lunes, 20 de noviembre de 2017

No se apaga más


Leí Tarda en apagarse, la hermosa colección de poemas de Silvina Giaganti, genia y amiga. No me animo a decir demasiado porque sé poco de poesía y porque seguramente el prólogo de Santiago Llach sea mucho más inteligente y profundo. Así que van unos apuntes sueltos:
1. Es hermoso leer poesía. Es hermoso leer poesía porque es un género evocativo. Si un poema está bueno hace cosas con vos. Evoca cosas de una manera distinta que la prosa, más directa y más indirecta a la vez. Cuando un poema habla de un amor, de un padre o de un barrio, el lector piensa en su amor, su padre y su barrio. Un poema es un texto que se escribe en muchas líneas separadas por enters y esa linealidad que hace perder la linealidad hace que las palabras lleguen como emociones, pero también que las palabras lleguen como palabras o sonidos porque en el poema está la sensibilidad potenciada de la forma y por esta razón también es hermoso leer poesía.
2. Los libros de poesía se terminan rapidísimo pero no se terminan nunca. Ya leí dos veces de corrido el libro de Silvina y además algunos poemas los volví a leer y estoy seguro de que volveré a leer el libro de corrido muchas veces y que voy a volver una y otra vez. Los libros de poemas buenos como el de Silvina no se terminan nunca porque en esa rotura de los enters y en esa evocación que despierta en el lector el poema se vuelve a hacer cada vez en el lector. El poema lo termina de hacer el lector cada vez, lo reconstruye con lo que evoca en uno cada vez. Todo está en movimiento por siempre allí.
3. El movimiento. En estas lecturas del libro de Silvina me llamó la atención el movimiento. En el primer poema nos dice: “me estaba preparando para un movimiento / que ahora veo no termina nunca. / A los 20 me fui de casa / porque del barrio hay que irse rápido.” El movimiento tiene un origen definitivo (el barrio, los padres): “las chicas con las que quise todo / fueron mi movilidad intelectual ascendente” desde unos padres muy distintos. Pero el destino es poco claro: “De madrugada, una se levanta, se viste y se va / en fade, como la vida.” Y la vida se describe en otro lado como “este barro”. Todo el tiempo la narradora trae y lleva cosas, figuradas o reales: una novia que dijo “que siempre me llevaba con ella” o un momento en que ella se lleva una vieja camisa de su padre. “Las nubes / se mueven lentas, como me gustaría / moverme a mí” y la idea es “crecer, volver a pasar / por el mismo lugar / sin hacerse tanto daño.” La vida es como un gran movimiento que no termina, que va de un lado que conocemos pero que no llega a ningún lado,  se trata de moverse lento para estar mejor en ese mismo lugar desde el que nos fuimos, hasta que algo se apaga.
4. Tarde en apagarse. En Brooklyn la colilla de un cigarrillo “tarda en apagarse”. Y me preguntó qué es lo que tarda en apagarse. ¿El deseo? ¿El amor? ¿La esperanza? ¿La vida? Mientras haya movimiento quizás hay algo encendido. Mientras haya poemas para leer y releer algo habrá encendido, algo tardará en oscurecer.
5. Compren el libro de Silvina. Léanlo. Una y mil veces. Tenganlo por ahí. No lo guarden en la biblioteca. Que esté por ahí. No pesa nada y es hermoso y está vivo y no se apaga más.

lunes, 13 de noviembre de 2017

El fluir de la historia


Leí Salvatierra, de Pedro Mairal, que más que un libro es un río: por su fluidez y continuidad, por ser a la vez una unidad y algo creado por diversas vertientes.
Salvatierra relata los esfuerzos de dos hombres por poner en valor la obra de su padre, que es lo mismo que la vida del padre. Juan Salvatierra, un humilde y mudo empleado de correos de un pequeño pueblo de Entre Ríos, había pintado su vida durante sesenta años en un lienzo interminable al que Mairal se refiere una y otra vez en términos que lo asimilan a un río. Son rollos y rollos de lienzo, en orden cronológico y con perfecta fluidez entre uno y otro, en los que Salvatierra narraba su propia vida: “Yo creo que él concebía su tela como algo demasiado personal, como un diario íntimo, como una autobiografía ilustrada. Quizá debido a su mudez, Salvatierra necesitaba narrarse a sí mismo. Contarse su propia experiencia en un mural continuo. Estaba contento con pintar su vida; no necesitaba mostrarla. Vivir su vida era, para él, pintarla.” (p. 28) Al morir la mujer de Salvatierra, dos años después del padre, los hijos descubren en un galpón semi abandonado “La vida entera de un hombre. Todo su tiempo ahí ovillado, escondido.” (p. 19)
Empieza allí la aventura de completar la unidad de la obra (porque faltaba un año entero, 1961) y de ponerla en valor; esto es, lograr exponerla en forma completa. Y en el relato de esta aventura, como en un río, en el que se mezclan las aguas de cientos de arroyos, de la lluvia, de lo que los humanos tiramos allí, se van mezclando temas que Mairal trata con la calma de un río caudaloso. Uno es el de la unidad entre una obra, una geografía y una vida; para Salvatierra hay una continuidad entre las tres. Así como se dice (aparentemente sin verdad) que los esquimales tienen cuarenta palabras para la nieve, para un entrerriano como Salvatierra (y como Mairal por adopción), todo es río. El lienzo es la vida de Salvatierra y es su geografía y su obra: Salvatierra sería así una gran metáfora de la literatura como biografía, como el ejercicio de narrarse a uno mismo. Tanto que la realidad, por momentos, parece imitar al arte: “En el camino vi uno de esos cielos que pintaba Salvatierra. (…) Muchas veces me pasa que, al ver algo, sé cómo lo hubiera pintado él.” (p. 99)
En esta línea, en un momento de la lectura me pareció que Mairal hablaba de César Mermet, un poeta que nunca publicó en vida y en cuya obra Mairal y sus compañeros del taller de Grillo Della Paolera vieron “más que una cara, el verdadero rostro de una identidad plasmada en el papel. (…) ahí estaba el verdadero cuerpo de César Mermet, el cuerpo inmortal, la palabra hacia la cual él se había transustanciado.” (De Maniobras de evasión, “La poesía del hombre invisible”, p. 96/97) Salvatierra puede leerse como un gran homenaje a Mermet; uno y otro vivieron para el arte sin pedirle al arte nada más que ser vehículo de expresión sobre la propia vida.
La geografía aparece en el lienzo, pero también en pequeñas imágenes de un pueblo de provincia. Imágenes que a mí me remitieron, por momentos, al Levrero de Dejen todo en mis manos, del interior uruguayo que es tan parecido por momentos a Entre Ríos, como cuando una señora “se sopapeó un mosquito que tenía en el antebrazo.” (p. 90) Pero sobre todo, la geografía, el río, aparece en el tono mismo de la prosa, en un fluir constante que es siempre el mismo y distinto, como el fluir constante de las generaciones.
Porque Salvatierra es también y quizás fundamentalmente un libro sobre el padre. En la revisión del lienzo interminable los hijos descubren a su padre y a la mirada que el padre tuvo sobre ellos. (“Me impresionó que Salvatierra pensara tanto en mí. Me impresionó verme a través de sus ojos, porque se notaba cuánto le había dolido que me fuera.” - p. 103) El narrador se pregunta “¿Quién había sido mi padre?” (p. 142) y al hacerlo se pregunta por él mismo, porque “Uno ocupa esos lugares que los padres dejan en blanco. Salvatierra ocupó ese margen alejado de las expectativas ganaderas de mi abuelo. Se adueñó de la representación, de la imagen. Yo me quedé con las palabras que la mudez de Salvatierra dejó de lado.” (p. 151) Al final del día, el fluir de la historia, de padres a hijos, es la vida misma y el arte posible, o el mismo arte y la vida posible.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Una manera distinta de entender la vida



Antes de empezar a escribir sobre Los mejores días, el libro de Magalí Etchebarne que terminé de leer hace unos días, leí el texto de la contratapa que escribió Inés Acevedo. Acevedo empieza diciendo que son “cuentos sobre mujeres sabias” y eso me llamó la atención, porque a mí me pareció que son cuentos sobre mujeres que se enamoran de los tipos equivocados. ¿Toda mujer se enamora del hombre equivocado? Puede ser, y puede que en entender eso esté la sabiduría de Etchebarne o de su libro, pero no de sus personajes, que no parecen poder hacer nada al respecto. Acevedo destaca una oración que yo subrayé siete veces en mi lectura: “Un hombre, me dijo una vez mi mamá, es un animal pequeño que se ve inmenso.” Y eso parece sabio. Pero la cita viene así: “Algunas mujeres educan a las otras para que en el futuro estas cuiden a sus hombres de sí mismos y reciban con entereza la rabia que despierta eso. Un hombre, me dijo una vez mi mamá, es un animal pequeño que se ve inmenso.” (p. 107) Y eso parece menos sabio.
En otro cuento, la tía del novio le dice a la heroína que “no es fácil vivir con un hombre” y después ella reflexiona: “Cuando aparecen las madres, las tías, las hermanas, es cuando realmente me meto. Como si adivinaran el futuro, guardando el manual de instrucciones del hijo. Pienso que saben antes que nosotros cómo va a salir todo.” (p. 49) Las chicas de Etchebarne andan un poco así, a tientas por la vida, impotentes frente a los actores que son los varones: “papá daba brazadas adentro de una nube, pero la nube y papá estaban dentro de una pecera que nosotras podíamos mirar desde afuera como gigantes, con fascinación, con pánico y con desesperación.” (p. 34) Las mujeres que saben son las otras, las que miran de afuera. Mirando hacia adelante sólo hay intuición: “Debe ser así, como hicieron ellos, que uno arma una familia. Encuentra un suelo y un olor, y se agarra como un bicho a la cosa amada. Más tarde, a todo eso lo llamamos destino.” (p. 47) Y ni siquiera sabemos muy bien qué paso mirando hacia atrás: “A veces el pasado son cajas adentro de otras cajas que uno va abriendo a medida que se las encuentra en la memoria y adentro tiene un mensaje. Pero a veces no hay ningún mensaje, a veces no dicen nada. Y mirar para atrás es como apagar la luz.” (p. 65)
Ese ir hacia adelante a tientas, a intuiciones y corazonadas, tiene algo animal. Un hombre es un animal pequeño que se ve inmenso. A lo largo del libro hay una y otra vez referencias al mundo animal y Etchebarne parece resaltar el lado más animal, menos racional, más intuitivo o instintivo, olfativo más que visual, del ser humano. Vivimos en la oscuridad y, paradójicamente, aunque las mujeres ven un poco más igual están como en el asiento del acompañante, susurrando advertencias al varón. “En el matrimonio, dice mi mamá, las mujeres somos esos hombres en la pista de aterrizaje, haciendo señales, juegos con las manos para que bajen a tierra para que lleguen bien, para que sepan hasta dónde. Una función muy útil y medio suicida.” (p. 74)

No me quiero pelear con Acevedo para decir que a mí también me gustó mucho el libro de Etchebarne aunque no veo sabiduría en esas chicas. Quiero decirles, a esas chicas, que se despierten, que dejen a esos tipos que no las quieren bien. Pero quizás si digo que me gustó de una manera distinta a la manera en que le gustó a Acevedo estoy hablando mejor aún del libro, ¿no? Porque el libro es hermoso. Es como un poema de cien páginas en donde vemos pedazos de los corazones humeantes de estas chicas, fragmentos de situaciones de relaciones fragmentadas astilladas desgarradas y todo de una manera hermosa, con metáforas únicas, con una música arrulladora y donde nada se resuelve del todo, y así parece una manera distinta de entender la vida: de nuevo, más intuitiva e irracional, como un perro hermoso.

lunes, 30 de octubre de 2017

Historia y contingencia



Nuestra historia de lecturas está, como la historia del mundo, sujeta a condiciones estructurales y a las fuerzas de la contingencia. Hace décadas, de chiquito, me trajeron de un viaje réplicas de mapas y documentos de la Guerra Civil Americana; hace unos años compré un librito con escritos de Lincoln; hace unos meses a una hija le asignaron leer su biografía; hace unas semanas le pregunté a Mark Healey (@HealeyParera) qué libro recomendaba como historia general del período y así llegué a The Battle Cry of Freedom, de James McPherson.
The Battle Cry of Freedom es un librazo de historia sobre un período complejísimo de esa nación tan compleja como es Estados Unidos. Los libros generales sobre episodios como estos son dificilísimos de escribir; uno quiere al mismo tiempo mantener una narrativa más o menos cronológica pero al mismo tiempo tratar en profundidad los temas más complejos que se relacionan con los eventos. McPherson logra hacerlo, perdiéndose (para un neófito) bastante poco de lo narrativo. El libro se lee increíblemente bien, y aprendemos sobre las economías de los beligerantes, las cuestiones jurídicas y constitucionales, la formáción de los ejércitos, los armamentos y tácticas, los generales, la medicina y miles de cuestiones más.
A los no americanos nos cuesta entender la magnitud y complejidad de esta guerra que duró más de 4 años y que mató a más soldados americanos que todas las demás guerras sumadas, unos 360.000 yanquis y unos 260.000 confederados. Y lo que la hace más difícil de entender es su doble característica de guerra de pueblos (con conscripción y movilización total) y guerra política (con fines políticos que van cambiando, con elecciones mientras se seguía peleando, con decisiones judiciales y casos de derechos civiles, y hasta con comercio entre beligerantes semi-aceptado por los gobiernos).
La causa principal fue estructural: “La cuestion de la esclavitud probablemente hubiera causado tarde o temprano un enfrentamiento entre el Norte y el Sur”. Social, política y económicamente era imposible mantener una sociedad esclavista y otra de hombres libres unidas por siempre. Pero la guerra no nació para abolir la esclavitud ni era esa un objetivo de guerra del Norte ni de Lincoln, quien “se había movido de a poco hacia la izquierda durante la guerra, desde la no emancipación a una emancipación limitada con colonización y después hasta emancipación universal con sufragio limitado.”
El desarrollo fue cambiante y complejo, con escenarios múltiples, cambios tecnológicos y el preludio a la movilización total de las guerras del siglo XX. De hecho, durante la propia contienda se produce una transición desde una guerra parecida a las napoleónicas hacia algo cada vez más similar a la primera guerra mundial (trincheras y atrición). McPherson comenta pero pone en duda las principales explicaciones de la victoria del Norte: la mayor fortaleza económica, tamaño y capacidad industrial del Norte; la supuesta desunión de los confederados; la idea de que habría habido un mejor liderazgo civil y militar en el Norte. Al final del día, sin embargo, el resultado fue contingente: “en diversos momentos críticos durante la guerra los resultados podrían haber sido totalmente diferentes. (…) La victoria del Norte y la derrota del Sur en la guerra no puede ser entendida sin la contingencia que pendía de cada campaña, de cada batalla, de cada elección, cada decisión durante la guerra.” Contingencia muchas veces relacionada con errores; una y otra vez los generales se equivocan, desaprovechan oportunidades, mandan a miles de soldados a la muerte sin posibilidades, en parte, pero no sólo, debido a el increíble amateurismo de buena parte de la dirigencia civil y militar.
Una curiosidad de la historia es que resultados contingentes pueden tener consecuencias profundas y duraderas. El triunfo del Norte no significó nada más (nada menos) que el fin de la secesión y de la esclavitud sino que significó “una transformación más amplia de la sociedad y la política norteamericana”. Hubo un “cambio radical del poder del Sur al Norte” y cambió sustancialmente el gobierno: “La vieja república federal en la cual el estado nacional raramente tocaba al ciudadano promedio a través del correo dio lugar a una unidad política más centralizada que cobraba impuestos a las personas de forma directa y que creó una administración de ingresos para hacerlo, llamaba a hombres a las armas a través de la conscripción, expandió la jurisdicción federal de las cortes, creó una moneda nacional y un sistema nacional de bancos y estableció la primera agencia nacional para el bienestar social”. La guerra civil forjó la economía, las instituciones y hasta el partido y la ideología (“el partido Republicano, con su ideología de capitalismo compettivo, egalitario y de trabajo libre”) que preparían a los Estados Unidos para, medio siglo más tarde, sacarle el rol de imperio a Gran Bretaña.
Pudo ser de otra manera. Nuestras vidas también pueden ser diferentes.

Originales de las citas usadas
“The slavery issue would probably have caused an eventual showdown between North and South”.
“He had moved steadily leftward during the war, from no emancipation to limited emancipation with colonization and then to universal emancipation with limited suffrage.”
“at numerous critical points during the war things might have gone altogether differently. (…) Northern victory and southern defeat in the war cannot be understood apart from the contingency that hung over every campaign, every battle, every election, every decision during the war.”
“These results signified a broader transformation of American society and polity”.
“radical shift of political power from South to North.”
“The old federal republic in which the national government had rarely touched the average citizen except through the post-office gave way to a more centralized polity that taxed the people directly and created an internal revenue bureau to collect these taxes, drafted men into the army, expanded the jurisdiction of federal courts, created a national currency and a national banking system, and established the first national agency for social welfare”.
“The accession to power of the Republican party, with its ideology of competitive, egalitarian, free-labor capitalism, was a signal to the South that the northern majority had turned irrevocably toward this frightening, revolutionary future.” 

lunes, 23 de octubre de 2017

Tiempo gato

desde hace unos buenos días en verdad desde hace semanas o quién sabe cuánto
se me ocurrió esta idea de hacer un caligrama un poema más o menos
así con la forma de un reloj de arena que va de a poco, así,
perdiendo su caudal y justo antes de venir acá leí al
meses se murió mi papá
entonces me prometí
hacer todo el
tiempo
lo  que me
hiciera feliz si
me divierte viajar viajo
si me divierte estar solo estoy solo
si me divierte  estar con amigos todo el día estoy
con amigos todo el día y si quiero salir y comer, salgo y como
hay que hacer lo más que se pueda porque esto se acaba y se acaba mucho
más rápido de lo que uno piensa lo único que nos llevamos es lo que vivimos.”