martes, 19 de agosto de 2014

El lugar de la esperanza


Adichie, C.N., "The Thing Around Your Neck", 
Fourth Estate, Londres, 2009


Leí The Thing Around Your Neck, libro de cuentos de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. No me volvió loco, pero me gustó lo suficiente como para terminar todo el libro (y sin intercalar otro libro en el medio).
Los cuentos son de mucho contenido social y político: sobre el colonialismo, cuestiones de género y sexualidad, la emigración y la política interna de Nigeria (conflictos étnicos, etc.) Sólo uno de los cuentos ("Tomorrow Is Too Far") está totalmente separado de todas estas cuestiones, y podría ser escrito igual en un lugar que no fuera África con personajes que no fueran africanos; en los demás juegan siempre un papel especial estas cuestiones sociales o políticas. Coincidentemente, creo que es el cuento que más me gustó, más allá de que personalmente para mí hay mucho valor en aprender de esas cuestiones. Del otro lado, el cuento que cierra el libro, "The Headstrong Historian", es el menos literario de todos, tiene una intención política anti-colonial clara y directa. (Y es probablemente el que menos me gustó.) En otros, como "Jumping Monkey Hill", la posición política viene mejor empaquetada en un relato. En ese cuento, una institución inglesa invita a un grupo de escritores africanos a un taller de intercambio en un hotel lujoso en Sudáfrica. Los invitados son los únicos huéspedes negros y el coordinador del grupo, un viejo académico inglés, les decía a los escritores africanos qué era "literatura africana" y qué no.
Un tema muy interesante es el cruce de culturas. La primera oración del libro, por ejemplo, ya muestra como las clases acomodadas y occidentalizadas de África están, como las latinoamericanas, unidas por el consumo con las de los países desarrollados: "La primera vez que robaron en nuestra casa fue nuestra vecina Osita, quien se trepó por la ventana del comedor y se robó nuestra TV, nuestro VCR y los videos de Purple Rain y de Thriller que mi padre había traído de Estados Unidos." (p. 3) En muchos de los cuentos hay personas y familias nigerianas que van o vienen de EE.UU.; Kamara, que trabaja de baby-sitter para un abogado y una artista "había llegado a entender que ser padre en Estados Unidos era hacer malabares de ansiedades y que eso venía del hecho de tener demasiada comida". (p. 82)
Ligado a lo anterior, hay algo ahí para explorar de la literatura de inmigración, la literatura americana y la cuestión de la esperanza. La literatura americana es, en buena medida, la literatura de los sueños rotos, de promesas incumplidas: como en ese final de Gatsby, en Flannery O'Connor o en Cormac McCarthy. En este libro de cuentos no parece haber esperanza para Nigeria o para África, pero sí para los que logran emigrar. Para Nkem, la protagonista del cuento "Imitation", "Una de las cosas que ha llegado a amar de Estados Unidos es la abundancia de esperanzas irrazonables." (p. 26) Al mismo tiempo, la emigración es costosa y sobre todo incierta. En quizás la mejor metáfora del libro, Akunna, quien está sobreviviendo en Estados Unidos después de evitar un intento de violación de un tío, empieza a salir con un americano. "Al día siguiente, te llevó a cenar a Chang's y tu galletita de la fortuna tenía dos tiritas de papel. Ambas estaban en blanco." (p. 121) Me da la impresión de que la esperanza, aunque sea en medio de la incertidumbre, tras ser expulsada de la literatura americana encontró algún espacio en la literatura inmigrante.

Originales de las citas usadas
"The first time our house was robbed, it was our neighbor Osita who climbed in through the dining room window and stole our TV, our VCR, and the Purple Rain and Thriller videotapes my father had brought back from America." (p. 3)
"It is one of the things she has come to love about America, the abundance of unreasonable hope". (p. 26)
"She had come to understand that American parenting was a juggling of anxieties and that it came with having too much food". (p. 82)
"The next day, he took you to dinner at Chang's and your fortune cookie had two strips of paper. Both of them where blank." (p. 121)

lunes, 11 de agosto de 2014

Fuera de tiempo

Nick Hornby, Slam, Penguin, 2010 (2007).

Los peores libros de Nick Hornby son buenísimos. Slam está claramente lejos de High Fidelity, About a boy o Fever Pitch, pero está buenísimo igual. (Libros de Hornby comentados en el blog: How To Be Good, Juliet, Naked, A Long Way Down y Fever Pitch). Hornby se mete en el tema del embarazo adolescente no desde la teorización sino contando una historia y desde el discurso de Sam, un pibe de 16 que embaraza a la novia.
El primer gran logro es justamente ese, el discurso. En unas 300 páginas de prosa rápida y divertida, en sólo un momento dudé de una palabra, de si una palabra específica cabría en el lenguaje de este chico. Es realmente notable cómo Hornby logra escribir desde ese personaje sin salirse nunca de esa voz. Ligado con esta cuestión está la visión propia de un chico; hay un capítulo dedicado al parto y otro a los primeros días de vida donde queda bien claro lo poco natural que es todo eso, lo extraño que resulta, sobre todo para un varón joven.
El libro es una novela y no un ensayo, así que no tiene una conclusión. Pero claramente nos encontramos una y otra vez con la idea de que esos chicos no están donde tienen que estar, no están viviendo lo que tienen que vivir, que están fuera de tiempo. Hornby está cerca de juzgar pero no lo hace, sólo deja flotando el concepto del drama. "La verdad es que lo que necesitábamos era un padre o una madre, no un pibe." (p. 226)
La adolescencia es en gran medida esa vulnerabilidad; ese lugar mixto de deseos adultos y juicio errático que deja a los chicos tantas veces cerca de la tragedia. "Lo que me parece increíble es que podés mantenerte lejos de problemas por más o menos todos los minutos de tu vida salvo por quizás cinco segundos, y esos cinco segundos te pueden meter casi en el peor problema de todos". (p. 58) Y como si eso fuera poco, los efectos son perdurables: "La historia de mi familia (...) es siempre la misma historia una y otra vez. Alguien - mi mamá, mi papá, mi abuelo - empieza pensando que les va a ir bien en el colegio, y de ahí a la universidad, quizás, y después hacer torta de guita. Pero en vez hacen algo estúpido, y se pasan el resto de sus vidas tratando de compensar por el error que cometieron." (p. 12)
El libro te emociona por momentos, te hace reír en cada página y te regala cada tanto una de esas metáforas llenas de humor de Hornby; como cuando compara una discusión de sus padres con una carrera de 10.000 metros: "Dan vueltas y vueltas, y hay un pedacito en cada vuelta en que pasan justo frente a vos, y estás realmente cerca. Pero después vuelven a desaparecer en la curva y se fueron." (p. 151) Sin estar dentro de lo mejor de Hornby, el libro divierte mientras te muestra una cuestión que está lejos de ser divertida.

Originales de las citas usadas
"The truth was, we needed a parent, not a kid." (p. 226)
"What's incredible to me is that you can keep out of trouble pretty much every minute of your life apart from maybe five seconds, and that five seconds can get you into the worst trouble of all, just about. It's amazing, when you think about it." (p. 58)
"The story of my family, as far as I can tell, is always the same story, over and over again. Someone - my mum, my dad, my grandad - starts off thinking that they're going to do well in school, and then go to college, maybe, and then make pots of money. But instead they do something stupid, and they spend the rest of their lives trying to make up for the mistake they made." (p. 12)
"Sometimes, listening to my mum and dad talking was like being a spectator in a stadium when people are running the 10,000 metres in the Olympics. They go round and round and round and round, and there's one bit each lap where they pass right in front of you, and you're really close to them. But then they disappear off round the bend and they're gone." (p. 151)

miércoles, 6 de agosto de 2014

Si me encuentran muerto

Flannery O'Connor, Complete Stories, Faber and Faber, 1971

Flannery O'Connor es, un poco como Sherwood Anderson, una escritora más leída y comentada por escritores que conocida por el público más amplio. Es una pena, porque es una obra notable. O'Connor combina temas bien sureños (el conflicto racial, el racismo, la tensión entre lo urbano y lo rural, el cambio social, las diferencias entre Norte y Sur) con un estilo típico de la literatura americana: no importa lo duro que pueda ser el tema, O'Connor toma distancia y lo cuenta clínicamente, sin juzgar, mostrando la situación, con un lenguaje directo y seco.
O'Connor nos trae una literatura muy social; pinta con relatos de gente común cuestiones más profundas de la sociedad americana, quizás como John Dos Passos. Otra conexión entre ellos es la manera de escribir en los diálogos los diferentes acentos de una sociedad diversa, que Dos Passos hace maravillosamente en Manhattan Transfer. Un ejemplo en O'Connor: "Won't no nigger for hunnert miles could smell like he could" (p. 31); que escrito correctamente sería algo así como "There wasn't a nigger for a hundred miles that could smell like he could". (O'Connor, 1925-1964, usa "Negro", pero sus personajes no sólo son previos a la corrección política sino también a Martin Luther King y usan "nigger" regularmente.)
El primero y el últimos de los Cuentos Completos ("The Geranium" y "Judgement Day") son buenos ejemplos y además muy similares entre ellos. En ambos casos son dos viejos sureños y blancos que terminan viviendo con una hija en Nueva York, fuera de su hogar. En el primero, el viejo Dudley se sentía "atrapado en este lugar donde los negros te podían llamar 'veterano'" (p. 13), en una ciudad donde las razas conviven demasiado cerca: "Rodaban por la calle y bajando escalones y subiendo a trenes - blanco y negro y amarillo todo mezclado como en una sopa de vegetales." (p. 7) En "Judgement Day", seguramente una reescritura del anterior, el viejo Tanner se da cuenta de que no quiere ser enterrado en esa ciudad (en parte, también, porque un actor negro se muda al departamento de al lado y no le muestra el respeto que él cree merecer). El viejo, muy disminuido físicamente, emprende el camino de vuelta al sur con una nota en su traje: "SI ME ENCUENTRAN MUERTO ENVIAR PAGO REVERTIDO A COLEMAN PARRUM, CORINTH, GEORGIA" (p. 531).
En el medio se repiten los tópicos mencionados. Gente fuera de lugar en medio del cambio social: hay "arribistas que habían dado vuelta los hábitos de una vida decente" (p. 135); "el mundo viejo murió", dice sencillamente Julian en "Everything That Rises Must Converge" (p. 419). El encuentro no siempre violento entre personas híper-religiosas y otras sin Dios. La maldad inesperada (bien ejemplificada en "A Good Man is Hard to Find" y en "Good Country People"), etc. La maldad típicamente viene de lo moderno y de la ciudad ("Detrás, a la distancia, la ciudad se erguía como un puñado de verrugas en la ladera de la montaña." - p. 165); y están especialmente expuestas a ella una gran cantidad de mujeres solas que aparecen a lo largo del libro.
También, finalmente, hay cuentos sobre la futilidad de las buenas intenciones. En "The Lame Shall Enter First", Sheppard descuida a su hijo intentando rescatar a un chico del reformatorio y todo termina mal. En "The Partridge Festival", dos jóvenes intentan defender a un hombre acusado de loco por atacar el festival del pueblo pero terminan siendo víctimas de su violencia. En ese cuento hay una reflexión sobre el arte, tópico casi ausente en O'Connor: dice el joven Calhoun que para defender al loco no basta un artículo, sino que "Tendría que escribir una novela; tendría que mostrar, no decir, cómo operaba la injusticia primaria." (p. 432) El "show, don't tell" de la literatura americana (desde Hemingway a Carver), en una simple oración. Tampoco hay muchos artistas, aunque sí un personaje con aspiraciones: "No tengo imaginación. No tengo talento. No puedo crear. No tengo nada más que el deseo por estas cosas. ¿Por qué no mataste eso en mí también?" (p. 364).
Leer los 31 cuentos y 500 páginas de principio a fin es un desafío, pero algunos de estos cuentos son imperdibles. Recomiendo especialmente "A Good Man is Hard to Find", "The Displaced Person", "Everything That Rises Must Converge" y "Judgement Day": vale la pena leerlos antes de que nos encuentren muertos como al viejo Tanner.


Originales de las citas usadas  
"He was trapped in this place where niggers could call you 'all-timer'." (p. 13)
"They rolled off the street and down steps and into trains - black and white and yellow all mixed up like vegetables in a soup." (p.7)
"IF FOUND DEAD SHIP EXPRESS COLLECT TO COLEMAN PARRUM, CORINTH, GEORGIA" (p. 531)
"It was just all the upstarts who had turned the ways of decent living." (p. 135)
"Behind, in the distance, the city rose like a cluster of warts on the side of the mountain." (p. 165)
"the old world is gone". (p. 419)
""He would have to write a novel; he would have to show, not say, how primary injustice operated." (p.432)
"I have no imagination. I have no talent. I can't create. I have nothing but the desire for these things. Why didn't you kill that too? Woman, why did you pinion me?" (p. 364)

lunes, 7 de julio de 2014

Pertenecer


"Primero, voy a contar sobre el robo que cometieron mis padres. Después sobre los asesinatos, que pasaron después." Así empieza Canadá, de Richard Ford. Una pareja de mellizos de 15 años, un varón (Dell) y una mujer (Berner), pasan de vivir en una familia normal a tener a sus padres en la cárcel. Uno sigue el camino que le marca la madre, la otra elige el propio; ambos tienen problemas y desarrollan sus vidas como pueden.
Uno de los grandes temas del libro es la difusa frontera entre el bien y el mal, o la normalidad y el caos. "Es mejor ver nuestra vida y las actividades que le dieron fin como dos lados de una cosa que deben ser consideradas en la mente simultáneamente para comprender correctamente - el lado que era normal y el lado que era desastroso. Uno tan cerca del otro." (p. 32) "El preludio a cosas muy malas puede ser ridículo (...) pero también puede ser común y corriente. Lo que vale la pena ser reconocido, dado que indica dónde se originan muchos eventos malos: desde una distancia de apenas una pulgada de las cosas de todos los días." (p. 360)
Y esos pequeños eventos, esos pequeños deslizamientos fuera de la normalidad ("Los eventos que cambian una vida muchas veces no parecen ser lo que son" - p. 228) pueden ser interpretados como parte del destino o como algo que nos pone frente a la necesidad de elegir. ¿Hay destino, hay libertad o el destino es el carácter, la personalidad? "Si había un diseño oculto, vivir nunca lo iluminó. Mucho más fácil es pensar en el ajedrez - el verdadero carácter de las piezas permaneciendo siempre como fue previsto, un poder superior moviendo todo alrededor." (p. 202)
El tercer tema es otra frontera, aquella entre pertenecer y adaptarse, y el camino que toma el narrador es el de adaptarse en busca de la normalidad. "Mi arrogancia es 'cruzar una frontera'; adaptación, desarrollo desde una forma de vida que no funciona hacia una que sí. También puede ser sobre cruzar una línea y nunca más poder volver." (p. 395) Los tres temas son como la trama de una vida, que tiene sentido para el que la vive, para el que la cuenta: "pensá lo cerca que está el mal de las cosas normales que no tienen nada que ver con el mal. A través de todos estos eventos memorables, la vida normal era lo que yo estaba intentando preservar para mí. Cuando pienso en esos tiempos (...) es todo de una pieza, como una partitura con movimientos, o un rompecabezas, donde yo estoy intentando restaurar y mantener mi vida en un estado entero y aceptable, más allá de las fronteras que crucé. Sé que soy sólo yo el que hace esas conexiones. Pero no intentar hacerlas es condenarse a uno mismo a las olas que te tiran y te estrellan contra las rocas de la desesperanza." (p. 386)
Esos chicos ahí tirados construyen una vida. En una vida, en cualquier vida, todo puede pasar. Porque "Es un misterio cómo somos. Un misterio." (p. 71) Y porque "cualquier cosa puede seguirse de cualquier cosa." (p. 316) Por eso: "Lo intentamos, como dijo mi hermana. Lo intentamos. Todos nosotros. Lo intentamos." (p. 418)

Originales de las citas usadas
"If there was a hidden design, living never shed light on it. Much easier to think about chess - the true character of the men always staying the way they were intended, a higher power moving everything around." (p. 202)
"It's best to see our life and the activities that ended it, as two sides of one thing that have to be held in the mind simultaneously to properly understand - the side that was normal and the side that was disastrous. One so close to the other." (p. 32)
"The prelude to very bad things can be ridiculous (...) but can also be casual and unremarkable. Which is worth recognizing, since it indicates where many bad events originate: from just an inch away from the everyday." (p. 360)
"Life-changing events often don't seem what they are." (p. 228)
"My conceit is "crossing a border"; adaptation, development from a way of living that doesn't work towards one that does. It can also be about crossing a line and never being able to come back." (p. 395)
"think how close evil is to the normal goings-on that have nothing to do with evil. Through all these memorable events, normal life was what I was seeking to preserve for myself. When I think of those times (...) it is all of a piece, like a musical score with movements, or a puzzle, wherein I am seeking to restore and maintain my life in a whole and acceptable state, regardless of the frontiers I've crossed. I know it's only me who makes this connections. But not to try to make them is to commit yourself to the waves that toss you and dash you against the rocks of despair." (p. 386)
"It's a mystery how we are. A mystery." (p. 71)
"anything at all can follow anything at all." (p. 316)
"We try, as my sister said. We try. All of us. We try." (p. 418)

miércoles, 25 de junio de 2014

Cobertura mundialista

Ayer se despidió Inglaterra del Mundial y con ella mi cobertura para el blog de Garrincha. Acá dejo mis tres crónicas de los tres partidos de los tres leones. La cobertura en el blog de Garrincha sigue: pasen y vean.

Ups and downs
(14/06/2014: Inglaterra 1 - Italia 2)

Unas horas antes del partido pasé por Manaos. Por arriba de Manaos, a 36.000 pies, en un Airbus de la aerolínea de bandera. Me sentí tan argentino, partiendo a Brasil por el medio desde el aire, que me dieron ganas de comer dulce de leche. Mientras pasaba por ahí imaginé la sombra de nuestro avión en la selva, como un mosquito, pequeño para los estándares locales, y pensé en el pobre Steven Gerrard, tan lejos de la ciudad de los Beatles, y me acordé de Fitzcarraldo. Bah, de las imágenes de Fitzcarraldo que recordé de las cosas que me dijeron de esa película, porque nadie normal la vio y yo soy normal. Soy re normal.
Finalmente bajé, en el gran país del norte. Hice migraciones, busqué mi valija, pasé aduana, hice check-in para mi vuelo de conexión, corriendo corriendo porque no llego, porque estoy justo, y cuando llegué a la puerta resultó que el vuelo estaba retrasado. En el bar de al lado estaba empezando el partido y entonces eso que parecía tan malo, tener que esperar, resultó bueno, porque puedo ver el partido, me dije. Y qué mejor lugar para ver un partido del Mundial que un aeropuerto, eso que alguna de esas personas re profundas llamaron un no-lugar. El Mundial tiene algo artificial también, un empaquetamiento de emociones desplazadas, la identidad del barrio mutada, empaquetada, marqueteada. Lo bajo del barrio, de Anfield, de Stanford Bridge, de Tottenham, convertido en lo alto de la FIFA. En el camino de abajo a arriba se pierde algo de alma, como una chica de Nebraska al llegar a Hollywood.
Mientras tanto, van 33 minutos, y los equipos suben y bajan en bloque. Los ves a todos en el mismo plano (salvo al arquero del equipo que ataca), bien compactos. Y desde que empecé a escribir este párrafo vino el gol de Italia (Marchisio tras gran jugada de Pirlo, que la dejó pasar) y el empate de Inglaterra, England, by Sturridge, tras centro de Rooney. Las emociones subieron y bajaron y escuché el llamado a mi vuelo justo después de que terminara el primer tiempo. Durante el segundo voy a volver a estar arriba, cruzando el Golfo de México en camino a Houston, pero no hay problema. Pase lo que pase, el fútbol siempre será esto, los altos y bajos, lo alto y lo bajo.


By George
(19/06/2014: Inglaterra 1 - Uruguay 2)

Oh sweet Georgia pie. Nosotros, los ingleses, conquistamos medio mundo y le pusimos nombres a muchas partes. Llegamos hasta este continente incontenible e hicimos colonias como esta y las nombramos como quisimos. A este le pusimos el nombre de nuestro rey y de nuestro santo, el que mataba dragones. Hace calor en Georgia y son las tres de la tarde. El Sticky Fingers Smokehouse está casi vacío y la rubia gordita de la barra me quiere hacer comer o tomar cosas. Sweet Georgia pie pido, porque hay una canción, mientras el juez le perdona la vida a Godín y nosotros, que somos caballeros ingleses, no protestamos. The pound sterling es una medida de plata, y este Sterling (que no es Roger) es la medida del fútbol de Inglaterra. Sterling y Rooney contra el mundo, con algo de Sturridge on the side, como un bowl de porridge, pero qué calor, no acá, no hoy. Metemos un cabezazo en el palo y tenemos un par de situaciones pero no entra y Cavani hace un jugadón y Suárez, el que juega en Liverpool, deja a Joe Hart a contrapié y a Inglaterra con un pie afuera.
Nos queda un tiempo y estoy solo en la barra. Cada tanto pasa la gordita y me pregunta si quiero algo más. Simpática la rubia. Estoy solo como el pobre Joe Hart en nuestro arco, que los uruguayos empiezan a cascotear con más calidad que fiereza. Oh England, England, nosotros que nombramos las cosas e inventamos el juego, England. La rubia se llama Brittany: a ella también le pusimos nosotros el nombre, los británicos, que conquistamos todo pero ya no podemos ni en los deportes que nosotros mismos inventamos. Y ahí va Rooney, tira el segundo caño de la tarde, como si fuera sudamericano, rioplatense, y Muslera empieza a hacerse grande hasta que la metemos, al fin, centro de Johnson y gol de Rooney. Pero de nuevo, como contra Italia, llega la desilusión porque no puede haber final feliz para Inglaterra y Suárez mete el segundo. Son las cinco y empiezan a llegar los gringos para la cena en el Sticky Fingers. Terminó el partido y yo solo, acá, en la barra vacía. La rubiecita se fue y yo salgo al calor de Georgia. Saint George nos abandonó y un millón de dragones vomitan su fuego sobre nuestras espaldas.


Despedida
(24/06/2014: Inglaterra 0 - Costa Rica 0)

Me fui a Gibraltar, no a la roca sino a un pub, a ver un partido que más que partido era una despedida, la nuestra, la de Lampard, la de Gerrard. Caminando por el empedrado de San Telmo en mi cabeza sonaba la introducción de "I did it my way", pero en la versión decadente de los Sex Pistols: "And now, the end is near / And so I face the final curtain" dice Sid Vicious.
No era el final que esperábamos, no. Tan inesperado que tuve que ir a un pub inglés porque a nadie le importaba este partido. Hasta en Gibraltar estuvimos relegados: como si en la roca fueran primero los gallegos, en la tele grande de adelante pusieron Italia-Uruguay y nosotros quedamos atrás en la tele chiquita. (Me agarró tortícolis por mirar hacia arriba.) Un inglés me invitó a sentarme a su mesa mientras en la de al lado miraba nervioso el único costarricense de Buenos Aires, envalentonado por su equipo.
Pudimos haber ganado hoy. Sturridge tuvo una, dos, tres, cuatro oportunidades, pero no entró. Los ingleses alrededor se rieron cuando vieron a uno de ellos mostrando un cartel desde la cancha: "Pasajes £1.200, Entradas £1.200, Alojamiento £2.000. Ver el partido ya eliminados: no tiene precio". Así nos despedimos, con humor, riéndonos de nosotros mismos, de nuestra impotencia. "What's the difference between England and a tea bag?", preguntaban por las redes sociales: "a tea bag stays in the cup longer." Y nos reímos pensando en la bolsita ya casi seca y fría, como una pequeña pijiita después de mucho tiempo en la pileta, a shrivelled up penis.
Así llega nuestro final, nuestro telón tan lejos de la final y nos vamos con la tristeza de no haberlo hecho a nuestra manera, no como Frank, no como Sid. Nos pusimos a tocar como si fuéramos latinoamericanos, tiramos caños en vez de centros, jugamos 4-2-3-1 como España. Tomamos una pinta más, reímos hacia afuera manteniendo la compostura, como hacemos los ingleses, con la frente en alto, y mascullamos que extrañamos el four-four-fucking-two antes de salir de la puerta del bar y olvidarnos de toda esta mierda por cuatro años.