martes, 20 de enero de 2015

Oscuro y salvaje


Black Wolf, de mi amigo Andrés Aloi, es una ópera prima que sorprende y golpea (y que estoy teniendo el privilegio de traducir junto con el autor). La novela transcurre alrededor del viaje de egresados del narrador y amaga con ser un clásico Bildungsroman pero no termina de desarrollarse como tal (como advierte desde el principio y como resulta razonable): "Estaba escribiendo esta historia de desarrollo con mis experiencias como un estudiante de último año en su viaje de egresados cuando me avivé: no maduré para nada." (p. ix)
Como ópera prima, hay detalles que podrían haberse mejorado, pero la novela tiene un tono logrado y es una gran inmersión a la adolescencia del siglo XXI. Muchos adolescentes inteligentes son como el narrador, Vincent Wing: complicados, por momentos soberbios e inseguros a la vez, con bronca, confundidos. Desde la primera oración ("Me llamo Vicente Wing y soy un cagón" (p. ix), Aloi marca el tono: jodón y directo y coloquial, mezclando el lenguaje profano con argumentaciones más elevadas y palabras complicadas impostadas por el narrador. Otro punto a favor, ligado con los dos anteriores, son los diálogos (la influencia del cine es clara): rápidos, graciosos y creíbles, retratos de una adolescencia distinta.
Al final del día, ese es el gran logro de la novela. Una inmersión, por momentos desordenada y confusa, por lo que el autor llamaría el agujero del lobo negro, la psiquis de un adolescente inteligente y complejo, uno que logra preguntarse "¿Cuál es el punto de ser inteligente si estás tan perturbado emocionalmente que al final todo lo que hacés termina siendo estúpido?" (p. 79) y que logra darse cuenta de que "sé quién quiero ser, pero no tengo ni idea respecto de quién carajo soy." (p. 223)

Originales de las citas utilizadas
"I was writing this coming-of-age tale of my experiences as a high school senior in a graduation trip, when I suddenly realized—I haven’t come of age at all." (p. ix)
"My name is Vincent Wing and I am a pussy." (p. ix)
"What’s the point in being intelligent if you’re so emotionally disturbed that everything you do ends up being stupid anyway?" (p. 79)

"I know who I want to be, but I have no idea concerning who the hell I am." (p. 223)

jueves, 15 de enero de 2015

Vivir de a pedazos


Qué paja ir al centro, de Martín Wilson, es un libro divertido y de muchas caras; es una novela construida con narradores múltiples en fragmentos pequeños, y estructurado alrededor de las memorias de un veterano de la segunda guerra mundial: un inmigrante inglés a la Argentina que vuelve a las islas para volar en la Royal Air Force. Del otro lado está la historia de su nieto, Willy, contada desde la primera persona, la tercera y desde otros narradores que lo retratan. En parte, la novela se lee como una historia de los anglo-argentinos: el pasado coherente, el presente confuso y desordenado, Argentina como un fracaso. Pero "Escribir mucho es de charlatán." (p. 75), y explicar demasiado para vagos:
"Willy terminó de leer lo que venía escribiendo hacía meses. Lo iba a cortar ahí nomás. Y se cagó de la risa con la teoría del iceberg de Hemingway. Willy siempre se reía fuerte con cosas así. Le servía lo no explicado.
_ Que piensen, que imaginen el resto". (p. 109)
¿Se rearma toda la historia en la cabeza del lector? Quizás no, pero quizás ese es justamente el punto: "La interrupción, la incoherencia, la boludez sorpresiva, son las condiciones habituales de nossa vida.", escribe Lucía. (p. 183)
En el medio, el libro se lee rapidísimo y con placer. Wilson es un maestro de los detalles, como cuando dice al pasar "Cuando subió al auto se olvidó de pasar la tarjeta del parquímetro y se fue." (p. 12); y aunque sus personajes nunca son descriptos del todo (por aquella misma construcción fragmentada), siempre logra darles vida con algún detalle mínimo, como cuando dice que a Lucía "Le daba un poco de pena imaginarse a su marido viendo porno a escondidas." (p. 31)
Hay dos momentos especialmente altos en el libro. Uno es la oda a la Avenida del Libertador, que estructura la vida de un pedazo tan grande de los anglo-argentinos, los que recalaron en el norte del conurbano (y de la vida del autor del libro y del de esta reseña). La otra es un fragmento en el que un chico le aconseja a una chica que elija novio según cómo se comporte en un avión, porque "la convivencia puede ser tan antinatural como estar suspendido por los cielos en un cilindro de fierro." (p. 230)
Es bastante notable leer un libro que describe tanto de lo que yo mismo conozco (el conurbano norte, Martínez, el mundillo anglo, los talleres de escritura creativa de Llach) y que logra hacerlo de una manera tan propia del autor. Por esa visión propia, finalmente, vale también la pena leer Qué paja ir al centro: el ojo de poeta de Wilson para "contar historias, cuentos, fragmentados, desordenados, enquilombados." (p. 249) Viviendo de a pedazos, aceptando esos pedazos, reescribiendo esos pedazos.

martes, 6 de enero de 2015

Un perro

Foto: 3milliondogs.com

Un señor de más o menos 75 años paseaba su perro bajo el sol de Avenida Libertador, cerca del Carrefour de Vicente López. El señor llevaba pantalón y gorro blancos, y un rompevientos del mismo color: a eso de las seis de la mañana había caído una lluvia fuerte, pero a las nueve, cuando el señor paseaba a su perro, había salido el sol entre las nubes y hacía calor y estaba húmedo como puede estarlo en enero en Buenos Aires. Un flaco de unos 25 años estaba sentado en los escalones de acceso a un edificio; tenía bermudas de jean oscuras y una musculosa de un verde chillón, y al lado suyo había una moto que estoy seguro que era de él. El chico tenía el pelo rubio como hojas de palmera que se movían con el viento del coletazo final de la tormenta. El chico abrazaba al perro, un hermoso golden retriever, sus brazos alrededor del cuello del perro, rascando detrás de las orejas. El chico sonreía y el perro movía la cola. Los vi durante dos segundos, desde mi auto, yendo al centro. Algo me venía molestando, una tristeza indefinida, mientras manejaba sin música, y en esos dos segundos en que capté la escena vi ese abrazo y leí los labios del chico decirle "gracias" al señor, que seguramente siguió su camino. Nada como un perro para restaurar un haz de esperanza. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

Lecturas 2014





lunes, 22 de diciembre de 2014

Duelos


The Sportswriter es una novela que ocurre en Semana Santa pero sobre todo que ocurre dentro de la mente de su personaje principal, Frank Bascombe. Cerca de los 40, vemos a Bascombe en medio de un triple duelo: por la muerte de un hijo, por la muerte de su matrimonio, por una carrera algo decepcionante.
Bascombe intenta no complicarse, pensar lo menos posible, ser más literal de lo que es, pero generalmente no lo logra. Por ejemplo, dice por allí: "Pará de buscar. Enfrentá a la tierra donde puedas. Literalmente, es todo lo que tenés para seguir adelante." (p. 53) O: "En cierta forma, supongo que podrías decir que estábamos y estamos todos perdidos, y que lo sabemos, y simplemente tratamos de asentarnos lo mejor posible en nuestro estar perdidos lo más cómodamente y con la mejor educación y con la menor curiosidad que podamos." (p. 80)
La novela es también un retrato de una crisis de mediana edad, razón por la cual pegó cerca de este lector (que tiene casi exactamente la misma edad de Bascombe.) "Muchas cosas pasan y comienzan a tener efecto en tu vida cuando estás por la mitad: tus padres pueden morir (...), tu matrimonio puede cambiar y hasta desaparecer, un hijo puede sucumbir, tu profesión puede empezar a parecer hueca. Podés perder toda esperanza. Cualquiera de esas cosas por sí sola puede ser suficiente para ponerte en una espiral." (p. 132) En un momento, Bascombe enseñó en una universidad "para desviar el dolor de un tremendo remordimiento (...) la misma razón por la cual algunas personas se desvían del rumbo y hacia una zanja." (p. 215)
Al mismo tiempo, si no te fuiste a la zanja, como le pasa a otro personaje en esta novela, siempre hay una oportunidad de recomenzar la vida, como Bascombe había hecho tiempo atrás al dejar de escribir su novela y dedicarse a escribir sobre deporte. No es casualidad que la novela ocurra en Pascuas: "Una promesa de que la vida comienza acá." (p. 237) A lo largo de la novela discuten dentro de la cabeza de Bascombe dos alternativas de vida: ser literal o buscarle algo de misterio a las cosas. Bascombe bascula, si se me permite la expresión, entre una y otra, tratando de convencerse a sí mismo de que es más de una u otra manera, y la pregunta sobre el equilibrio ("¿De qué fina hebra se suspende todo equilibrio?" - p. 318) parece referirse también a esto (entre otras cosas).
El equilibrio es una de las grandes virtudes de Ford. Su personaje principal busca y generalmente logra ver a toda vida humana, la propia y las ajenas, con mesura y compasión. Aunque a veces se meta demasiado para adentro, con Bascombe (comocon Dell en Canada), Ford nos muestra la complejidad emocional de esta cosa que es vivir.

Originales de las citas utilizadas
"Stop searching. Face the earth where you can. Literally speaking, it's all you have to go on." (p. 53)
"In a way, I suppose you could say all of us were and are lost, and know it, and we simply try to settle into our lost-ness as comfortably and with as much good manners and little curiosity as we can." (p. 80)
"Maturity, as I conceived it, was recognizing what was bad or peculiar in life, admitting it has to stay that way, and going ahead with the best of things." (p. 97)
"A lot happens to you in your life and comes to bear midway: your parents can die (...), your marriage can change and even depart, a child can succumb, your profession can start to seem hollow. You can lose all hope. Any one thing would be enough to send you into a spin." (p. 132)
"I decided to go teach at Berkshire College (...) to deflect the pain of terrible regret (...) the same reason most of us make our dramatic turns to the right and left about midway, and the same reason some people drive off the course and into a ditch." (p. 215)
"A promise that life begins here." (p. 237)
"On what thin strand does all equilibrium dangle?" (p. 318)