martes, 18 de septiembre de 2018

Ritmo y rima de la vida



Me recomendaron que leyera The Anthologist, de Nicholson Baker. Me lo recomendaron porque estoy escribiendo una cosa que puede llegar a ser una novela en la que hay un personaje que es poeta y otro que anda buscando a ese personaje; y la novela de Baker es sobre un poeta luchando por terminar una antología de poesía dedicada sólo a poemas con rima, la que llamaría Only Rhyme (Solo rima).
El poeta, Paul Chowder, lucha durante un verano porque tiene que escribir la introducción a la antología y no lo logra. La novia lo deja y él se queda solo con el perro (y con un ratoncito que vive en su cocina), luchando por escribir esa introducción, y haciendo muchas cosas para no escribir esa introducción: ordena su escritorio, se lastima los dedos, juega al badminton con una vecina, ayuda a la vecina a colocar pisos en su casa, corta el pasto, rompe la cortadora de pasto, visita museos de poetas y, sobre todo, piensa y habla sobre la poesía y sobre la historia de la poesía.
La novela resultante, que bien podría ser la introducción a esa antología, es, sobre todo, una reflexión sobre la poesía (“¿Qué es la poesía? La poesía es prosa en cámara lenta.” - l. 162) y, por lo tanto, un poco aburrida para quien no tenga gran interés por ella. El narrador está obsesionado con discutir algunas cuestiones centrales a la poesía en lengua inglesa. Objeta la visión tradicional sobre el pentámetro yámbico (la métrica en la que está escrita casi toda la obra dramática de Shakespeare): no son cinco tiempos, dice Chowder, tienen un descanso al final, por lo que en verdad son dos partes de tres tiempos; el pentámetro yámbico es un vals. Y la gran métrica de la poesía de lengua inglesa no es esa sino la línea de cuatro tiempos: sólo le falta decir que la poesía es rock and roll. La otra gran discusión es su defensa de la rima, que para Chowder no es artificial sino natural. De bebés aprendemos a hablar con sonidos, dice, “La rima nos enseñó a hablar” (l. 1241). “La lengua es una tarada que rima. Quiere que rime porque así es como almacena lo que sabe. Tiene una lista detallada de cada movimiento muscular para cada consonante y vocal y diptongo y fricativo” (l. 1220).
El punto de Chowder es que la poesía es natural. La métrica y la rima están en la vida. “Cuando escuchás a un chico llorando, llora con métrica” (l. 680). El poeta, que en este caso es un gran perdedor, apenas reconocido, abandonado por la novia, incapaz de enseñar, el poeta tiene la capacidad de descifrar el sonido y el ritmo de la vida aunque nunca pueda aprender a vivir. De hecho, casi se diría que para ser buen poeta hay que no saber vivir, hay que ser un torturado, y la lista de poetas brillantes suicidas es interminable. “Cuando veo las vidas de los poetas entiendo mi problema. Ellos estaban dispuestos a hacer los sacrificios que yo no estoy dispuesto a hacer. Ellos eran tan torturados, estaban tan arruinados. Yo estoy solo un poco arruinado” (l. 365).
Además de la métrica y la rima, Chowder nos habla de los temas. Hay solo dos. Eros y Tanatos (ah,sí, hablamos de esto en la lectura anterior, sobre la novela de Tusquets): “esas son dos verdades sobre las que debemos seguir pensando para nosotros. Te amo, y todas las personas que conozco y de las que dependo van a llegar al fin de sus vidas y el momento en el que se vayan será totalmente inesperado aún cuando una parte tuya sabía que estaba al caer” (l. 1372). En este sentido, el tema de esta novela es el amor (a la poesía).
Yo creo que para ser poeta aplica lo que dice Bukowski en “So you wanna be a writer” (y no estoy seguro si esto aplica para el prosista). Si te nace no tenés alternativa. Y si te nace, dale ya y dale con todo. Como dice Chowder / Baker: “dale masa inmediatamente. No va a funcionar si te lo guardás en reserva. Empezá diciendo lo que realmente te interesa decir, y el decirlo te va a guiar a la próxima línea, y la otra, y la otra” (l. 240). A Chowder le cuesta más cerrar que empezar. (Quizás otra definición de poesía sea prosa que se abre y no se cierra.) El punto es que “Podés empezar en cualquier lado. Ese es el tema con empezar. Si empezás, estás en movimiento. Si no empezás, no estás en ningún lado. Si parás, no estás en ningún lado” (l. 2030).

Originales de las citas usadas
“What is poetry? Poetry is prose in slow motion.” (l. 162)
“Rhyme taught us to talk.” (l. 1241)
“The tongue is a rhyming fool. It wants to rhyme because that’s how it stores what it knows. It’s got a detailed checklist of muscle moves for every consonant and vowel and diphthong and fricative and flap and plosive.” (l. 1220)
“When you listen to a child cry, he cries in meter.” (l. 680)
“When I look at the lives of the poets, I understand what’s wrong with me. They were willing to make the sacrifices that I’m not willing to make. They were so tortured, so messed up. I’m only a little messed up.” (l. 365)
“those are two truths that we should keep on thinking about for ourselves. I love you, and all the people I know and depend on are going to reach the end of their lives and when they go it’s completely unexpected even when part of you knew it was in the offing.” (l. 1372)
“slam it in immediately. It won’t work if you hold it in reserve. Begin by saying what you actually care about saying, and the saying of it will guide you to the next line, and the next, and the next.” (l. 240)
“You can start anywhere. That’s the thing about starting. If you start, you’re in motion. If you don’t start, you’re nowhere. If you stop, you’re nowhere.” (l. 2030)


lunes, 10 de septiembre de 2018

Otro duelo



Leí También esto pasará, de Milena Busquets, que es algo así como la primera etapa del proceso de duelo de una hija por la muerte de su madre: el libro comienza en el entierro y termina la primera vez que la hija logra, de alguna manera, volver al cementerio donde yace su madre. En un momento el libro me recordó a Didion en The year of magical thinking, pero con mucha menos profundidad emotiva.
El gran tema del libro es, obviamente, el de la muerte. Y aunque el sentimiento más habitual es el dolor - y la nostalgia, que es una forma del duelo - no deja de haber cierto humor. En la primera escena la narradora nos dice: “aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima, con cuarenta años.” (p. 9) La narradora, que escribe muchas veces hablando a su madre, parece dar una versión de la vida signada por la muerte: su padre murió a los 17 y, “desde entonces, los muertos se encadenan, el último eslabón de este macabro collar, que pesa una tonelada, seré yo, supongo.” (p. 42) Toda nuestra vida, nuestra geografía, se ve modificada por la muerte de un ser querido: “Me duelen todos los caminos recorridos con mi madre; la muerte, tan cabrona, nos expulsa de todas partes.” (p. 53) Esta visión se condensa en una discusión con un amigo; él sostiene que la vida se define por lo vivido, lo gozado, y ella le responde: “creo que somos más las cosas que hemos perdido que las que tenemos”. (p. 137)
El otro gran tema de la novela es el sexo. Como Ronaldo y Romario, Eros y Tanatos son una gran dupla ofensiva. Creo que lo que más me gustó del libro es justamente esta mirada femenina sobre el sexo y sobre los hombres. La narradora, Blanca, está rodeada de muchos hombres: dos ex-maridos, un amante casado, un hombre misterioso que le despierta interés, el novio cubano de una amiga con quien coquetea y un viejo amigo que es el catalizador del final de la novela. “Los hombres siempre siempre siempre acaban metiendo la pata” (p. 23) pero Blanca los necesita para hacer frente al duelo; se erotiza aún cuando no quiere (“Hasta el último momento, creo que le voy a dar una bofetada, pero al final mi otro corazón, el que su polla ha invadido, se pone a palpitar y me olvido de todo.” - p. 19) y “La fuerza física de los hombres sólo debería servir para darnos placer, para estrujarnos hasta que no quede ni una sola gota de pena ni de miedo en nuestro interior.” (p. 31)
El duelo es también, o podría llegar a ser también, el cierre de un capítulo de su vida y el comienzo de otro. La narradora no habla mucho de esto. Y acá dudamos de su profundidad, como dudamos un poco también con lo que parece falta de apego hacia aquellos hombres y hacia sus propios hijos. La narradora sí deja anotado por allí que algo le falta para ser verdaderamente adulta: “Me sigue pareciendo raro y un poco absurdo que sea yo la que está al mando de todo esto” (p. 47) dice en un momento; y “Me parece incongruente y extraordinario que un amigo mío sea alcalde, como si todo el mundo tuviese que seguir conmigo en el patio de la escuela” (p. 68) en otro. Pero no dice que, como parece, su madre no la dejó crecer. No sabemos si lo logrará después, como tampoco sabemos si logrará animarse a construir algo más, quizás con el hombre misterioso: en general los hombres “camuflan una reticencia profunda a volver a intentar construir algo que, de todos modos, acabará en ruinas. Y sin embargo cada día ignoro menos el carácter enfermizo de la soledad”. (p. 150)
¿Crece Blanca? Cuando la dejamos, el duelo parece estar bien encaminado, parece que también eso pasará, pero no sabemos si será el comienzo de que se resuelvan esas otras cuestiones o si seguirá siendo la misma Blanca a la que las cosas le pasan.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Pentágono



Leí The Good Soldier, de Ford Madox Ford, de quien siempre quise leer algo porque es mencionado como uno de esos escritores que sólo algunos dicen que hay que leer y porque el nombre (en rigor seudónimo) del tipo es maravilloso.
No me volvió loco, la verdad sea dicha. The Good Soldier relata no un triángulo amoroso sino algo así como un pentágono: dos parejas centrales, la del narrador y Florence (dos americanos) y la de Edward y Leonora (dos ingleses), y una jovencita inglesa. Y lo hace, me parece a mí, para hablar de la curiosa manera de relacionarse de esta gente; Ford, que es inglés, se pone en un narrador americano para hablar de la lejanía emocional, la frialdad de los ingleses de cierta clase social: “a mí, que estaba por horas con ellos, se me aparecían como personas tiernas, ordenadas y devotas, sonreían, se iban en los intervalos adecuados, me llevaban a reuniones: ¡simplemente gente de bien! ¿Cómo carajo - cómo carajo lo hacían?” (l. 2.393) Si la novela se hace un poco artificial, más un juego intelectual de perspectiva de los actores que emocional, es un poco porque esa es la idea que nos quiere transmitir el autor. Y está bien, aunque no sea precisamente divertido ni fácil de darle vida. En una de las escenas finales, cuando dos personas que se aman se despiden para siempre en una estación de tren: “No había en las caras de esas personas ningún tipo de expresión. La señal para la partida del tren era de un rojo muy brillante; esa es la afirmación más apasionada que puedo hacer de esa escena.” (l. 2.991)
Me resultó, sí, muy interesante la construcción de este narrador que va contando, en capas sucesivas, reconstruyendo una historia de trece años; dice al comienzo: “Me voy a imaginar a mí mismo por una quincena o algo así al costado de la chimenea de una cabaña en el campo, con un alma que empatiza frente a mí.” (l. 133) Él mismo se reta y se justifica de cómo va contando la historia yendo y viniendo en el tiempo, como si realmente estuviera sentado contándolo a un amigo: “He contado esta historia, soy consciente, de una manera dispersa por lo que puede ser difícil para cualquiera encontrar su camino a través de esto que bien puede ser un laberinto.” (l. 2.175)
En mi lectura marqué una escena que me pareció genial pero que ahora también encuentro inverosímil. En el pasillo de un hotel tipo spa de esos a los que iban los enfermos de 1910, Leonora se encuentra con la amante de su marido y le pega un coscorrón; al hacerlo, el pelo de la amante queda enganchado en la pulsera de Leonora. Florence, que había presenciado la escena, las ayuda a desenredar. Así se conocen Leonora y Florence, que se hacen amigas, y poco después Florence reemplazará a la golpeada como amante del marido de Leonora. ¿Un poco demasiado, no?
Hay, también, citas que me parecieron interesantes:
“A cada hombre le llega finalmente un momento en la vida en el que la mujer que fije su sello sobre su imaginación lo fija por siempre. No viajará hacia más horizontes; nunca más se pondrá la mochila al hombro; se retirará de esas escenas.” (l. 1.375)
“Supongo que lo que nos mantiene derechos en este mundo a la mayoría, si es que nos mantenemos derechos, es la vanidad.” (l. 1.393)
“el registro de la humanidad es un registro de sufrimientos”. (l. 2.450)

Originales de las citas usadas
“to me who was hourly with them they appeared like tender, ordered and devoted people, smiling, absenting themselves at the proper intervals; driving me to meets—just good people! How the devil—how the devil do they do it?” (l. 2.393)
“There was upon those people's faces no expression of any kind whatever. The signal for the train's departure was a very bright red; that is about as passionate a statement as I can get into that scene.” (l. 2.991)
“So I shall imagine myself for a fortnight or so at one side of the fireplace of a country cottage, with a sympathetic soul opposite of me.” (l. 133)
“For every man there comes at last a time of life when the woman who then sets her seal upon his imagination has set her seal for good. He will travel over no more horizons; he will never again set the knapsack over his shoulders; he will retire from those scenes.” (l. 1375)
“I guess it is vanity that makes most of us keep straight, if we do keep straight, in this world.” (l. 1.393)
“the record of humanity is a record of sorrows” (l. 2.450)

lunes, 27 de agosto de 2018

Embajador

Manu Ginobili fue, sin lugar a dudas, el mejor basquetbolista argentino de la historia. Y sin duda está entre los mejores deportistas argentinos de cualquier disciplina; en qué lugar no importa, la discusión no tiene sentido, pero que está ahí arriba con los más grandes no hay dudas.
Como bien dice JeffMcDonald en este artículo del San Antonio Express, que algún diario argentino debería conseguir permiso para publicar (el que lo haga, yo se lo traduzco gratis), Manu no será el mejor jugador de la historia de San Antonio; ese, claramente, es Tim Duncan; pero sí el más querido y el más distinto. Nunca habrá alguien como él, dice Jeff, y tiene razón.
Tuve la suerte y la claridad mental y la locura de ir a verlo unas cuantas veces. La primera vez que fui escribí esto, de lo cual no estoy muy orgulloso. Pero ese artículo llegó a los ojos de Jane Anne Craig, maestra de escuela texana jubilada y fanática de los Spurs y de Manu. Jane me escribió y me dijo: la próxima vez que vengas chiflá. Volví, chiflé, y ella me metió en la fila para el autógrafo. Cuando Jane me dijo que me acercara a Manu para una foto, él me miró y me preguntó “¿estás con ella?” y después le dijo a ella “she’s the ambassador from Argentina”.

Foto de Jane Anne Craig (@janieannie)

Jane – gracias Jane, por mí y por las decenas de argentinos a quienes ayudaste – es un ejemplo de algo muy fuerte en San Antonio: es gente muy amable, que te hace sentir como en casa, los Spurs son una familia, dice Jane. Un poco por eso, hoy tengo como amigo en Facebook a J. Sanford, el que hacía de la voz del estadio en San Antonio. Y un poco por eso tengo esta foto que sigue: la última vez que fui a San Antonio, Jane me presentó a Tony Morano, un fotógrafo que trabaja para los Spurs. Hablamos un rato con Tony, le conté que me gusta la fotografía y que después del partido me iba para un parque nacional a sacar fotos. Después vino Manu, nos pusimos a hablar y Tony sacó esta foto y me la mandó. (Sí, ya sé, parece que estoy enamorado pero me la banco y la subo igual.)

Foto de Tony Morano.

Manu es el Spur más querido, además de por su juego impresionante y creativo, porque es el último boy scout: todos dicen que es un gran compañero, gran esposo, gran padre. Como dice McDonald en ese artículo, si hay un premio que Manu debió haber ganado y no ganó es el Magic Johnson, el premio al que mejor atiende a la prensa. Y si lo hubiera, también al que mejor atiende a sus fans: como me decía Jane, los argentinos podemos ser un poco intensos, y “ese hombre es un santo”. Como quedó perdido en la anécdota de la foto de arriba, ese día Manu me vino a saludar a mí. Ya nos habíamos saludado un par de días antes y ese día no lo quería molestar porque era un partido chivo, pero el vino solito a charlar conmigo.
Una anécdota que pinta entero cómo fue Ginobili con sus hinchas ocurrió la vez que fui a un partido con hija#1. Ella no sabía mucho quién era Manu, pero ahí estábamos, haciendo cola esperando que apareciera para firmarle una remera. Y de pronto se escuchó “¿hay alguien de Argentina por acá?”. Era Manu; hija#1 saltaba para tratar de llamar la atención y decía “yo, yo”, y Manu seguía “¿dónde, dónde?” haciendo que buscaba a alguien con la mirada, e hija#1 seguía “yo, yo”, hasta que Manu se empezó a reír, se acercó a ella y le firmó la remera. Miles de argentinos lo vieron en San Antonio y en muchas otras ciudades y siempre estuvo, siempre respondió. No es fácil. 

Foto: Instagram de San Antonio Spurs.

Aunque hay argentinos difíciles, como decía Jane, la embajadora argentina a San Antonio, Manu siempre mostró la mejor versión de nosotros mismos; como dice Perantuono acá, es el argentino que queremos ser: competitivo pero honesto, creativo pero jugador de equipo, amable, inteligente. Su retiro le va a quitar visibilidad, pero no dudo que seguirá siendo un gran embajador para los argentinos. Siempre le estaré agraecido por las alegrías deportivas - el zapallazo contra Serbia, todo Atenas, Indiannapolis, la volcada contra Bosh en la final de 2014... - y por lo bien que se portó siempre personalmente conmigo, pero sobre todo por esa capacidad de representar sin buscarlo mucho de lo mejor que tenemos los argentinos.

Democracia de hombres blancos



Leí What Hath God Wrought: The transformation of America, de Daniel Walker Howe. Es el volumen de la Oxford History of the U.S.A. correspondiente al período 1815-1848; como el período anterior, es un sánguche de muchas cosas con tapas de dos guerras: en el período anterior las tapas son las guerras de independencia y la guerra de 1812 (ambas contra Gran Bretaña), y en el actual la de 1812 y la guerra con México que termina en 1848. Con esta lectura concluyo así el período 1763-1896, o sea, básicamente el primer siglo de vida de este curioso experimento. (Los anteriores fueron The Glorious Cause, 1763-1789, Empire of Liberty, 1789-1815, Battle Cry of Freedom, 1848-1865 y The Republic for which it stands, 1865-1896.)
¿Qué pasó entre 1815 y 1848 en la historia de EE.UU.? Lo primero que salta a la vista mirando un mapa es la impresionante extensión territorial hacia el sudoeste (en detrimento de los nativos), anexando Florida (en detrimento de los españoles), Texas, Nuevo México y California (en detrimento de México) y lo que son hoy los estados de Washington y Oregon en el noroeste (en acuerdo con Gran Bretaña). Acá te lo cuentan con mapas. Desde ya, no fue casualidad ni (únicamente) el resultado de inocentes migrantes en busca de tierra: “como todos los imperios, el americano requirió para llegar a existir de deliberación consciente y de acción gubernamental enérgica para lidiar contra reivindicaciones de propiedad rivales. La política de poder, la diplomacia y la guerra fueron tan parte del ‘destino manifiesto’ de los EE.UU. como las carretas cubiertas.” (p. 707)
El segundo tema importante del período está muy relacionado con la extensión territorial: este es el período en el que se cimentó el racismo en EE.UU. Hasta esta época, la esclavitud era considerada una “institución peculiar” destinada a desaparecer más o menos naturalmente. Con la llegada del algodón como parte de la gran revolución industrial que comenzaría a tomar fuerza surgió la necesidad de ampliar la esclavitud en el sur y hacia el oeste; y, por lo tanto, apareció una defensa ideológica de la institución basada en el racismo. Esto se relaciona con la extensión territorial al menos de tres maneras. Por un lado, el racismo justifica el exilio forzado / genocidio de los nativos que ocupaban tierras que podían ser ocupadas por el algodón. En segundo lugar, una ideología racista (y un partido político nacido en esta época) justifica la idea de la extensión territorial y el “destino manifiesto”: “La supremacía blanca se mantuvo como central a la Democracia Jacksoniana durante todo el segundo sistema de partidos (...) Prácticamente todos los aspectos de la visión política Demócrata apoyaban la supremacía blanca y la esclavitud de una u otra manera” (p. 510). Finalmente, la extensión territorial hacia el Oeste suma tensión a la división entre Norte y Sur, entre la sección esclavista y la no esclavista: ¿se permitirá o no la esclavitud en los nuevos territorios ocupados? En esta cuestión está uno de los gérmenes de la Guerra Civil.
En tercer lugar, “la religión cristiana continuó siendo un elemento de magnitud imponderable en la vida y pensamiento americanos, simultáneamente progresista y conservador.” (p. 836) Lo que se se llama el “segundo gran despertar” religioso produjo, además de un gran resurgimiento religioso, “un libre mercado en materia religiosa” (p. 172). La religión está presente en todo: en la idea de la supremacía blanca pero también en el abolicionismo y en otras campañas morales (contra el alcohol, por los derechos de la mujer, etc.); en la idea de progreso económico y social y en un concepto central al período que es el de mejora. Contra la visión demócrata de la extensión territorial se oponía una visión Whig de mejora cualitativa de los territorios bajo control a través de obras de infraestructura patrocinadas por el Estado federal. Los demócratas no sólo se oponían porque preferían extender el territorio sino porque querían mantener débil al Estado federal frente a los estados, en gran medida en defensa de la esclavitud, y por eso el Sistema Americano que proponía Henry Clay (un gran proyecto de infraestructura e institucional) sólo fue implementado en pequeñas partes. Y el concepto de mejora, que también llegaba a lo personal, tenía una connotación religiosa y moral. “Ya fuera individual o colectiva, la palabra ‘mejora’ tenía un sigificado moral además de físico; constituía una obligación, un imperativo. Muchos americanos, rurales y urbanos, pobres o de clase media, abrazaron la ética de la mejora material e intelectual.” (p. 244)
Finalmente, todo esto se da en el marco de una economía en expansión sobre todo porque agregaba factores de producción (tierra y trabajo). Pero también porque comenzaba a tomar impulso la revolución industrial; y porque durante el período comienza la doble revolución del transporte y las comunicaciones: “mejor transporte y comunicaciones facilitaban no sólo el movimiento de bienes e ideas sino también la libertad personal individual.” (p. 242) Para nosotros, que vivimos en un mundo sin distancia, es muy difícil entender en su debida magnitud el tremendo efecto del ferrocarril y del telégrafo en la guerra contra la "tiranía de la distancia". Es un período de crecimiento económico pero sin una mejora tan clara de la calidad de vida (bajan tanto la expectativa de vida como la altura promedio de la gente) y con crisis fuertes en 1819 y con una depresión entre 1837 y 1843. Pero la triple revolución (industrial, de transportes y de comunicaciones) iba a llevar a cierta centralización, a la creación de un mercado nacional y, en última instancia, a una definición sobre el gran tema pendiente, el de la eslavitud, que se daría en el período siguiente con mucho sufrimiento:
“La identidad nacional americana había resistido crisis, su economía se había recuperado de diversos pánicos y su sistema político había manejado exitosamente repetidas transferencias de poder en paz. El surgimiento de partidos políticos de masas y la votación popular de electores presidenciales probó ser compatible con la estabilidad e hizo a la república de varones blancos incrementalmente más democrática. Pero la supremacía de los varones blancos aún prevalecía en todos lados.” (p. 836) Como muestra la historia americana desde entonces, la resolución de la cuestión de la esclavitud en el período subsiguiente no acabaría, ni mucho menos, con el procesamiento del racismo que se consolidó en este período para justificarla.

Originales de las citas usadas
“like all empires, the American one required conscious deliberation and energetic government action to bring it into being, to deal with previous occupants and competing claims to ownership. Power  politics, diplomacy, and war proved as much a part of America’s “manifest destiny” as covered wagons”. (p. 707)
“White supremacy remained central to Jacksonian Democracy throughout the second party system (…) Virtually every aspect of the Democratic political outlook supported white supremacy and slavery in particular one way or another”. (p. 510)
“the Christian religion remained an enduring element of imponderable magnitude in American life and thought, simultaneously progressive and conservative”. (p. 836)
“America enjoyed a free marketplace in religion”. (p. 172)
“Whether individual or collective, the word “improvement” had a moral as well as a physical meaning; it constituted an obligation, an imperative. Many an American, rural as well as urban, poor as well as middle-class, embraced the ethos of material and intellectual improvement.” (p. 244)
“improved transportation and communications facilitated not only the movement of goods and ideas but personal, individual freedom as well.” (p. 242)
“America’s national identity had weathered crises, its economy had recovered from panics, and its political system had successfully managed repeated peaceful transfers of power. The rise of mass political parties and popular voting for presidential electors had proved compatible with stability and made the white male republic incrementally more democratic. But white male supremacy still prevailed everywhere.” (p. 836)