martes, 17 de octubre de 2017

Citas




Hace unos años, en una librería en Houston, Texas, me encontré un librito con escritos de Lincoln. Estaba barato, lo compré, y cuando llegué a Buenos Aires lo dejé en la mesa de luz por años. Cada tanto leía y releía el discurso más famoso de la historia, el discurso de Gettysburg con sus 272 palabras, y lo volvía a dejar ahí. Hace unas semanas, hija#3 me dijo que tenía que leer una biografía de Lincoln así que busqué el librito y le leí el discurso de Gettysburg. Cuando terminé me dijo: “sos un pesado pero te quiero igual”, lo que no deja de ser lindo, creo. El punto es que me asumí pesado y me puse a leer todo el libro y entonces me di cuenta de que sé mucho menos de la Guerra de Secesión de lo que me gustaría, así que ahora estoy con eso. La próxima reseña seguramente será sobre The Battle Cry of Freedom, de James McPherson. Mientras tanto, acá van algunas citas de Lincoln.

“that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth.” / “que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparezca de la tierra”. (Gettysburg Address; p. 2; 1863)
“As a nation of freemen, we must live through all time, or die by suicide.” / “Como una nación de hombres libres, debemos vivir por todos los tiempos o morir por suicidio”(Address before the Young Men’s Lyceum of Springfield, Illinois, 1838. p. 4)
“Let reverence for the laws (...) become the political religion of the nation”. / “Que la reverencia a las leyes (…) se convierta en la religión política de la nación”(Address before the Young Men’s Lyceum of Springfield, Illinois, 1838, p. 10).
“Is it unreasonable, then, to expect, that some man possessed of the loftiest genius, coupled with ambition sufficient to push it to its utmost stretch, will at some time, spring among us? And when such a one does, it will require the people to be united with each other, attached to the government and laws, and generally intelligent, to successfully frustrate his designs.” / “¿Es acaso poco razonable, entonces, esperar que algún hombre de la más encumbrada genialidad, asociada con una ambición tan grande que lo lleve a empujarla a su máxima posibilidad, aparezca entre nosotros? Y cuando aparezca, requerirá que las personas estén unida unas con otras, apegadas al Estado y a las leyes, y con inteligencia, para lograr frustrar sus designios.” (Address before the Young Men’s Lyceum of Springfield, Illinois, 1838. p. 13)
“The legitimate object of government, is to do for a community of people, whatever they need to have done, but can not do, at all, or can not, so well do, for themselves - in their separate, and individual capacities.” / “El objetivo legítimo del Estado es hacer para una comunidad de personas todo aquello que necesiten que se haga pero que no pueden hacer, o que no pueden hacer bien, por sí mismos, en sus capacidades individuales y separadas.” (Thoughts on government, 1854. p. 17)
“A house divided against itself cannot stand. I believe this government cannot endure, permanently half slave and half free.” / “Una casa dividida en contra de sí misma no puede sostenerse. Creo que este Estado no puede durar permanentemente mitad esclavo y mitad libre.” (“A house divided” speech, 1858. p 21)

lunes, 9 de octubre de 2017

Heronína de la empatía


El 27 de septiembre empecé, en el Retiro-Tigre, La música que llevamos adentro, de Julia Moret. Lo sé porque tuitié que estaba en eso y que leyendo los agradecimientos y el prólogo ya me había emocionado dos veces. Emocionado de sentir lágrimas detrás de los ojos, de sentir que se me agarrotaba la garganta. Al día siguiente tuitié: “Me estás matando @JuliMoret. Tu libro es impresionante.” Finalmente, el 2 de octubre tuitié: “Tu libro es muy muy hermoso, @JuliMoret. Es emocionante y divertido e importante. Es tuyo y universal.”
El libro es un relato, en primerísima persona, de una mujer que va descubriendo que su hijo tiene síndrome de Asperger; y que va descubriendo qué es eso, qué significa eso para ella como madre, esposa, mujer, hermana, hija. Es, como dice Santiago Llach en el prólogo, “una historia fascinante de shock familiar y redención, un thriller de las emociones íntimas, un testimonio de todo lo que somos capaces de hacer los seres humanos.” (p. 19) Un libro que empieza con una madre con miedo a qué le dirán en el colegio otras madres y maestras sobre su hijo, que se comporta distinto a los demás: “Trato de no hacer contacto visual con ninguna madre para no habilitar la charla. (...) Estoy al límite de la autocompasión”. (p. 54) Y que termina con una mujer que quiere ayudar a otras madres de chicos con Asperger y a todos los chicos con Asperger. Una madre que empieza buscando en las librerías “un libro testimonial (…) que sea desde el punto de vista de la madre. Quiero un libro que me cuente qué siente una mujer, una madre como yo” (p. 173) y que termina escribiéndolo. Por eso no está mal la etiqueta que le da Llach en el prólogo de “superheroína de la empatía”. (p. 18)
Pero no es un libro para madres de chicos con Asperger. Hay sin duda algo totalmente subjetivo: nadie más es como Julia Moret. Pero hay algo mucho más general sobre qué significa ser madre, qué es ser mujer, esposa y todo lo demás. Moret se pregunta todo el tiempo cómo vivimos, en esa realidad que nos toca; preguntas como: “¿Eso es ser padre? ¿Esperar a que un hijo crezca?” (p. 31) “¿No hacen eso las familias?” (p. 97) “¿No hacen eso las parejas?” (p. 106) “¿No es eso quererse?” (p. 230) Hay cosas muy específicas de ser madre de un chico con Asperger, como la dificultad de la vida social del chico (“mi hijo tiene un amigo y lo cuidamos como si fuera un Quinquela heredado de mi abuela Nina.” - p. 71) Y otras que son comunes a todos: “Paso el peine fino y quiero gritar de la cantidad de piojos que estoy sacando. Me pregunto qué estará haciendo en este momento Scarlett Johansson.” (p. 315) (Necesitamos un poema largo sobre la lucha de la madre contra los piojos. Ahí se juega una desigualdad de género olvidada.) Es ahí donde el libro deja de ser sólo de Moret y pasa a hablar de algo universal, de cómo todos buscamos acomodarnos a esta cosa rara que es la vida (y cómo muchos de nosotros lo hacemos en parte a través de andar leyendo a otros y escribiendo para otros).
Como muestran las últimas dos citas, Moret apela frecuentemente al humor. Estuve al borde del llanto mil veces: con comentarios o preguntas del hijo; con detalles sobre cosas que ven o preguntan los padres o hermanas de Moret sobre su hijo. Sobre lo que ella misma puede preguntarse y permitirse decir y desear respecto de su hijo. Me emocionó mucho todo el juego con el marido y me sentí identificado con esa torpeza que tenemos a veces (siempre) para cuidar a las madres. Pero Moret vuelve una y otra vez al humor y lucha contra la autovictimización. De nuevo, esto es válido para la madre de un chico con Asperger y para todos. “Las madres y los hijos son como las almendras del helado: no se eligen, te tocan y listo.” (p. 62) Ante eso no sirve ni victimizarse ni negar las dificultades propias sino enfrentar esta cosa rara con el corazón abierto, con humor y con empatía hacia los otros que van por este camino. Por eso, además de lo más concreto de ser una madre de un chico con Asperger, por eso este es un libro importante.

lunes, 2 de octubre de 2017

Hasta siempre


Volví a leer la novela que más veces leí. ¿Tres, cuatro, cinco, seis? Ni idea, qué importa. No me canso nunca de ver El Padrino y no me canso nunca de leer El largo adiós, de Raymond Chandler. Y dejé de escuchar a Dolina, a mis 18 o 20 años, cuando lo escuché desdeñar a Chandler aduciendo que al fin de cuentas sólo escribía novelas de detectives. 
Una particularidad de esta lectura es que la hice a los 42 años, a la misma edad que tiene en la novela su héroe, Philip Marlowe, el detective privado por antonomasia. Como dice Marlowe de su cliente en la novela, Terry Lennox, es imposible no amar a Marlowe. Marlowe es todo lo que debe ser un hombre: fuerte, decidido, valiente, independiente, culto sin snobismo (describe “decoraciones por Duhaux en el último simbolismo subfálico”-  p. 18), caballero sin afectación, irónico sin que eso lo convierta en insensible. Marlowe está en el mundo para ayudar a otros con sus problemas pero siempre buscando que prevalezca la verdad y la justicia. La ciudad es un mundo desordenado y hostil, y él está ahí para ponerle un poco de orden y justicia, para compensar un poco. Al lado de Marlowe somos todos poca cosa pero, al mismo tiempo, de Marlowe aprendemos que hay que intentarlo igual; aunque nos fajen o nos cueste, hay que intentar poner orden y humanidad en el medio del caos. Marlowe nació en un pueblo chico y nos dice que le podría haber ido bien allá. Nos pinta una vida de rico de pueblo chico y concluye: “Quedatela vos, querido. Yo me quedo con la ciudad grande sórdida sucia y torcida.” (p. 249) Podría haberme quedado afuera pero me vine a dar una mano.
El tema principal de la novela es esa ética; es la defensa de una forma de vida ajustada a la justicia y la verdad en un mundo difícil y desordenado en el cual a muchos malos les va muy bien. No es un superhéroe, el bien no siempre triunfa, pero cada tanto el detective puede compensar. Otro tema es el adiós, la despedida. Muchos de los personajes pierden cosas en la novela y tienen que hacer duelos, pero no todos lo logran. Ni Eileen Wade ni Lennox ni Roger Wade. Marlowe tiene que soltar a Lennox y también a Linda. Con Lennox hace todas las cosas sentimentales que él le pide en su carta, y dijo su adiós “cuando valía de verdad (...) cuando era triste solitario y final.” (p. 378) Y con Linda razona que “Los franceses tienen una expresión. Los hijos de puta tienen una expresión para todo y siempre tienen razón. Decir adiós es morir un poco.” (p. 365) Así que además de todo lo demás, Marlowe es el más maduro de todos los personajes, el que lidia con el dolor y la pérdida como un adulto.
El otro gran tema es uno de los grandes tema de la vida del autor, aquello a lo que el autor no pudo decirle adiós: el alcohol. La novela comienza, los problemas de Marlowe comienzan, justamente por el alcohol: “siempre es un error interferir con un borracho” (p. 4). Y los dos hombres que crean el conflicto central, por decirlo así, son borrachos. El alcoholismo cambia todo: “Un hombre que puede tomar mucho en alguna ocasión sigue siendo el mismo hombre que era sobrio. Un alcohólico, un alcohólico de verdad, no es para nada el mismo hombre. No podés predecir con seguridad nada que tenga que ver con él salvo que será una persona que nunca antes conociste.” (p. 181)
El argumento puede ser un poco demasiado complejo, y en algún momento una cosa que a Marlowe le tarda un tiempo hoy nos parece obvia. También es verdad que hoy, después de todas las novelas de detectives que leímos y todas las películas de detectives que vimos, el tono puede parecer un poco cliché. Es como escuchar la voz en off de La pistola desnuda, esa voz de primera persona dura y rasposa, irónica y canchera. Pero hay que recordar que si no fue el primero, Chandler es de los primeros. Y sobre todo, que nadie lo hace como él, con su riqueza de lenguaje y su humor y su ritmo. Para mí Chandler es un genio de la metáfora, una metáfora corrida y original: “El oleaje tiene la tranquilidad de una señora vieja cantando en la iglesia” (p. 37); “...dijo en una voz hecha con lo que usan para forrar las nubes de verano” (p. 95); “yo pertenecía a Idle Valley como una cebolla perla en un banana split” (p. 98); “Pasó una hora como una cucaracha enferma”.(p. 137).
A este paladín de la justicia no le decimos nunca adiós sino siempre hasta pronto: y si a los 20 la leí queriendo convertirme en un hombre como Marlowe, espero no pensar dentro de veinte años "qué equivocado está este muchacho".

Originales de las citas usadas
“decorations by Duhaux in the latest subphallic symbolism.” (p. 18)
“You take it, friend. I’ll take the big sordid dirty crooked city.” (p. 249)
“So long, amigo. I won’t say goodbye. I said it to you when it meant something. I said it when it was sad and lonely and final.” (p. 378)
“The French have a phrase for it. The bastards have a phrase for everything and they are always right. To say goodbye is to die a little.” (p. 365)
“it’s always a mistake to interfere with a drunk.” (p. 4)
“A man who drinks too much on occasion is still the same man as he was sober. An alcoholic, a real alcoholic, is not the same man at all. You can’t predict anything about him for sure except that he will be someone you never met before.” (p. 181)
“The swell is as gentle as an old lady singing hymns.” (p. 37)
“she said in a voice like the stuff they use to line summer clouds with”. (p. 95)
“I belonged on Idle Valley like a pearl onion on a banana split.” (p. 98)
“An hour crawled by like a sick cockroach.” (p. 137)


lunes, 25 de septiembre de 2017

Educar para el desarrollo


Leí con mucho gusto La mala educación. ¿Qué pasó con la escuela en la Argentina?, de mi amiga Helena Rovner y Eugenio Monjeau. El libro es, ante todo, un alegato a encarar en serio la cuestión educativa, después de años en los que, en palabras de Mariano Narodowski en el prólogo, no mandaron “la exigencia, el pensamiento crítico y la igualdad de oportunidades en el ámbito educativo, sino la superficialidad y lo políticamente correcto”. (p. 20) Y la importancia de ese alegato se sostiene en la convicción sarmientina de que nada es más importante que la educación para construir un país desarrollado y con oportunidades. 
Efectivamente, “es antes que nada un libro ideológico. (...) La parte central del texto es una defensa de ideas liberales en el ámbito de la educación” (p. 12) y un enjuiciamiento de lo que el “progresismo” hizo o dejó de hacer con la educación. Los autores dicen que “las orientaciones educativas autoidentificadas como latinoamericanistas, o como de izquierda (...) cubrieron los cargos disponibles durante distintas gestiones en las carteras educativas de gobiernos nacionales y provinciales”. (p. 79) Y que los resultados fueron lamentables: “La educación en democracia solo mejoró la cobertura educativa básica (...) pero sigue siendo incapaz de retener a los más vulnerables cuando traspasan el difícil umbral de la adolescencia, y sistemáticamente demuestra impartir una educación de peor calidad entre los más pobres y los que viven en zonas más remotas y aisladas.” (p. 78-79) El kirchnerismo es en esta línea algo así como la frutilla del postre, la “fase superior del progresismo”.
En segundo lugar, el libro es un buen inventario de los problemas que afronta la educación en Argentina. Los “déficits más graves (...) En el nivel primario (...) un proceso constante de migración del sistema público al privado. (...) En el nivel secundario, los problemas de eficiencia educativa y de inequidad son alarmantes (...) el ausentismo escolar argentino es el más elevado de entre los países evaluados por la OCDE (...) La calidad educativa (...) no cesa de descender (...) las universidades argentinas producen menos egresados que sus pares brasileñas o chilenas”. (p. 60-63) Al mismo tiempo, los autores son claros en que la prioridad es el nivel secundario.
Rovner y Monjeau no explican cómo podemos resolver todos estos problemas, lo cual tampoco pedimos. Pero sí dan un argumento general sobre la salida posible, que pasa antes que nada por fortalecer a los usuarios de la educación, a las familias, con información útil y confiable (frente a la “era de oscurantismo estadístico” que significó el kirchnerismo - p. 51) El argumento básico, central al libro, es el del contrato social educativo roto, lo que genera la dinámica perversa de la migración al sistema privado, lo que hace que cada vez menos gente demande cambios. “Una gestión comprometida con el futuro del país debería hacer dos cosas: en primer lugar evitar que la gente tome la opción de salida de la educación pública; en segundo lugar, fortalecer los mecanismos de los que eligen la opción de la voz.” (p. 105) Eso implica que “Los gestores de la educación tienen que empezar a ser públicamente responsables” (p. 126) y “debilitar la opción de salida a la vez que se fortalece la de voz. Para ello, son fundamentales la autonomía escolar y poner al docente en el centro”. (p. 151)
Pedir a los autores que avancen mucho más allá que esto en la posibilidad y mecanismo del cambio es imposible. (Tampoco pedimos estar de acuerdo en todo, y no estoy de acuerdo con el tratamiento que dan al tema Ecuador, pero no es algo central al argumento del libro y ya lo he discutido con la autora.) Lo importante es que es un libro que explica bien los problemas centrales de la educación en Argentina, y lo hace con buena prosa, explicando simple, con ritmo y hasta humor. Nos queda claro, al final, que “El sistema educativo argentino, después de décadas y experimentos fallidos, educa a pocos, y los educa mal.” (p. 227) Y nos da una idea del camino del cambio: “el paso inicial para recomponer un contrato social educativo es admitir que las cosas sí son tan malas como parecen, y volver a los reclamos básicos.” (p. 229)

lunes, 18 de septiembre de 2017

Lo que no amé


No amé What I loved, de Siri Hustvedt. Me gustaron las primeras páginas, su ritmo y su cadencia, me gustó la calidad del lenguaje y por momentos me enganché por lo que me pareció que la novela parecía ser, antes de que se desviara. Pero nunca me terminé de creer al narrador, un historiador del arte viejo y casi ciego que en un par de meses redacta la historia de su vida con una precisión envidiable. Pero sobre todo, bah, no, sobre todo no, porque no hay nada posible si no le creemos al narrador; además, digo, la novela me pareció demasiado ambiciosa en los temas que quiere desarrollar, y entonces sentí que se iba deshilachando. Entre literatura de los vínculos, novela de ideas y thriller psicológico, para mí no terminó siendo nada de esto y me resulta difícil ahora entender cómo logré terminarla - porque es larga.
Uno de los grandes temas del libro, el que perfectamente podría haber sido el único, el que me enganchó, es el de los límites entre una persona y otra, las fronteras, dónde empieza y termina cada persona. Cómo nuestras vidas y nuestras emociones se entrelazan y se confunden con las de otros. La estructura principal de la novela se desarrolla sobre un pentágono de adultos: Leo (el narrador, profesor de historia del arte) y su mujer Erica (crítica literaria); su amigo Bill (artista plástico) y su primera mujer Lucille (poeta) y su segunda mujer Violet (historiadora de la cultura). Los hijos, Mathew (de Leo y Erica) y Mark (de Bill y Lucille), completan el grupo de los personajes principales. Esa falta de límites claros se ve en las relaciones, se ve en el arte de Bill, en los escritos de los demás y hasta en una pequeña imagen: un transformer (¿es esto o es lo otro?) en el suelo después de una escena importante. Pero sobre todo, la historia de Leo se ve en la imagen del cajón de su escritorio donde guarda objetos que le recuerda lo que amó, “era un lugar para registrar lo que había perdido.” (p. 191) Ahí está toda su vida y sus afectos mezclados en un pequeño espacio, y reordenando los objetos Leo tiene la ilusión de reordenar su vida.
Me hubiera gustado una novela más escueta y concentrada en ese tema y simbolizada en ese cajón. La imagen de un cajón de los recuerdos es hermosa para estructurar la historia de una vida. Pero el cajón no tiene nada que ver con el arte ni con las enfermedades mentales, que son otros dos grandes ejes conceptuales de la novela. El del arte me pareció francamente aburrido; la historia de los cinco se escribe en parte con sus obras artísticas o académicas; y leer dos o tres páginas sobre una muestra de arte inexistente es un bodrio, además de requerir un esfuerzo de imaginación abrumador, por lo menos para mí. Hay algo de esnobismo intelectual también, en ese retrato de la Nueva York intelectual y artística. Como cuando el narrador remarca que la forma en que habla Violet varía al hablar de Mark: “En todos los demás temas, ella hablaba como siempre, fácilmente y con fluidez, cerrando cada oración con un punto final, pero Mark la ponía vacilante, y sus palabras quedaban colgando sin finales.” (p. 183) ¿Qué ser humano puede hacer una observación como esa y, sobre todo, recordarla algo así como cinco años después?
Las enfermedades mentales comienzan con el tema de tesis de Violet (la histeria en el siglo XIX) y siguen con su segundo tema de estudio (la anorexia en el siglo XX). Además, el hermano de Bill sufre una enfermedad mental y el libro termina como un thriller psicopatológico / criminal. Este giro ocupa buena parte de la segunda mitad del libro y es ahí donde fui perdiendo cada vez más el interés y ahora, mirando hacia atrás, me cuesta entender cómo seguí adelante.

Originales de las citas usadas
The drawer “was a place to record what I missed.” (p. 191)
“On every other topic, she spoke as she always did, easily and fluently, rounding off her sentences with periods, but Mark made her hesitant, and her words were left hanging without ends.” (p. 183)