y tiene medias verdades y puede ser. Pero leído como lo leí yo, todo suena verdadero; suena honesto, suena como la voz de un gran narrador de una Bildungsroman, una novela de cómo un chico se convirtió en hombre.
El caso de este chico tiene algunas rarezas, además de la obvia de que fue el mejor del mundo haciendo lo que hacía. La primera es justamente que crece haciendo algo que odia, obligado por un padre obsesionado en que alguno de sus hijos sea campeón de tenis. Uno de los grandes logros del libro es ese padre tipo Carver que construye a lo Carver: un padre al que vemos haciendo las cosas más tremendas porque el narrador las pone ahí, pero sin juzgarlas. Parte de la construcción de ese padre y de la sensación de verdad de todo el libro, me parece, está en el uso permanente de la primera persona del singular y en el presente. Una enorme decisión.
La segunda rareza es que este chico se convirtió en hombre bastante tarde (a los 29 años tras ganar el US Open de 1999 dice que “Es la primera vez que sentí, o que me animé a decir en voz alta, que soy un adulto.” - p. 322) aunque desde muy temprano, a los 16, hacía cosas de adulto (era profesional) y era juzgado como tal. Lo peor del libro, me parece, es cuando parece querer explicar o justificar al Agassi rebelde de los comienzos de su carrera; quizás ahí se pone demasiado explícito: “Dicen que quiero llamar la atención. En verdad (...) estoy tratando de ocultarme. Dicen que estoy tratando de cambiar el deporte. En verdad estoy tratando de que el deporte no me cambie a mí. Dicen que soy un rebelde, pero no me interesa ser un rebelde, sólo estoy llevando adelante una típica rebelión adolescente del montón.” (p. 115)
La tercera rareza es que su convertirse en grande es entender que lo que hace sólo tiene sentido si lo hace con y para otros, lo cual es bastante común a nivel libro de autoayuda pero paradójico cuando se trata de un jugador del que es quizás el más individual de todos los deportes individuales. La compración es con el boxeo: “el tenis es boxeo. (...) es pugilismo de no contacto. Es violento, mano a mano, y la alternativa es tan brutalmente simple como en un ring. Matar o ser matado.” (p. 214) Agassi busca salirse de ese dilema individual y crear un equipo. Cuando es chico y su padre lo obliga a jugar y apuesta dinero en sus victorias, quiere jugar al fútbol, un deporte en equipo, porque ahí “El destino de mi padre, de mi familia, del planeta tierra, no descansa sobre mis hombros.” (p. 56) A lo largo de su carrera va armando su equipo (su hermano, amigos, entrenadores, coaches, esposas). Juega mejor en la Davis que individual y se emociona como pocas veces al ganar el oro en Atlanta en 1994 (“Empieza a sonar el himno. Mi corazón se agranda, y no tiene nada que ver con el tenis, o conmigo, y por eso excede todas las expectativas.” - p. 238)
Agassi se hace hombre cuando encuentra una razón para hacer eso que hace, una razón más allá de que no puede hacer otra cosa porque su padre lo rompió. Se hace grande cuando se abre, de ahí el título, jugando con lo de campeonatos abiertos, a la emoción. (Ahí resulta excelente el epígrafe de Van Gogh que utiliza, y en este tema de lo abierto sí hay sutileza.) Desde 1999, después de estar en un pozo, de su separación de Brooke Shields y de las drogas, Agassi encuentra en su fundación una misión: “Quiero ganar, estoy loco por ganar (...) No se trata de mi vuelta, se trata de mi equipo. Mi nuevo equipo, mi verdadero equipo. Estoy jugando para tener más plata y más visibilidad para mi colegio. Después de todo estos años tengo lo que siempre quise, algo para lo cual jugar que sea más que por mí mismo pero que igual esté muy conectado conmigo.” (p. 267)
La última rareza o paradoja, si se quiere, es que lo que lo convierte en un hombre lo destruye físicamente. La descripción de los dolores y el deterioro físico producto de la alta competencia, sobre todo en el comienzo y final del libro, que relatan su último gran partido, es fenomenal. Es, también, una buena advertencia a cualquier padre que busque crear algo como lo que creó el padre de Agassi. Algo que el propio Agassi parece entender, a pesar de casarse con otra tenista. “Soy primero un padre, un jugador de tenis después, y esa evolución ocurre sin que me de cuenta” (p. 341) dice por allí, en el acto final de admisión de adultez.

Post scriptum para amantes del tenis
Es incomprensible que amantes del tenis que lean no hayan leído este libro. Como prueba simplemente paso un listado de algunos de los jugadores contra los que jugó Agassi que aparecen en el libro, en orden de aparición. John McEnroe. Michael Chang. Pat Cash. Ivan Lendl. Guillermo Pérez Roldán. Martín Jaite. Pete Sampras. Alberto Mancini. Jim Courier. Jonas Svensson. Andrés Gómez. Boris Becker. Goran Ivanisevic. Patrick Rafter. Richard Krajicek. Thomas Muster. Todd Martin. Guy Forget. Wayne Ferreira. Michael Stich. Kafelnikov. Stefan Edberg. Alex Corretja. Petr Korda. Gastón Etlis. Jonas Bjorkman. Karol Kucera. Andrea Gaudenzi. Sergi Bruguera. Greg Rusedski. Vince Spadea. Alberto Berasategui. Jan-Michael Gambill. Marat Safin. Tommy Haas. Dominik Hrbaty. Franco Squillari. Arnaud Clément. Chris Woodruff. Carlos Moyá. Marcelo Filippini. Andrei Medvedev. Mariano Puerta. Sébastien Grosjean. Andy Roddick. Roger Federer. Paul Henri Mathieu. Juan Carlos Ferrero.Max Mirnyi. Lleyton Hewitt. Jiri Novak. Rainer Schuetler. Jürgen Meltzer. Guillermo Coria. Mark Philippoussis. Marat Safin. Jarko Nieminen. Rafael Nadal. Ivo Karlovic. Thomas Berdych. Xavier Malisse. James Blake. Robby Ginepri. Andreas Seppi. Andrei Pavel. Marcos Baghdatis.

Originales de las citas usadas
“It’s the first time I've felt, or dared say out loud, that I’m a grown-up.” (p. 322)
“They say I’m trying to stand out. In fact (...) I’m trying to hide. They say I’m trying to change the game. In fact I’m trying to prevent the game from changing me. They call me a rebel, but I have no interest in being a rebel, I’m only conducting an everyday, run-of-the-mill teenage rebellion.” (p. 115)
“tennis is boxing. (...) tennis is noncontact pugilism. It’s violent, mano a mano, and the choice is as brutally simple as it is in any ring. Kill or get killed.” (p. 214)
“The fate of my father, of my family, of planet earth, doesn’t rest on my shoulders.” (p. 56)
“A man drapes the gold medal around my neck. The national anthem starts. I feel my heart swell, and it has nothing to do with tennis, or me, and thus it exceeds all expectations.” (p. 238)
“I want to win, I’m crazy to win. (...) It’s not about my comeback, it’s about my team. My new team, my real team. I’m playing to raise money and visibility for my school. After all these years I’ve got what I always wanted, something to play for that’s larger than myself and yet still closely connected to me.” (p. 267)
“I’m a father first, a tennis player second, and this evolution happens without my being aware.” (p. 341)

lunes, 28 de mayo de 2018

Una fe laica



The Autograph Man, de Zadie Smith, es una novela improbable, casi imposible, en la que hay toda una trama que parece innecesaria para contar, desde el humor, cómo un joven inglés, finalmente, y tras 13 años, logra atravesar el duelo por la muerte de su padre.
Los personajes ya son improbables. El héroe es Alex, un chico de padre chino y madre judía que se dedica a coleccionar y comerciar autógrafos. A través de una mezcla de constancia (le escribe una carta por semana durante 15 años) y suerte, Alex logra finalmente encontrarse con su ídola, Kitty Alexander, una vieja actriz de Hollywood. Rodean a Alex sus amigos de la infancia: Rubinfine, un rabino pelirrojo sin fe; Joseph, un vendedor de seguros y ex coleccionista de autógrafos que en realidad está enamorado de Alex; y Adam, un judío  negro estudiante de la kabbalah que tiene un video-club aunque no le interesa el cine. La novia de Alex es la hermana de Adam, Esther, una hermosa chica negra judía con la cabeza rapada y un marcapasos. Los personajes secundarios son igualmente improbables: Rebecca, la mujer del rabino, organiza un barndance para enanos; el rabino que termina haciendo el yahrzeit conmemorando los 15 años de la muerte del padre de Alex es él mismo un enano. Honey, quien ayuda a Alex a encontrar a Kitty, es una ex prostituta que devino primero famosa por ser descubierta con un actor famoso (wink wink) y luego autograph woman ella misma.
Lo que es notable de la novela es que nos pone desde el principio el tema de fondo, real, frente a nuestras narices, para después esconderlo. Se cumplen 15 años de la muerte del padre y Alex se resiste a seguir el protocolo, a decir el Kadish, a cerrar su duelo. Eso queda en segundo plano durante páginas y páginas mientras vemos a Alex intentando hacer eso que él llama vivir. Y en esa trama termina dándose cuenta de que tiene que resolver el duelo, porque “Nunca sabés, hasta que pasa, qué le vas a deber a los muertos.” (p. 262) Mientras tanto, mientras esconde el tema de fondo, Smith, improbablemente, nos hace reír, nos mete en el medio de 50 años de cultura popular y nos cuenta de un lugar, Mountjoy, un barrio imaginario de Londres, nos habla de la fe, la fama, la Judaica, con un estilo y una mezcla de lo local, el tejido de amistades y el humor que me recuerda al Chabon de Telegraph Avenue.
En esa trama se produce el crecimiento de Alex. En parte por su contacto con Kitty y con Esther. En parte por momentos epifánicos, como cuando se da cuenta de cómo está viviendo, de lo cerca que está de convertirse en Duchamp, un colega que es poco más que un despojo humano: “¿Cuántas movidas, se preguntó Alex (...) para llegar de donde estoy a donde está Brian Duchamp? (...) Quizás ya estoy ahí.” (p. 101) O en una charla con Adam, que le pregunta qué epifanía tuvo y Alex responde “Ehmm… algo tipo: no podés pasar resto de vida como desgraciado absoluto” (p. 338) Pero también a través de una reflexión sobre la fe y la fama: “Los groupies odian a los músicos. Los cinéfilos odian a las estrellas de cine. Los cazadores de autógrafos odian a los famosos. Amamos a nuestros dioses. Pero no amamos nuestra sujeción.” (p. 286) Los hijos amamos a nuestros padres pero no a nuestra sujeción.
Y así, como quien no quiere la cosa, improbablemente, llegamos al principio, al yahrzeit, al aniversario de la muerte, y da la impresión de que la aceptación de la muerte despierta la fe por la vida. Que algo nuevo finalmente podrá nacer. Una fe laica, imprescindible e improbable porque en el amor y en la vida no alcanza con conformarse, hay que querer, hay que creer. En palabras de Esther: “Las personas no se conforman con personas. Deciden estar con ellas. Hace falta fe. Hacés un círculo en la arena y te ponés de acuerdo en pararte ahí adentro y creer. Es la fe, tarado.” (p. 291)

Originales de las citas usadas
“You never know, until it happens, what you will owe to the dead.” (p. 262)
“How many moves, wondered Alex later, on his way out (...) to get from where I am to where Brian Duchamp is? (...) Maybe I am already there. For I am an Autograph Man.” (p. 101)
“Umm… something like: can’t spend rest of life in total misery.” (p. 338)
“Groupies hate musicians. Moviegoers hate movie stars. Autograph Men hate celebrities. We love our gods. But we do not love our subjection.” (p. 286)
“People don’t settle for people. They resolve to be with them. It takes faith. You draw a circle in the sand and you agree to stand in it and believe in it. It’s faith, you idiot.” (p. 291)

miércoles, 23 de mayo de 2018

Gracias, Philip


Ayer murió Philip Roth, quizás el autor que más leí; debe estar palo y palo con Cormac McCarthy y un poco por arriba de Richard Ford. El New Jersey judío de Roth, el Northeast protestante de Ford y el Oeste violento de McCarthy son galaxias en ese universo que son los US of A.

Mucho de lo que leí de Roth - como American Pastoral, Portnoy’s Complaint, The Professor of Desire y The Human Stain – lo leí antes de tener mi blog. En el blog tengo apuntes de Patrimony, Counterlife, Letting go, The Ghost Writer y Nemesis. Con citas de esos cinco libros armé este homenaje veloz. 

Seré egoísta pero no siento tristeza por su muerte. Lo que siento es una enorme gratitud.



1. a vida es inverosímil. "He had only to distinguish for himself between the impact one had on the lives of others and the sheer momentum of fate - chance, luck, accident, for which no man who had merely crossed another's path could be held responsible." (Letting go, p. 788)

2. Y eso queda claro al final, en el cementerio. “My mother and the other dead had been brought here by the impelling force of what was, after all, a more unlikely accident – having once lived.” (Patrimony, p. 20).

3. Aferrarse a la memoria es aferrarse a la vida. “You mustn’t forget anything – that’s the inscription on his coat of arms. To be alive, to him, is to be made of memory – to him if a man’s not made of memory, he’s made of nothing.” (Patrimony, p. 124).

4. Y con el recuerdo hacemos historias, de todo eso que es la vida humana creamos otra cosa que refleja o reflecciona sobre aquello.  “As he spoke I was thinking, the kind of stories that people turn life into, the kind of lives that people turn stories into.” (Counterlife, p. 111)

5. El trabajo del novelista es ese: recordar, registrar, haciendo original lo banal, haciendo universal lo individual. “Most people (beginning with the novelist – himself, his family, just about everybody he knows) are absolutely unoriginal, and his job is to make them appear otherwise.” (Counterlife, p. 156)

6. Y el oficio parece en sí mismo banal. “I turn sentences around. That’s my life. I write a sentence and then I turn it around. Then I look at it and then I turn it around again. Then I have lunch. Then I come back in and I write another sentence. Then I have tea and turn the new sentence around. Then I read the two sentences over and turn them both around. Then I lie down on my sofa and think. Then I get up and throw them up and start from the beginning.” (The Ghost Writer, p. 17-18)

7. La vida sigue adelante signada siempre por esa contingencia. "Sometimes you're lucky and sometimes you're not. Any biography is chance, and, beginning at conception, chance - the tyranny of contingency - is everything." (Nemesis, p. 243)

8. Y después se termina, aunque la muerte parezca tan inverosímil como la propia vida. “even as an adult one continues, like a child, to believe that when someone dies it’s some kind of trick, that death isn’t entirely death, that they are in the box and not in the box, that they are somehow capable of jumping out from behind the door and crying, ‘Had you fooled!’ or turning up on the street to follow you around." (Counterlife, p. 221)

9. En su defensa, la muerte tiene un costado positivo. “‘What happened to Charlie Raskus?’ ‘He’s dead. He died. Natural causes. He wasn’t that old. Even the bastards die’, my father said. ‘That’s about the only good thing you can say for death – it gets the sons of bitches too’.” (Patrimony, p. 204)

10. Aunque en el algún lado nunca alcance, siempre necesitemos un poquito más. “‘I was a faithful husband, a loyal American, a proud Jew, I gave two wonderful boys every opportunity I myself never had, and what I am demanding is only what I deserve – another eighty-six years! Why’, he would ask him, ‘should a man die at all?’ And of course, he would have been right to ask. It’s a good question.” (Patrimony, p. 134)