martes, 11 de julio de 2017

Una historia imposible

Antes de viajar a Alemania le pedí a mi amigo M.B. que me recomendara un libro y me sugirió Germany: Memories of a Nation, de Neil MacGregor. No erró. Es un libro maravilloso que te cuenta la historia cultural de un país tan complejo como Alemania con un tono para mí perfecto, ni demasiado académico ni demasiado básico. El libro “no intenta ser - no puede ser - en ningún sentido una historia de Alemania”, porque Alemania es un conjunto casi interminable de historias, fruto de su regionalismo; “sino que intenta explorar a través de objetos y edificios, personas y lugares, algunas líneas formativas en la historia nacional de la Alemania moderna.”
De la Puerta de Brandemburgo a ciudades que ya no están en Alemania como Könisberg (Kaliningrado), Praga y Estrasburgo, MacGregor (que dirigió por años el British Museum) te cuenta la historia a través de la cultura alemana: músicos, escritores y escultores, pero también las cervezas y las salchichas, las monedas y los billetes, la industria y la Liga Hanseática. Una línea permanente es la tensión siempre presente entre particularismo y universalismo (de los reinos y las ciudades independientes al Sacro Imperio, de los estados actuales a la Unión Europea). La otra es, por supuesto, la gran pregunta de cómo fue posible el nazismo, un proceso que además obliga a repensar toda la historia alemana previa y que la afecta (por ejemplo, por lo que se apropió y lo que no se apropió el nazismo.) 
La alemana es “una historia tan dañada que no puede ser reparada sino que, más bien, tiene que ser visitada constantemente.” Una historia marcada por cuatro traumas nacionales (la Guerra de los Treinta Años entre 1618-1648, las guerras napoleónicas, el nazismo y la ocupación después de la Segunda Guerra Mundial. Pero sobre todo por esa pregunta: “¿cómo pudo haber ocurrido? Cómo es posible que las grandes tradiciones humanizantes de la historia alemana - Durero, la biblia de Lutero, Bach, la Ilustración, el Fausto de Goethe, el Bauhaus, y tanto, tanto más - no lograron evitar ese colapso ético total que llevó al asesinato de millones y al desastre natural.”
Aunque es posible que el libro requiera de cierto conocimiento previo de historia europea y alemana, me pareció una manera brillante de entender un poco más de ese país fascinante, diverso y central a la historia universal.

Originales de las citas usadas
“does not attempt to be - it cannot be - in any sense a history of Germany, but it tries to explore through objects and buildings, people and places, some formative strands in Germany’s modern national history.”
“a history so damaged that it cannot be repaired but, rather, must be constantly visited”.
“how could it happen? How did the great humanizing traditions of German history - Dürer, Luther’s bible, Bach, the Enlightenment, Goethe’s Faust, the Bauhaus, and much, much more - fail to avert this total ethical collapse, which led to the murder of millions and to national disaster.”

lunes, 3 de julio de 2017

El crimen (no) paga


Hace un tiempo se puso de moda en ese grupo hermoso y amorfo que es la comunidad de los talleres literarios de Santiago Llach Black Wings Has My Angel, una novela de crimen publicada por primera vez en 1953 y prácticamente olvidada hasta que se republicara en 2016 por The New York Review of Books (y fuera más o menos olvidada de nuevo, creo yo).
La novela me gustó porque me gusta el género, la novela negra americana, y porque a Chaze le sale bien el ritmo y el tono de humor cínico propios del género. Me recuerda, claro, al gran maestro de este mundo que es Raymond Chandler, pero también al Cormac McCarthy de Suttree, ambos con línea directa a Hemingway. Como Chandler, el héroe tiene una mirada sobre las mujeres (“Escuchás hablar y leés sobre gambas. Pero cuando ves gambas realmente buenas te das cuenta de que todo lo que leíste y escuchaste era fruta.” - p. 15); sobre el alcohol (“Creo que estamos chupando demasiado. Para disfrutar el chupi, tenés que no chupar por un rato. Contraste.” - p. 23); sobre la vida: “no importa cuánto vivas, no hay tantos momentos realmente deliciosos en el camino, porque la mayor parte de la vida se te va comiendo y durmiendo y esperando que pase algo que nunca pasa. (...) Casi toda la vida es esperar a vivir.” (p. 35)
La historia no es muy distinta a las que pudimos haber leído: un joven salido de la cárcel tiene un plan para un gran robo, enlista a una mujer hermosa para llevarlo a cabo y al final todo resulta mal. Tampoco sorprende la moralidad: en la novela negra el mal no triunfa; en la clásica novela de detectives, el héroe es el encargado a volver a poner orden en un mundo dado vuelta. Y como en tanta novela negra, lo que lleva al villano a la perdición es una ambición desmedida por el dinero y una mujer fatal.
Lo novedoso en esta novela es que el héroe es un anti-héroe, y que en la escritura busca, si no una expiación, cierta dilución del pecado: “Admití que lo hice. Lo confesé en un pedazo de papel. No conté nada de todo eso en el juicio. (...) Pero lo puse todo en papel y puse el papel debajo de mi colchón y aunque no lo saca de adentro mío, lo diluye.” (p. 129) La segunda novedad es cierta exploración psicológica de las razones del héroe para convertirse en villano: el desprecio por los ciudadanos de bien que son vapuleados (como su padre, un dentista borracho a quien no le pagaban las consultas) y una madre que no supo o no pudo poner límites: “Nunca me sentó y me dijo que gil que era con mi hambre de guita y mi nueva dureza al rojo vivo de héroe de guerra y mis planes para hacerme rico rápido.” (p. 140) La vida del héroe-villano, Tim Sunblade, nacido Kenneth McLure, queda bastante bien retratada.
Al final del día me parece que es una novela que falla en dos momentos cruciales (en Masonville y en Cripple Creek, digamos así, para no spoilear) pero que no por ello deja de ser una novela super legible y disfrutable. El crimen no pagó para McLure/Sunblade pero sí para este lector.

Originales de las citas usadas
“You hear and read about legs. But when you see the really good ones, you know the things you read and heard were a lot of trash.” (p. 15) 
“I think we’ve been drinking too much. To enjoy drinking, you’ve got not to drink for a while. Contrast.” (p. 23)
“no matter how long you live, there aren’t too many really delicious moments along the way, since most of life is spent eating and sleeping and waiting for something to happen that never does. (...) Most of life is waiting to live.” (p. 35)
“I admitted I did it. I confessed it on a piece of paper. I never told any of it in the courtroom. I didn’t tell it before that when they strapped me over the car and used the burning cigars on me. I didn’t say anything. But I’ve put it all on the paper and the paper under my mattress and while it doesn’t get it out of me, it dilutes it.” (p. 129)
“She never sat down and told me what an ass I was with my money-hunger and my new redhot war-hero toughness and get-rich-quick plans.” (p. 140)

martes, 27 de junio de 2017

Somos memoria


Por si alguno no se ha dado cuenta (comienzo que implica el supuesto de que hay alguien que me lee, y que hay alguien que hace una lectura de mis lecturas, por decirlo así), tengo una suerte de proyecto de lectura en la línea de la literatura norteamericana del siglo XX (y XXI). Por algún lado tengo un documento de Word con el listado de autores americanos que “tengo que leer”, construido a base de las lecturas de cursos de literatura y una gran entrevista de Philip Roth (acá la entrevista y acá mi lectura de un libro sobre el mismo tema del que hablo acá). Entonces este año en un viaje entré a una librería y pregunté qué tenía que leer de Joyce Carol Oates y de Jonathan Safran Foer, dos de los (muchos) pendientes: no me acuerdo qué me dijeron de Joyce (si alguien quiere proponer, bienvenidx), pero sí que no lo tenían; y me recomendaron Everything is Illuminated, que terminé de leer estos días.
Everything es una gran novela sobre la memoria, sobre el Holocausto y sobre ese hilo genético pero sobre todo de valores y sí, de memoria compartida, que nos hace lo que somos. El libro relata el viaje a Ucrania de un escritor, Jonathan Safran Foer, en busca de la mujer que habría salvado a su abuelo de los nazis, y no hay manera de hacerlo sin escribir toda la historia de su familia, que es lo mismo que la historia de la shtetl, la aldea, de origen. Ese viaje cruza a otra familia, los trabajadores de la agencia de turismo que lo trasladan y le traducen: el hijo, Sasha, nació como el héroe en 1977; el abuelo, nos enteramos cuando todo sea iluminado, también estaba presente cuando llegaron los nazis a la zona del shtetl; el padre violento es producto de aquella violencia: los eslabones de las dos cadenas están conectados, todo está conectado y eso será iluminado, como las siluetas de los sobrevivientes con el fuego de la aldea.
El libro se construye con tres tipos de textos: los textos de Sasha relatando la visita del héroe y la investigación en busca de aquella señora; los textos de Jonathan reconstruyendo la historia de la aldea y de su familia; y las cartas de Sasha (y una del abuelo de Sasha) a Jonathan discutiendo esa cosa que están escribiendo entre los dos.
Las partes de Sasha están escritas en un inglés que aparenta ser traducción del ucraniano y así, desde la primera página, el libro tiene toda una reflexión sobre la escritura y el lenguaje. Hay un excelente diálogo entre Sasha y Jonathan sobre por qué se escribe, un diálogo con más dudas que certezas:
“¿Por qué querés escribir?” “No sé. Antes pensaba que era para lo que había nacido. No, nunca pensé de verdad eso. Es sólo algo que se dice. (...) Suena terrible. Barato.” “No suena ni terrible ni barato.” “Es tan difícil expresarse.” “Entiendo eso.” “Quiero expresarme.” “Lo mismo es verdad para mí.” “Estoy buscando mi voz.” “Está en tu boca.” “Quiero hacer algo de lo que no me avergüence.” “¿Algo de lo que estés orgulloso, ¿sí?” “Ni siquiera. Sólo quiero no sentirme avergonzado.” (...) “¿Escribís libros porque tenés algo para decir?” “No.” (p. 69-70)
Al final, Jonathan parece decir que escribe por lo mismo que es: por la familia. Al hablar de su abuela dice: “Supongo que los dos estábamos secretamente enamorados de las palabras.” (p. 159) Y ese amor se termina expresando, sobre todo en los juegos con el lenguaje en las escenas culminantes, y en momentos donde relata poéticamente ese pasado idílico de la aldea judía en algún lugar entre Ucrania, los países bálticos y Polonia (una zona que no es ajena a mi propia historia familiar). Por ejemplo, al describir el Festival de Trachimday: “Labios trabados con labios sobre paja en establos y dedos con muslos con labios con orejas con las partes de atrás de rodillas sobre colchas sobre jardines de extraños”. (p. 97)
El lenguaje viene de la familia y es para la familia. El libro está dedicado “Simple e imposiblemente: para mi familia.” Como le dice Sasha a Jonathan, ellos están reescribiendo la historia, una historia, uniendo todos esos eslabones de esas cadenas: “(Con nuestra escritura, nos recordamos cosas uno al otro. Estamos haciendo una historia, ¿sí?)” (p. 144) La historia de Trachimbrod, la aldea de la cual sólo quedaba una señora y lo que ella logró guardar, preservar, catalogar. La señora guardó todo y esperó a quien viniera a recordar como antes del Holocausto podía esperarse al mesías; ella es el depósito último, la memoria de Trachimbrod, y el anillo que le muestra a Jonathan “no existe para vos. Vos existís para el anillo.” (p. 192) Los vivos viven para recordar a quienes ya no viven. Porque “Los judíos tienen seis sentidos. Tacto, gusto, vista, olfato, oído… memoria.” (p. 198-99)

Originales de las citas usadas
“Why do you want to write?” “I don’t know. I used to think it was what I was born to do. No, I never really thought that. It’s just something people say. (...) It sounds terrible to say. Cheap.” “It sounds nor terrible nor cheap.” “It’s so hard to express yourself.” “I understand this.” “I want to express myself.” “The same is true for me.” “I am looking for my voice.” “It is in your mouth.” “I want to do something I’m not ashamed of.” “Something you are proud of, yes?” “Not even. I just don’t want to be ashamed.” (...) “Do you write books because you have something to say?” “No.” (p. 69-70)
“We were both secretly in love with words, I guess”. (p. 159)
“Lips locked lips on hay in barns and fingers met thighs met lips met ears met undersides of knees on quilts on lawns of strangers, all thinking of Brod, everyone thinking only of Brod.” (p. 97)
“Simply and impossibly: for my family.” (dedicatoria)
“(With our writing, we are reminding each other of things. We are making one story, yes?)” (p. 144)
“The ring does not exist for you. You exist for the ring. The ring is not in case of you. You are in case of the ring.” (p. 192)
“Jews have six senses. Touch, taste, sight, smell, hearing… memory. (...) When a Jew encounters a pin, he asks: What does it remember like?” (p. 198-99)

lunes, 19 de junio de 2017

Para salvarse hay que contarlo



Lloré y lloré, generalmente en el tren Retiro-Tigre, leyendo Nada es como era, de Mercedes Güiraldes. Es un libro directo y real, en primera persona, sobre la lucha de la autora con el cáncer durante un largo tiempo. La primera vez que me emocioné, a las pocas páginas de haber empezado, hice un dibujito como de un triángulo para abajo en el margen de la página. A partir de ahí hice el triangulito cada vez que quería llorar; sin hacer una estadística muy estricta, resulta que me emocioné cada cuatro o cinco páginas.
¿Por qué tanto? En parte porque el libro está bien contado, sin duda. Güiraldes no busca ni un tono épico ni poético sino directo. Te va contando paso a paso lo que la enfermedad le hacía a su cuerpo, a su espíritu, a su pareja, a su familia, a sus relaciones con sus amigos. Ayuda que incorpora muchas citas (la autora es editora y pone a nuestra disposición su riqueza de lecturas) e incluso mensajes que le escribieron sus amigos. Te lo va contando paso a paso y, entonces, cuando dice “Estaba cansada de sentirme mal todo el tiempo, harta de ver gente sufriendo, del miedo, de la humillación y las indignidades que la enfermedad inflige, del abismo sádico entre el deseo de curarse y la indiferencia de la biología” (p. 172) es una conclusión directa de una construcción lenta y sin vueltas.
También explica mi llanto persistente el hecho de que me identifiqué mucho con la historia. Esto se dio, en parte, porque mi cabeza me había jugado una trampita. Cuando compré el libro algo sabía, o intuía, o creía que sabía respecto del tema del libro y de la autora, pero no lo había pensado demasiado abiertamente. Sólo cuando empecé a leerlo me di cuenta de que conozco al marido y a la familia del marido de Güiraldes y eso hizo que me identificara más con la historia, sobre todo con el personaje (real y concreto) del marido.
Güiraldes explica por qué escribió el libro. Porque, como le había dicho un amigo, “hay dos cosas de las que estoy convencido desde entonces. Una es que para salvarse hay que contarlo. La otra es que nadie se salva solo.” (p. 98) La autora lo escribe para terminar de vivirlo y procesarlo y también porque, así como otras lecturas suyas la ayudaron a transitar este proceso, supone (a mi juicio correctamente) que leer esto puede ayudar a otros en el futuro. Es un libro duro pero que se lee bien, y al terminarlo siento que puedo llegar a entender y a acompañar mejor a quienes pasen directamente o a través de alguien querido por ese proceso de mierda que es un cáncer.

miércoles, 14 de junio de 2017

14 de junio

Hoy se cumple otro aniversario del fin de la guerra de Malvinas. En Facebook, mi amigo Sánchez subió este poema de Wilfred Owen que leí por primera vez en el colegio hace un millón de años. Sánchez y Owen comparten las condiciones de ex combatientes y de poetas. Amo ese poema, pero no me copó la traducción que subió Sánchez, así que le regalo esta otra (y abajo el original).


Dulce et Decorum Est
Wilfred Owen (traducción de Fernando Santillan)

Doblados como viejos pordioseros bajo bolsas de arpillera,
chuecos, tosiendo como brujas, puteamos en el barro
hasta que vimos las bengalas embrujadas y nos dimos vuelta
y empezamos a arrastrarnos hacia nuestro descanso distante.
Algunos marchaban dormidos. Muchos sin sus botas igual
seguían rengueando, manchados de sangre. Todos débiles, ciegos;
borrachos de fatiga, sordos hasta para los silbidos
de las bombas de gas que caían suavemente detrás.

¡Gas! ¡GAS! ¡Rápido, muchachos! Éxtasis de brazos torpes
poniendo los cascos brutos justo a tiempo,
pero alguien todavía estaba gritando y trastabillando
y yéndose a pique como un hombre bajo fuego o cal.
Lo vi ahogándose como bajo un mar verdoso,
atenuado detrás del visor borroso y la pesada luz verde.

Se me viene encima en cada uno de mis sueños ante
mi mirada inútil, acanalándose, asfixiándose, ahogándose.

Si en algún sueño ardiente vos también pudieras caminar
detrás del carro al que lo tiramos,
y ver sus ojos blancos retorciéndose en su cara,
su cara ahorcada, como la de un diablo cansado del pecado;
si pudieras escuchar con cada sacudida a su sangre
haciendo gárgaras desde pulmones corrompidos por la espuma,
obsceno como el cáncer, amargo como un vómito 
de bilis, llagas incurables en lenguas inocentes,—
entonces, querido amigo, no dirías con ese placer elevado
a niños ardiendo por alguna gloria desesperada
esa vieja mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.


Dulce et Decorum Est
Wilfred Owen

Bent double, like old beggars under sacks,
Knock-kneed, coughing like hags, we cursed through sludge,
Till on the haunting flares we turned our backs,
And towards our distant rest began to trudge.
Men marched asleep. Many had lost their boots,
But limped on, blood-shod. All went lame; all blind;
Drunk with fatigue; deaf even to the hoots
Of gas-shells dropping softly behind.

Gas! GAS! Quick, boys!—An ecstasy of fumbling
Fitting the clumsy helmets just in time,
But someone still was yelling out and stumbling
And flound’ring like a man in fire or lime.—
Dim through the misty panes and thick green light,
As under a green sea, I saw him drowning.

In all my dreams before my helpless sight,
He plunges at me, guttering, choking, drowning.

If in some smothering dreams, you too could pace
Behind the wagon that we flung him in,
And watch the white eyes writhing in his face,
His hanging face, like a devil’s sick of sin;
If you could hear, at every jolt, the blood
Come gargling from the froth-corrupted lungs,
Obscene as cancer, bitter as the cud
Of vile, incurable sores on innocent tongues,—
My friend, you would not tell with such high zest
To children ardent for some desperate glory,
The old Lie: Dulce et decorum est
Pro patria mori.