martes, 17 de octubre de 2017

Citas




Hace unos años, en una librería en Houston, Texas, me encontré un librito con escritos de Lincoln. Estaba barato, lo compré, y cuando llegué a Buenos Aires lo dejé en la mesa de luz por años. Cada tanto leía y releía el discurso más famoso de la historia, el discurso de Gettysburg con sus 272 palabras, y lo volvía a dejar ahí. Hace unas semanas, hija#3 me dijo que tenía que leer una biografía de Lincoln así que busqué el librito y le leí el discurso de Gettysburg. Cuando terminé me dijo: “sos un pesado pero te quiero igual”, lo que no deja de ser lindo, creo. El punto es que me asumí pesado y me puse a leer todo el libro y entonces me di cuenta de que sé mucho menos de la Guerra de Secesión de lo que me gustaría, así que ahora estoy con eso. La próxima reseña seguramente será sobre The Battle Cry of Freedom, de James McPherson. Mientras tanto, acá van algunas citas de Lincoln.

“that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth.” / “que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparezca de la tierra”. (Gettysburg Address; p. 2; 1863)
“As a nation of freemen, we must live through all time, or die by suicide.” / “Como una nación de hombres libres, debemos vivir por todos los tiempos o morir por suicidio”(Address before the Young Men’s Lyceum of Springfield, Illinois, 1838. p. 4)
“Let reverence for the laws (...) become the political religion of the nation”. / “Que la reverencia a las leyes (…) se convierta en la religión política de la nación”(Address before the Young Men’s Lyceum of Springfield, Illinois, 1838, p. 10).
“Is it unreasonable, then, to expect, that some man possessed of the loftiest genius, coupled with ambition sufficient to push it to its utmost stretch, will at some time, spring among us? And when such a one does, it will require the people to be united with each other, attached to the government and laws, and generally intelligent, to successfully frustrate his designs.” / “¿Es acaso poco razonable, entonces, esperar que algún hombre de la más encumbrada genialidad, asociada con una ambición tan grande que lo lleve a empujarla a su máxima posibilidad, aparezca entre nosotros? Y cuando aparezca, requerirá que las personas estén unida unas con otras, apegadas al Estado y a las leyes, y con inteligencia, para lograr frustrar sus designios.” (Address before the Young Men’s Lyceum of Springfield, Illinois, 1838. p. 13)
“The legitimate object of government, is to do for a community of people, whatever they need to have done, but can not do, at all, or can not, so well do, for themselves - in their separate, and individual capacities.” / “El objetivo legítimo del Estado es hacer para una comunidad de personas todo aquello que necesiten que se haga pero que no pueden hacer, o que no pueden hacer bien, por sí mismos, en sus capacidades individuales y separadas.” (Thoughts on government, 1854. p. 17)
“A house divided against itself cannot stand. I believe this government cannot endure, permanently half slave and half free.” / “Una casa dividida en contra de sí misma no puede sostenerse. Creo que este Estado no puede durar permanentemente mitad esclavo y mitad libre.” (“A house divided” speech, 1858. p 21)

lunes, 9 de octubre de 2017

Heronína de la empatía


El 27 de septiembre empecé, en el Retiro-Tigre, La música que llevamos adentro, de Julia Moret. Lo sé porque tuitié que estaba en eso y que leyendo los agradecimientos y el prólogo ya me había emocionado dos veces. Emocionado de sentir lágrimas detrás de los ojos, de sentir que se me agarrotaba la garganta. Al día siguiente tuitié: “Me estás matando @JuliMoret. Tu libro es impresionante.” Finalmente, el 2 de octubre tuitié: “Tu libro es muy muy hermoso, @JuliMoret. Es emocionante y divertido e importante. Es tuyo y universal.”
El libro es un relato, en primerísima persona, de una mujer que va descubriendo que su hijo tiene síndrome de Asperger; y que va descubriendo qué es eso, qué significa eso para ella como madre, esposa, mujer, hermana, hija. Es, como dice Santiago Llach en el prólogo, “una historia fascinante de shock familiar y redención, un thriller de las emociones íntimas, un testimonio de todo lo que somos capaces de hacer los seres humanos.” (p. 19) Un libro que empieza con una madre con miedo a qué le dirán en el colegio otras madres y maestras sobre su hijo, que se comporta distinto a los demás: “Trato de no hacer contacto visual con ninguna madre para no habilitar la charla. (...) Estoy al límite de la autocompasión”. (p. 54) Y que termina con una mujer que quiere ayudar a otras madres de chicos con Asperger y a todos los chicos con Asperger. Una madre que empieza buscando en las librerías “un libro testimonial (…) que sea desde el punto de vista de la madre. Quiero un libro que me cuente qué siente una mujer, una madre como yo” (p. 173) y que termina escribiéndolo. Por eso no está mal la etiqueta que le da Llach en el prólogo de “superheroína de la empatía”. (p. 18)
Pero no es un libro para madres de chicos con Asperger. Hay sin duda algo totalmente subjetivo: nadie más es como Julia Moret. Pero hay algo mucho más general sobre qué significa ser madre, qué es ser mujer, esposa y todo lo demás. Moret se pregunta todo el tiempo cómo vivimos, en esa realidad que nos toca; preguntas como: “¿Eso es ser padre? ¿Esperar a que un hijo crezca?” (p. 31) “¿No hacen eso las familias?” (p. 97) “¿No hacen eso las parejas?” (p. 106) “¿No es eso quererse?” (p. 230) Hay cosas muy específicas de ser madre de un chico con Asperger, como la dificultad de la vida social del chico (“mi hijo tiene un amigo y lo cuidamos como si fuera un Quinquela heredado de mi abuela Nina.” - p. 71) Y otras que son comunes a todos: “Paso el peine fino y quiero gritar de la cantidad de piojos que estoy sacando. Me pregunto qué estará haciendo en este momento Scarlett Johansson.” (p. 315) (Necesitamos un poema largo sobre la lucha de la madre contra los piojos. Ahí se juega una desigualdad de género olvidada.) Es ahí donde el libro deja de ser sólo de Moret y pasa a hablar de algo universal, de cómo todos buscamos acomodarnos a esta cosa rara que es la vida (y cómo muchos de nosotros lo hacemos en parte a través de andar leyendo a otros y escribiendo para otros).
Como muestran las últimas dos citas, Moret apela frecuentemente al humor. Estuve al borde del llanto mil veces: con comentarios o preguntas del hijo; con detalles sobre cosas que ven o preguntan los padres o hermanas de Moret sobre su hijo. Sobre lo que ella misma puede preguntarse y permitirse decir y desear respecto de su hijo. Me emocionó mucho todo el juego con el marido y me sentí identificado con esa torpeza que tenemos a veces (siempre) para cuidar a las madres. Pero Moret vuelve una y otra vez al humor y lucha contra la autovictimización. De nuevo, esto es válido para la madre de un chico con Asperger y para todos. “Las madres y los hijos son como las almendras del helado: no se eligen, te tocan y listo.” (p. 62) Ante eso no sirve ni victimizarse ni negar las dificultades propias sino enfrentar esta cosa rara con el corazón abierto, con humor y con empatía hacia los otros que van por este camino. Por eso, además de lo más concreto de ser una madre de un chico con Asperger, por eso este es un libro importante.

lunes, 2 de octubre de 2017

Hasta siempre


Volví a leer la novela que más veces leí. ¿Tres, cuatro, cinco, seis? Ni idea, qué importa. No me canso nunca de ver El Padrino y no me canso nunca de leer El largo adiós, de Raymond Chandler. Y dejé de escuchar a Dolina, a mis 18 o 20 años, cuando lo escuché desdeñar a Chandler aduciendo que al fin de cuentas sólo escribía novelas de detectives. 
Una particularidad de esta lectura es que la hice a los 42 años, a la misma edad que tiene en la novela su héroe, Philip Marlowe, el detective privado por antonomasia. Como dice Marlowe de su cliente en la novela, Terry Lennox, es imposible no amar a Marlowe. Marlowe es todo lo que debe ser un hombre: fuerte, decidido, valiente, independiente, culto sin snobismo (describe “decoraciones por Duhaux en el último simbolismo subfálico”-  p. 18), caballero sin afectación, irónico sin que eso lo convierta en insensible. Marlowe está en el mundo para ayudar a otros con sus problemas pero siempre buscando que prevalezca la verdad y la justicia. La ciudad es un mundo desordenado y hostil, y él está ahí para ponerle un poco de orden y justicia, para compensar un poco. Al lado de Marlowe somos todos poca cosa pero, al mismo tiempo, de Marlowe aprendemos que hay que intentarlo igual; aunque nos fajen o nos cueste, hay que intentar poner orden y humanidad en el medio del caos. Marlowe nació en un pueblo chico y nos dice que le podría haber ido bien allá. Nos pinta una vida de rico de pueblo chico y concluye: “Quedatela vos, querido. Yo me quedo con la ciudad grande sórdida sucia y torcida.” (p. 249) Podría haberme quedado afuera pero me vine a dar una mano.
El tema principal de la novela es esa ética; es la defensa de una forma de vida ajustada a la justicia y la verdad en un mundo difícil y desordenado en el cual a muchos malos les va muy bien. No es un superhéroe, el bien no siempre triunfa, pero cada tanto el detective puede compensar. Otro tema es el adiós, la despedida. Muchos de los personajes pierden cosas en la novela y tienen que hacer duelos, pero no todos lo logran. Ni Eileen Wade ni Lennox ni Roger Wade. Marlowe tiene que soltar a Lennox y también a Linda. Con Lennox hace todas las cosas sentimentales que él le pide en su carta, y dijo su adiós “cuando valía de verdad (...) cuando era triste solitario y final.” (p. 378) Y con Linda razona que “Los franceses tienen una expresión. Los hijos de puta tienen una expresión para todo y siempre tienen razón. Decir adiós es morir un poco.” (p. 365) Así que además de todo lo demás, Marlowe es el más maduro de todos los personajes, el que lidia con el dolor y la pérdida como un adulto.
El otro gran tema es uno de los grandes tema de la vida del autor, aquello a lo que el autor no pudo decirle adiós: el alcohol. La novela comienza, los problemas de Marlowe comienzan, justamente por el alcohol: “siempre es un error interferir con un borracho” (p. 4). Y los dos hombres que crean el conflicto central, por decirlo así, son borrachos. El alcoholismo cambia todo: “Un hombre que puede tomar mucho en alguna ocasión sigue siendo el mismo hombre que era sobrio. Un alcohólico, un alcohólico de verdad, no es para nada el mismo hombre. No podés predecir con seguridad nada que tenga que ver con él salvo que será una persona que nunca antes conociste.” (p. 181)
El argumento puede ser un poco demasiado complejo, y en algún momento una cosa que a Marlowe le tarda un tiempo hoy nos parece obvia. También es verdad que hoy, después de todas las novelas de detectives que leímos y todas las películas de detectives que vimos, el tono puede parecer un poco cliché. Es como escuchar la voz en off de La pistola desnuda, esa voz de primera persona dura y rasposa, irónica y canchera. Pero hay que recordar que si no fue el primero, Chandler es de los primeros. Y sobre todo, que nadie lo hace como él, con su riqueza de lenguaje y su humor y su ritmo. Para mí Chandler es un genio de la metáfora, una metáfora corrida y original: “El oleaje tiene la tranquilidad de una señora vieja cantando en la iglesia” (p. 37); “...dijo en una voz hecha con lo que usan para forrar las nubes de verano” (p. 95); “yo pertenecía a Idle Valley como una cebolla perla en un banana split” (p. 98); “Pasó una hora como una cucaracha enferma”.(p. 137).
A este paladín de la justicia no le decimos nunca adiós sino siempre hasta pronto: y si a los 20 la leí queriendo convertirme en un hombre como Marlowe, espero no pensar dentro de veinte años "qué equivocado está este muchacho".

Originales de las citas usadas
“decorations by Duhaux in the latest subphallic symbolism.” (p. 18)
“You take it, friend. I’ll take the big sordid dirty crooked city.” (p. 249)
“So long, amigo. I won’t say goodbye. I said it to you when it meant something. I said it when it was sad and lonely and final.” (p. 378)
“The French have a phrase for it. The bastards have a phrase for everything and they are always right. To say goodbye is to die a little.” (p. 365)
“it’s always a mistake to interfere with a drunk.” (p. 4)
“A man who drinks too much on occasion is still the same man as he was sober. An alcoholic, a real alcoholic, is not the same man at all. You can’t predict anything about him for sure except that he will be someone you never met before.” (p. 181)
“The swell is as gentle as an old lady singing hymns.” (p. 37)
“she said in a voice like the stuff they use to line summer clouds with”. (p. 95)
“I belonged on Idle Valley like a pearl onion on a banana split.” (p. 98)
“An hour crawled by like a sick cockroach.” (p. 137)


lunes, 25 de septiembre de 2017

Educar para el desarrollo


Leí con mucho gusto La mala educación. ¿Qué pasó con la escuela en la Argentina?, de mi amiga Helena Rovner y Eugenio Monjeau. El libro es, ante todo, un alegato a encarar en serio la cuestión educativa, después de años en los que, en palabras de Mariano Narodowski en el prólogo, no mandaron “la exigencia, el pensamiento crítico y la igualdad de oportunidades en el ámbito educativo, sino la superficialidad y lo políticamente correcto”. (p. 20) Y la importancia de ese alegato se sostiene en la convicción sarmientina de que nada es más importante que la educación para construir un país desarrollado y con oportunidades. 
Efectivamente, “es antes que nada un libro ideológico. (...) La parte central del texto es una defensa de ideas liberales en el ámbito de la educación” (p. 12) y un enjuiciamiento de lo que el “progresismo” hizo o dejó de hacer con la educación. Los autores dicen que “las orientaciones educativas autoidentificadas como latinoamericanistas, o como de izquierda (...) cubrieron los cargos disponibles durante distintas gestiones en las carteras educativas de gobiernos nacionales y provinciales”. (p. 79) Y que los resultados fueron lamentables: “La educación en democracia solo mejoró la cobertura educativa básica (...) pero sigue siendo incapaz de retener a los más vulnerables cuando traspasan el difícil umbral de la adolescencia, y sistemáticamente demuestra impartir una educación de peor calidad entre los más pobres y los que viven en zonas más remotas y aisladas.” (p. 78-79) El kirchnerismo es en esta línea algo así como la frutilla del postre, la “fase superior del progresismo”.
En segundo lugar, el libro es un buen inventario de los problemas que afronta la educación en Argentina. Los “déficits más graves (...) En el nivel primario (...) un proceso constante de migración del sistema público al privado. (...) En el nivel secundario, los problemas de eficiencia educativa y de inequidad son alarmantes (...) el ausentismo escolar argentino es el más elevado de entre los países evaluados por la OCDE (...) La calidad educativa (...) no cesa de descender (...) las universidades argentinas producen menos egresados que sus pares brasileñas o chilenas”. (p. 60-63) Al mismo tiempo, los autores son claros en que la prioridad es el nivel secundario.
Rovner y Monjeau no explican cómo podemos resolver todos estos problemas, lo cual tampoco pedimos. Pero sí dan un argumento general sobre la salida posible, que pasa antes que nada por fortalecer a los usuarios de la educación, a las familias, con información útil y confiable (frente a la “era de oscurantismo estadístico” que significó el kirchnerismo - p. 51) El argumento básico, central al libro, es el del contrato social educativo roto, lo que genera la dinámica perversa de la migración al sistema privado, lo que hace que cada vez menos gente demande cambios. “Una gestión comprometida con el futuro del país debería hacer dos cosas: en primer lugar evitar que la gente tome la opción de salida de la educación pública; en segundo lugar, fortalecer los mecanismos de los que eligen la opción de la voz.” (p. 105) Eso implica que “Los gestores de la educación tienen que empezar a ser públicamente responsables” (p. 126) y “debilitar la opción de salida a la vez que se fortalece la de voz. Para ello, son fundamentales la autonomía escolar y poner al docente en el centro”. (p. 151)
Pedir a los autores que avancen mucho más allá que esto en la posibilidad y mecanismo del cambio es imposible. (Tampoco pedimos estar de acuerdo en todo, y no estoy de acuerdo con el tratamiento que dan al tema Ecuador, pero no es algo central al argumento del libro y ya lo he discutido con la autora.) Lo importante es que es un libro que explica bien los problemas centrales de la educación en Argentina, y lo hace con buena prosa, explicando simple, con ritmo y hasta humor. Nos queda claro, al final, que “El sistema educativo argentino, después de décadas y experimentos fallidos, educa a pocos, y los educa mal.” (p. 227) Y nos da una idea del camino del cambio: “el paso inicial para recomponer un contrato social educativo es admitir que las cosas sí son tan malas como parecen, y volver a los reclamos básicos.” (p. 229)

lunes, 18 de septiembre de 2017

Lo que no amé


No amé What I loved, de Siri Hustvedt. Me gustaron las primeras páginas, su ritmo y su cadencia, me gustó la calidad del lenguaje y por momentos me enganché por lo que me pareció que la novela parecía ser, antes de que se desviara. Pero nunca me terminé de creer al narrador, un historiador del arte viejo y casi ciego que en un par de meses redacta la historia de su vida con una precisión envidiable. Pero sobre todo, bah, no, sobre todo no, porque no hay nada posible si no le creemos al narrador; además, digo, la novela me pareció demasiado ambiciosa en los temas que quiere desarrollar, y entonces sentí que se iba deshilachando. Entre literatura de los vínculos, novela de ideas y thriller psicológico, para mí no terminó siendo nada de esto y me resulta difícil ahora entender cómo logré terminarla - porque es larga.
Uno de los grandes temas del libro, el que perfectamente podría haber sido el único, el que me enganchó, es el de los límites entre una persona y otra, las fronteras, dónde empieza y termina cada persona. Cómo nuestras vidas y nuestras emociones se entrelazan y se confunden con las de otros. La estructura principal de la novela se desarrolla sobre un pentágono de adultos: Leo (el narrador, profesor de historia del arte) y su mujer Erica (crítica literaria); su amigo Bill (artista plástico) y su primera mujer Lucille (poeta) y su segunda mujer Violet (historiadora de la cultura). Los hijos, Mathew (de Leo y Erica) y Mark (de Bill y Lucille), completan el grupo de los personajes principales. Esa falta de límites claros se ve en las relaciones, se ve en el arte de Bill, en los escritos de los demás y hasta en una pequeña imagen: un transformer (¿es esto o es lo otro?) en el suelo después de una escena importante. Pero sobre todo, la historia de Leo se ve en la imagen del cajón de su escritorio donde guarda objetos que le recuerda lo que amó, “era un lugar para registrar lo que había perdido.” (p. 191) Ahí está toda su vida y sus afectos mezclados en un pequeño espacio, y reordenando los objetos Leo tiene la ilusión de reordenar su vida.
Me hubiera gustado una novela más escueta y concentrada en ese tema y simbolizada en ese cajón. La imagen de un cajón de los recuerdos es hermosa para estructurar la historia de una vida. Pero el cajón no tiene nada que ver con el arte ni con las enfermedades mentales, que son otros dos grandes ejes conceptuales de la novela. El del arte me pareció francamente aburrido; la historia de los cinco se escribe en parte con sus obras artísticas o académicas; y leer dos o tres páginas sobre una muestra de arte inexistente es un bodrio, además de requerir un esfuerzo de imaginación abrumador, por lo menos para mí. Hay algo de esnobismo intelectual también, en ese retrato de la Nueva York intelectual y artística. Como cuando el narrador remarca que la forma en que habla Violet varía al hablar de Mark: “En todos los demás temas, ella hablaba como siempre, fácilmente y con fluidez, cerrando cada oración con un punto final, pero Mark la ponía vacilante, y sus palabras quedaban colgando sin finales.” (p. 183) ¿Qué ser humano puede hacer una observación como esa y, sobre todo, recordarla algo así como cinco años después?
Las enfermedades mentales comienzan con el tema de tesis de Violet (la histeria en el siglo XIX) y siguen con su segundo tema de estudio (la anorexia en el siglo XX). Además, el hermano de Bill sufre una enfermedad mental y el libro termina como un thriller psicopatológico / criminal. Este giro ocupa buena parte de la segunda mitad del libro y es ahí donde fui perdiendo cada vez más el interés y ahora, mirando hacia atrás, me cuesta entender cómo seguí adelante.

Originales de las citas usadas
The drawer “was a place to record what I missed.” (p. 191)
“On every other topic, she spoke as she always did, easily and fluently, rounding off her sentences with periods, but Mark made her hesitant, and her words were left hanging without ends.” (p. 183)

lunes, 11 de septiembre de 2017

Jardines rotos

Crece la sección McCarthy de mi biblioteca.

Leí The Gardener’s Son, un guión escrito por Cormac McCarthy, uno de mis novelistas favoritos, en 1975. El guión fue un encargo del director Richard Pearce, quien lo filmó paraPBS.
Leer guiones es siempre un gran ejercicio. La primera vez que leí un guión fue para traducirlo del español al inglés; un amigo productor necesitaba una versión en inglés de un guión para buscar inversores y me contrató para hacerlo. El guión era de un muy buen autor/director argentino, y me resultó muy útil para llevar algo de eso a la narrativa: concentrarse en imágenes y diálogo, no escribir la vida interna de los personajes sino mostrarla. McCarthy hace mucho de eso en su narrativa, y en un guión mucho más. Es un gran ejercicio.
Basado en una historia real ocurrida en el sur de EE.UU. en 1876, el guión habla de un pueblo que gira alrededor de un molino de algodón. El viejo dueño, que muere al principio de la historia, tenía ideas progresistas que incluían el embellecimiento del pueblo, y por eso tenía contratado a un jardinero (McEvoy padre). El hijo del jardinero pierde una pierna en un accidente del que no sabemos nada, deja un trabajo de oficina en el molino y deja el pueblo. Vemos también al hijo del dueño, que no es tan progresista, haciendo una propuesta indecente a una hija de McEvoy. En el segundo acto, años después, el hijo del jardinero regresa: su madre murió, su padre ya no arregla jardines sino que trabaja en el molino y los jardines se vinieron abajo. Como dice un veterano: “Ya no importan tanto los jardines por acá. Los jardines siempre son lo primero que se pierde.” (p. 42) El hijo va a las oficinas del molino, se encuentra con el nuevo dueño y lo mata. Sus abogados lo convencen de que no hable mal del muerto, de su recurrente acoso a mujeres y es condenado a la pena de muerte.
Lo más llamativo del guión es lo que no se dice: por qué mata el hijo del jardinero al hijo del dueño. En la entrada de Wikipedia del guión se habla del enojo del asesino por el comportamiento capitalista del asesinado, pero eso no surge directamente del libro. No sabemos tampoco si el accidente por el que el asesino perdió su pierna se relaciona con el asesinado; ni si sabía que su hermana había sido acosada por él. No sabemos tampoco si el consejo del abogado tenía como objetivo beneficiar al cliente o sólo a la familia del muerto. Así y todo, suponemos que no hubo justicia. Entre la declaración del abogado (“Si los hombres no fueran más justos que Dios no habría justicia en este mundo. En todos lados donde miro veo a hombres tratando de corregir las injusticias con los que los dejó Dios”) y el sufrimiento del padre, nos quedamos con el corazón roto del viejo jardinero.

Originales de las citas usadas
“Not big on gardens here no more. Gardens is always the first thing to go.” (p. 42)
“If men were no more just than God there’d be no peace in this world. Everywhere I look I see men trying to set right the inequities that God left them with.” (p. 68)

domingo, 3 de septiembre de 2017

Esas vidas ajenas



Leí The Dance of the Happy Shades, de Alice Munro (había leído de ella Runaway Too much Happiness), y la amé. Es una maravillosa colección de cuentos cruzada por el misterio que representa la vida de los otros, aun de aquellos más cercanos, de la opacidad del ser, y de lo que podemos hacer con esos misterios.
Todos los cuentos están ubicados en pequeños pueblos de Canadá en los que lo urbano y lo rural se confunden, donde la vida está siempre bajo escrutinio. “Me parecía a mí que en cada una de esas casas vivían personas que sabían algo que yo no sabía. Que entendían lo que había ocurrido y que quizás sabían que iba a ocurrir y que yo era la única que no lo sabía.” (p. 142) Casi siempre son mujeres (y no me terminé de creer al único narrador masculino); mujeres que viven con lo justo materialmente y emocionalmente; mujeres a quienes no les sobra nada pero que de alguna manera, como decíamos el viernes con @sgigantic hablando de los personajes de Richard Ford, se la bancan. Una y otra vez en los cuentos aparece el cambio como concepto: las cosas están dejando o dejaron de ser como eran, sobre todo porque entran en decadencia; avanza cierta modernidad que deja cosas atrás, estilos de vida como los de la maestra de piano del último cuento, el que le da el nombre a la colección; o cambios internos, como muchos cuentos de chicas que están ahí al borde de dejar la niñez o dejándola o habiéndola dejado recientemente.
Pero sobre todo está esa distancia infranqueable con los otros, incluso y sobre todo con los más cercanos. La mayoría son cuentos sobre padres e hijas, sobre madres e hijas y sobre hermanas. Una hija reflexiona sobre su padre: “Siento que al final de la tarde la vida de mi padre fluye de vuelta desde nuestro auto, poniéndose oscura y extraña, como un  paisaje que tiene un hechizo que lo hace bueno, ordinario y conocido mientras lo mirás, pero que lo convierte, cuando te das vuelta, en algo que nunca vas a conocer, con todos los climas, y distancias que no podés imaginar.” (p. 18) Una señora vieja le cuenta a una mujer joven del marido que la dejó: “Nunca sabrás lo que hay en la cabeza de un hombre, ni cuando estás viviendo con él.” (p. 21) “Que el corazón de otra persona es un libro cerrado es algo que le escucharás decir con frecuencia y sin remordimiento”, dice la escritora de “The Office” sobre su marido (p. 61) “Sean cuales fueran los pensamientos e historias que tuviera mi padre, eran privados, y yo era tímida con él y nunca le hacía preguntas”, dice la nena de “Boys and Girls”. (p. 114)
El misterio, la paradoja y el milagro es que Alice pueda hacer literatura con esa opacidad, de esa opacidad. “Nadie habla el mismo lenguaje” (p. 209) dice la hermana menor de “The Peace of Utrecht”. Y aunque no hay lenguaje compartido, de esa falta de lenguaje Alice hace literatura. El cuento “The Office”, así, parece una metáfora de su método.
En “The Office”, una mujer, esposa y madre, alquila una oficina fuera de su casa para poder escribir. (“Soy escritora. Eso no suena bien. Demasiado presuntuoso; falso, o por lo menos poco convincente. Tratá de nuevo. Escribo. ¿Está mejor? Trato de escribir. Eso lo empeora. Humildad hipócrita. ¿Entonces?” - p. 59) El dueño de la oficina intenta entrometerse en sus cosas, ella le cierra el paso y él se enoja y empieza a fabular sobre ella, acusándola falsamente de mal comportamiento. A partir de esa fabulación ella pasa a no creer los cuentos que el Sr. Malley le había hecho de un inquilino interior: “No era cómodo ver cómo se construían las leyendas de la vida del Sr. Malley” (p. 71) dice la escritora; pero termina el cuento diciendo: “Mientras yo ordeno palabras, y pienso que tengo el derecho de sacármelo de encima.” (p. 74) De lo opaco algunos construyen fábulas y otros hacen literatura.

Originales de las citas usadas
“It seemed to me that in every one of those houses lived people who knew something I didn’t. Who understood what had happened and perhaps had known it was going to happen and I was the only one who didn’t know.” (p. 142)
“I feel my father’s life flowing back from our car in the last of the afternoon, darkening and turning strange, like a landscape that has an enchantment on it, making it kindly, ordinary and familiar while you are looking at it, but changing it, once your back is turned, into something you will never know, with all kinds of weathers, and distances you cannot imagine.” (p. 18)
“What’s in a man’s mind even when you’re living with him you will never know.” (p. 21)
“That the heart of another person is a closed book, is something you will hear him say frequently, and without regret.” (p. 61)
“Whatever thoughts and stories my father had were private, and I was shy of him and would never ask him questions.” (p. 114)
“nobody speaks the same language.” (p. 209)
“I am a writer. That does not sound right. Too presumptuous; phony, or at least unconvincing. Try again. I write. Is that better? I try to write. That makes it worse. Hypocritical humility. Well then?” (p. 59)
“It was not comfortable to see how the legends of Mr. Malley’s life were built up.” (p. 71)
“While I arrange words, and think it is my right to be rid of him.” (p. 74)

lunes, 28 de agosto de 2017

Mentes brillantes


De viaje por Berlín, entré a Mundo Azul, la hermosa librería de libros infantiles de una amiga, y me fui con Marx, Freud & Einstein. Heroes of the mind (además de muchos otros libros para mis hijas). Me divirtió la idea de biografías en comics; me recordó al diktum de un viejo amigo de la facultad a quien no veo hace años, A.B., quien decía que estos tres personajes más Jesús comprobaban la superioridad de la raza judía; y me pareció un gran recuerdo de Berlín.
El libro resultó divertido más por las ilustraciones y por las irreverencias que por el contenido. No es un Marx, Freud y Einstein para tontos: no entendí mucho más sobre Marx y Freud (y seguí sin entender nada sobre Einstein). Pero sigue siendo un libro hermoso y un gran recuerdo sobre Berlín.

lunes, 21 de agosto de 2017

Para qué leer


Más o menos a la mitad de la lectura de Tropic of Cancer, aburrido hacía rato, me di cuenta de que ya lo había leído. Hace muchos años, antes de tener un blog donde hago apuntes sobre los libros que leo, leí a Henry Miller. ¿Qué me pareció en aquel momento? No me acuerdo, pero supongo que me llamó la atención que se pudiera escribir así: sin plan aparente, sin continuidad, hablando de sexo, de prostitutas, de enfermedades, sin ningún tipo de decoro.
En París entre las guerras, no hay nada que hacer más que pasar el tiempo y perseguir prostitutas. “Nos está comiendo el cáncer del tiempo. Nuestros héroes se han suicidado, o se están suicidando. El héroe, entonces, no es el Tiempo, sino La Ausencia de Tiempo.” (p. 1) ¿Cómo se sigue de ahí? En serio: si arrancás así en la página 1: ¿para qué seguir? Me pasa un poco lo mismo que con los Beat: si es todo una mierda, ¿para qué me hacés leerte? Decímelo en la primera página y dejame seguir con otro libro. “¿Qué sentido tiene poner palabras una al lado de la otra? ¿Puedo ser escritor sin escribir, o no? ¿Qué pruebo escribiendo un libro? ¿Y al final: para qué queremos libros? Ya hay demasiados libros.” (p. 40) ¿Hace falta leer cuarenta páginas más de deambular por París, ver la decadencia y la degradación para que me digas que no tiene sentido escribir?
Leemos Miller porque es el eslabón perdido entre la Generación Perdida y la Generación Beat. Tiene sentido en términos de la historia de la literatura. Pero esta vez lo dejo en la mitad. Quizás ayudado por esto: “De alguna manera, darme cuenta de que no había esperanza alguna tuvo un efecto saludable sobre mí. Por semanas y meses, por años, de hecho, toda mi vida había estado esperando que algo pasara, algún evento intrínseco que alteraría mi vida, y ahora, de pronto, inspirado por la desesperanza absoluta de todo, me sentí aliviado, me sentí como si un gran peso hubiera sido removido de mis espaldas.” (p. 79) Suficiente peso fue removido de mis hombros como para sentir que no tengo ninguna obligación de terminar este libro, que tengo mucho en la mesa de luz esperándome, incluyendo el Mairal y el Hustvedt que compré el sábado con hija#2.

Citas usadas (y una yapa)
“The cancer of time is eating us away. Our heroes have killed themselves, or are killing themselves. The hero, then, is not Time, but Timelessness.” (p. 1)
“What’s the use of putting words together? I can be a writer without writing, can’t I? What does it prove if I write a book? What do we want with books anyway? There are too many books already.” (p. 40)
“Somehow the realization that nothing was to be hoped for had a salutary effect upon me. For weeks and months, for years, in fact, all my life I had been looking forward to something happening, some intrinsic event that would alter my life, and now suddenly, inspired by the absolute hopelessness of everything, I felt relieved, felt as though a great burden had been lifted from my shoulders.” (p. 79)
“Art consists in going the full length. If you start with the drums you have to end with dynamite, or TNT.” / “El arte consiste en ir hasta el final. Si empezás con tamboras tenés que terminar con dinamita o TNT.” (p. 62)

lunes, 14 de agosto de 2017

Un policial


No me gusta escribir apuntes de libros que no me gustaron. Y menos cuando lo escribió un argentino o una argentina, como este caso. Es más fácil hablar mal del libro de un extranjero y sobre todo de un extranjero consagrado (como Auster o Lessing) que de un compatriota contemporáneo. Una vez lo que hice fue decir todo lo que no me gustó de un libro de un autor (que me gusta) y después no publicar el apunte lectura: lo dejé en draft permanente en este blog, por ahí está todavía. Quizás está mal; en mi defensa, diría que no le debo a nadie una honestidad total, pero no sé si me convenzo.

Habiendo dicho eso, no me gustó mucho Los motivos del Lobo, de Liliana Escliar, un policial puesto en la Buenos Aires de nuestros días (poco más o poco menos). A favor debo decir que tiene buen ritmo, y me gustó que es un especie de homenaje al género policial; también me parece que tiene buenas escenas. Pero al final no me pareció ni un policial negro ni de intriga, sino algo en el medio; y para mí gusto el argumento no se sostiene del todo: en definitiva, y para decirlo sin spoilear, no me convencieron los motivos del lobo.

lunes, 7 de agosto de 2017

Autobiografía no autorizada


Maniobras de evasión, de Pedro Mairal, es algo así como una autobiografía literaria no autorizada. En 39 textos cortos, Mairal nos habla de momentos de su formación como escritor; hace foco en algunos hitos que lo marcaron como escritor; se recuerda a sí mismo que escribir le hace bien, se castiga por no escribir suficiente y se intenta convencer de que “la literatura no existe más, al menos para mí, y me alegra” (p. 11); nos cuenta algunas maniobras para evitar evadirse de escribir, reflexiona sobre el lenguaje; convoca pero mantiene a raya a la melancolía; se ríe del mundo que rodea al escritor, de la “máquina de vender libros” (p. 63), de los congresos, de las charlas, de los encuentros entre escritores, de las fiestas y los tiroteos nocturnos; pero también de momentos de su niñez, de su madre, de un accidente que lo marcó, de sus relaciones, de sus hijos.
En el primer texto del libro (“Quiero escribir pero me sale espuma”) dice que está “tratando de ver si hay un libro en todo lo que escribí estos últimos cinco años, un libro que se llame ‘La novela que no estoy escribiendo’, pero no sé todavía, no sé lo que mantiene unida en papel toda esa masa de textos.” (p. 13) El cemento, además de la propia vida de Mairal, son las reflexiones sobre la palabra y sobre el lugar del escritor. Está, por ejemplo, la idea de la imposibilidad de escribir: “Siempre siento que es imposible superar al gran guionista del mundo.” (p. 158); “no hay que escribir más, ¿para qué? No hay que leer tampoco. Hay que asombrarse, nomás.” (p. 159); la idea de que eso que tenemos en la cabeza siempre termina pareciendo torpe y pobre cuando finalmente llegamos al teclado. Segundo, el lugar confuso del escritor: “Se renuncia a ser una persona real, que trabaja y gana plata y construye algo palpable, y se acepta esa condición algo fantasma, del que no va, falta, se sienta a escribir, entra en la experiencia paralela, redacta, lee, no está presente.” (p. 234) Ese lugar que es en la vida y en los propios textos, y cómo lo escrito vuelve y afecta la vida real. En tercer lugar, se puede hacer literatura con todo, con cualquier cosa, está todo allí disponible si escuchamos y miramos lo que nos propone aquel gran guionista.
Digo que es una autobiografía literaria no autorizada porque da la impresión de que el autor no se autoriza a sí mismo a ir tan lejos, que no se toma a sí mismo tan en serio. Pero al mismo tiempo, esto es lo que uno puede esperar de un escritor, esto es lo que queremos los que leemos literatura. El crítico podría hacer esa biografía, para el escritor no puede haber algo tan cerrado, tiene que quedar algo sin acabar, tiene que haber algo caleidoscópico y contradictorio porque así es la subjetividad, y algo intersubjetivo junto a toda esa tribu de escritores de su misma generación (y de lectores que andamos por ahí cerca).

Cada vez que leo a Mairal (en el blog hablamos de Una noche con Sabrina Love, El año del desierto y La uruguaya) me hace sentir al mismo tiempo que escribir es fácil, que por qué no escribo más si es una boludez, y que no tengo chance, de que nunca voy a lograrlo, de que es imposible llegar a ese equilibrio entre la tradición y la propia época, entre el lenguaje preciso y elaborado y que los relatos suenen reales y los personajes parezcan personas y no caricaturas. Al final del día, quizás tenga que resignarme a escribir sin que me importe el resultado, a que no puedo escaparle a esa necesidad y que entonces logre hacerlo, como Mermet según Marial, “sin pretender nada a cambio: ni reconocimiento, ni lectores, ni aplausos, ni premios, ni publicaciones.” (p. 107) Esperando que al final se ordene todo.

lunes, 31 de julio de 2017

Más sueños rotos


Releí, después de muchos años, Of Mice and Men, clásico de John Steinbeck que había leído en el secundario. Es una novella hermosa, concisa, directa y que fluye como un río ancho: parece manso pero en el centro del cauce hay corrientes fuertes.
George y Lennie son trabajadores rurales migrantes que tienen el sueño de llegar a tener un pedazo de tierra suyo. Pero como casi todos los planes de ratones y hombres (el título de la novela surge de un poema de Robert Burns que dice básicamente esto), los sueños de estos muchachos terminan mal. No son los únicos: otros personajes también tienen sueños destinados al fracaso o que ya se hundieron (como el de la mujer de Curley de ser estrella de cine). Hasta Crooks, el negro que perdió toda esperanza, tiene un momento de ilusión. Al escuchar el sueño de Lennie primero dice: “Ví a cientos de hombres venir ‘e la calle a los campos, con sus bultos a la espalda y esa misma mierda en sus cabezas. Cientos. (...) cada uno ‘e ellos tiene ese cacho ‘e tierra en su cabeza. Y ni un puto ‘e ‘llos lo logra. Como el cielo. Todos quieren un cacho ‘e tierra. Leí una pila de libros acá. Nunca nadie llega al cielo, y nadie recibe ninguna tierra.” (p. 49) Pero después  el mismo Crooks quiere sumarse a ese mismo sueño, a ese proyecto, se ilusiona por unos minutos.
El libro va así a un tema central de toda la literatura americana, que una y otra vez vuelve a los sueños rotos, al fracaso del sueño americano. Un paso más allá, Steinbeck nos dice que soñar es lo propio de lo humano. Una cosa que me llamó mucho la atención es la permanente referencia al mundo animal. El libro comienza con la descripción de un recoveco en el río Salinas; Steinbeck nos describe el río, las montañas, los árboles y hace referencia a los animales que pasan por allí (conejos, lagartijas, ciervos, perros, mapaches). Justo antes de que entren en escena George y Lennie nos muestra una garza. El libro termina en ese mismo lugar, en el que el desenlace de la historia de estos hombres es precedido por la imagen de una garza comiéndose a una anguila. Los sueños de la anguila truncos como los de Lennie y George. El mismo Lennie, un chico grandote con evidentes déficits intelectuales, es descripto como un animal: como un “terrier” (p. 7), a sus manos como garras. (p. 3) La mujer de Lennie, en la escena del granero, se “desploma como un pescado”. Sólo los humanos sueñan, y sólo los humanos sufren la soledad, otro gran tema del libro. Finalmente, el desenlace de Lennie es como el de la vieja perra de Candy, otro de los trabajadores del rancho, y en un sentido, inevitable, como dice Slim al final.
Amé volver a leer este libro y su cadencia perfecta, su estilo directo, su ritmo, la ausencia casi total de juicio y de pensamiento. Está todo afuera, en acciones, en descripciones y en diálogos (salvo un “ominoso” en la p. 18 que yo hubiera borrado). Un hermoso relato sobre un tema universal.

Original de la cita usada
“I seen hunderds of men come by on the road an’ on the ranches, with their bindles on their back an’ that same damn thing in their heads. Hunderds of them. They come, an’ they quit an’ go on; an’ every damn one of ’em’s got a little piece of land in his head. An’ never a God damn one of ’em ever gets it. Just like heaven. Ever’body wants a little piece of lan’. I read plenty of books out here. Nobody never gets to heaven, and nobody gets no land.

martes, 25 de julio de 2017

Buena terrorista, mala lectura


Leí The Good Terrorist, de Doris Lessing, y me aburrió. Se me hizo largo y no me agarró ninguno de los personajes. El planteo general no está mal: en la Inglaterra de Thatcher, en medio de la Guerra Fría y con la IRA aún activa, un grupo de jóvenes vive en casas ocupadas, participa de manifestaciones, fantasea con una revolución y coquetea con el terrorismo. Son chicos perdidos, sin idea de nada, sin método ni visión.
Sólo con uno de los personajes, Alice, tenemos una mirada un poco más profunda de por qué está ahí. Alice tiene 36 años y defiende la causa de los trabajadores aunque nunca trabajó; es hija de un padre socialista devenido en pequeño empresario y de una madre ama de casa de origen obrero. Alice se va metiendo en este mundo difícil un poco por ingenuidad y desconocimiento, otro poco por una rebeldía tardía y no demasiado bien llevada contra sus padres y por cierto bloqueo sexual. El catalizador para esto es Jasper, un amateur de la revolución y homosexual a escondidas que es admirado únicamente por Alice, que se mantiene sometida a él de manera inexplicable para todos los demás.
“¿Es todo esto simplemente miedo al sexo?” (p. 103) se pregunta Alice de manera demasiado directa (como en muchas otras partes donde, a mi gusto, Lessing explica demasiado). Que la chica que le tiene terror al sexo se enganche fatalmente con un homosexual es parte de la explicación. La otra es un rechazo a sus padres, que no impide que Alice termine haciendo para los chicos de la casa tomada lo mismo que su madre hiciera para su familia de clase media; como le dice la madre a la hija: “resulta que te pasás la vida haciendo exactamente lo mismo que yo. Cocinando y haciendo de niñera para otros. Un burrito de carga todoterreno femenino.” (p. 334)
Al final del día, todo esto me pareció poco y largo y tampoco me dio alegrías por el lado de la forma. ¿Habrá que leer algo más de Lessing para ver qué hay ahí?

Originales de las citas usadas
“is it all just fear of sex?” (p. 103)
“But it turned out that you spend your life exactly as I did. Cooking and nannying for other people. An all-purpose female drudge.” (p. 334)

martes, 11 de julio de 2017

Una historia imposible

Antes de viajar a Alemania le pedí a mi amigo M.B. que me recomendara un libro y me sugirió Germany: Memories of a Nation, de Neil MacGregor. No erró. Es un libro maravilloso que te cuenta la historia cultural de un país tan complejo como Alemania con un tono para mí perfecto, ni demasiado académico ni demasiado básico. El libro “no intenta ser - no puede ser - en ningún sentido una historia de Alemania”, porque Alemania es un conjunto casi interminable de historias, fruto de su regionalismo; “sino que intenta explorar a través de objetos y edificios, personas y lugares, algunas líneas formativas en la historia nacional de la Alemania moderna.”
De la Puerta de Brandemburgo a ciudades que ya no están en Alemania como Könisberg (Kaliningrado), Praga y Estrasburgo, MacGregor (que dirigió por años el British Museum) te cuenta la historia a través de la cultura alemana: músicos, escritores y escultores, pero también las cervezas y las salchichas, las monedas y los billetes, la industria y la Liga Hanseática. Una línea permanente es la tensión siempre presente entre particularismo y universalismo (de los reinos y las ciudades independientes al Sacro Imperio, de los estados actuales a la Unión Europea). La otra es, por supuesto, la gran pregunta de cómo fue posible el nazismo, un proceso que además obliga a repensar toda la historia alemana previa y que la afecta (por ejemplo, por lo que se apropió y lo que no se apropió el nazismo.) 
La alemana es “una historia tan dañada que no puede ser reparada sino que, más bien, tiene que ser visitada constantemente.” Una historia marcada por cuatro traumas nacionales (la Guerra de los Treinta Años entre 1618-1648, las guerras napoleónicas, el nazismo y la ocupación después de la Segunda Guerra Mundial. Pero sobre todo por esa pregunta: “¿cómo pudo haber ocurrido? Cómo es posible que las grandes tradiciones humanizantes de la historia alemana - Durero, la biblia de Lutero, Bach, la Ilustración, el Fausto de Goethe, el Bauhaus, y tanto, tanto más - no lograron evitar ese colapso ético total que llevó al asesinato de millones y al desastre natural.”
Aunque es posible que el libro requiera de cierto conocimiento previo de historia europea y alemana, me pareció una manera brillante de entender un poco más de ese país fascinante, diverso y central a la historia universal.

Originales de las citas usadas
“does not attempt to be - it cannot be - in any sense a history of Germany, but it tries to explore through objects and buildings, people and places, some formative strands in Germany’s modern national history.”
“a history so damaged that it cannot be repaired but, rather, must be constantly visited”.
“how could it happen? How did the great humanizing traditions of German history - Dürer, Luther’s bible, Bach, the Enlightenment, Goethe’s Faust, the Bauhaus, and much, much more - fail to avert this total ethical collapse, which led to the murder of millions and to national disaster.”

lunes, 3 de julio de 2017

El crimen (no) paga


Hace un tiempo se puso de moda en ese grupo hermoso y amorfo que es la comunidad de los talleres literarios de Santiago Llach Black Wings Has My Angel, una novela de crimen publicada por primera vez en 1953 y prácticamente olvidada hasta que se republicara en 2016 por The New York Review of Books (y fuera más o menos olvidada de nuevo, creo yo).
La novela me gustó porque me gusta el género, la novela negra americana, y porque a Chaze le sale bien el ritmo y el tono de humor cínico propios del género. Me recuerda, claro, al gran maestro de este mundo que es Raymond Chandler, pero también al Cormac McCarthy de Suttree, ambos con línea directa a Hemingway. Como Chandler, el héroe tiene una mirada sobre las mujeres (“Escuchás hablar y leés sobre gambas. Pero cuando ves gambas realmente buenas te das cuenta de que todo lo que leíste y escuchaste era fruta.” - p. 15); sobre el alcohol (“Creo que estamos chupando demasiado. Para disfrutar el chupi, tenés que no chupar por un rato. Contraste.” - p. 23); sobre la vida: “no importa cuánto vivas, no hay tantos momentos realmente deliciosos en el camino, porque la mayor parte de la vida se te va comiendo y durmiendo y esperando que pase algo que nunca pasa. (...) Casi toda la vida es esperar a vivir.” (p. 35)
La historia no es muy distinta a las que pudimos haber leído: un joven salido de la cárcel tiene un plan para un gran robo, enlista a una mujer hermosa para llevarlo a cabo y al final todo resulta mal. Tampoco sorprende la moralidad: en la novela negra el mal no triunfa; en la clásica novela de detectives, el héroe es el encargado a volver a poner orden en un mundo dado vuelta. Y como en tanta novela negra, lo que lleva al villano a la perdición es una ambición desmedida por el dinero y una mujer fatal.
Lo novedoso en esta novela es que el héroe es un anti-héroe, y que en la escritura busca, si no una expiación, cierta dilución del pecado: “Admití que lo hice. Lo confesé en un pedazo de papel. No conté nada de todo eso en el juicio. (...) Pero lo puse todo en papel y puse el papel debajo de mi colchón y aunque no lo saca de adentro mío, lo diluye.” (p. 129) La segunda novedad es cierta exploración psicológica de las razones del héroe para convertirse en villano: el desprecio por los ciudadanos de bien que son vapuleados (como su padre, un dentista borracho a quien no le pagaban las consultas) y una madre que no supo o no pudo poner límites: “Nunca me sentó y me dijo que gil que era con mi hambre de guita y mi nueva dureza al rojo vivo de héroe de guerra y mis planes para hacerme rico rápido.” (p. 140) La vida del héroe-villano, Tim Sunblade, nacido Kenneth McLure, queda bastante bien retratada.
Al final del día me parece que es una novela que falla en dos momentos cruciales (en Masonville y en Cripple Creek, digamos así, para no spoilear) pero que no por ello deja de ser una novela super legible y disfrutable. El crimen no pagó para McLure/Sunblade pero sí para este lector.

Originales de las citas usadas
“You hear and read about legs. But when you see the really good ones, you know the things you read and heard were a lot of trash.” (p. 15) 
“I think we’ve been drinking too much. To enjoy drinking, you’ve got not to drink for a while. Contrast.” (p. 23)
“no matter how long you live, there aren’t too many really delicious moments along the way, since most of life is spent eating and sleeping and waiting for something to happen that never does. (...) Most of life is waiting to live.” (p. 35)
“I admitted I did it. I confessed it on a piece of paper. I never told any of it in the courtroom. I didn’t tell it before that when they strapped me over the car and used the burning cigars on me. I didn’t say anything. But I’ve put it all on the paper and the paper under my mattress and while it doesn’t get it out of me, it dilutes it.” (p. 129)
“She never sat down and told me what an ass I was with my money-hunger and my new redhot war-hero toughness and get-rich-quick plans.” (p. 140)

martes, 27 de junio de 2017

Somos memoria


Por si alguno no se ha dado cuenta (comienzo que implica el supuesto de que hay alguien que me lee, y que hay alguien que hace una lectura de mis lecturas, por decirlo así), tengo una suerte de proyecto de lectura en la línea de la literatura norteamericana del siglo XX (y XXI). Por algún lado tengo un documento de Word con el listado de autores americanos que “tengo que leer”, construido a base de las lecturas de cursos de literatura y una gran entrevista de Philip Roth (acá la entrevista y acá mi lectura de un libro sobre el mismo tema del que hablo acá). Entonces este año en un viaje entré a una librería y pregunté qué tenía que leer de Joyce Carol Oates y de Jonathan Safran Foer, dos de los (muchos) pendientes: no me acuerdo qué me dijeron de Joyce (si alguien quiere proponer, bienvenidx), pero sí que no lo tenían; y me recomendaron Everything is Illuminated, que terminé de leer estos días.
Everything es una gran novela sobre la memoria, sobre el Holocausto y sobre ese hilo genético pero sobre todo de valores y sí, de memoria compartida, que nos hace lo que somos. El libro relata el viaje a Ucrania de un escritor, Jonathan Safran Foer, en busca de la mujer que habría salvado a su abuelo de los nazis, y no hay manera de hacerlo sin escribir toda la historia de su familia, que es lo mismo que la historia de la shtetl, la aldea, de origen. Ese viaje cruza a otra familia, los trabajadores de la agencia de turismo que lo trasladan y le traducen: el hijo, Sasha, nació como el héroe en 1977; el abuelo, nos enteramos cuando todo sea iluminado, también estaba presente cuando llegaron los nazis a la zona del shtetl; el padre violento es producto de aquella violencia: los eslabones de las dos cadenas están conectados, todo está conectado y eso será iluminado, como las siluetas de los sobrevivientes con el fuego de la aldea.
El libro se construye con tres tipos de textos: los textos de Sasha relatando la visita del héroe y la investigación en busca de aquella señora; los textos de Jonathan reconstruyendo la historia de la aldea y de su familia; y las cartas de Sasha (y una del abuelo de Sasha) a Jonathan discutiendo esa cosa que están escribiendo entre los dos.
Las partes de Sasha están escritas en un inglés que aparenta ser traducción del ucraniano y así, desde la primera página, el libro tiene toda una reflexión sobre la escritura y el lenguaje. Hay un excelente diálogo entre Sasha y Jonathan sobre por qué se escribe, un diálogo con más dudas que certezas:
“¿Por qué querés escribir?” “No sé. Antes pensaba que era para lo que había nacido. No, nunca pensé de verdad eso. Es sólo algo que se dice. (...) Suena terrible. Barato.” “No suena ni terrible ni barato.” “Es tan difícil expresarse.” “Entiendo eso.” “Quiero expresarme.” “Lo mismo es verdad para mí.” “Estoy buscando mi voz.” “Está en tu boca.” “Quiero hacer algo de lo que no me avergüence.” “¿Algo de lo que estés orgulloso, ¿sí?” “Ni siquiera. Sólo quiero no sentirme avergonzado.” (...) “¿Escribís libros porque tenés algo para decir?” “No.” (p. 69-70)
Al final, Jonathan parece decir que escribe por lo mismo que es: por la familia. Al hablar de su abuela dice: “Supongo que los dos estábamos secretamente enamorados de las palabras.” (p. 159) Y ese amor se termina expresando, sobre todo en los juegos con el lenguaje en las escenas culminantes, y en momentos donde relata poéticamente ese pasado idílico de la aldea judía en algún lugar entre Ucrania, los países bálticos y Polonia (una zona que no es ajena a mi propia historia familiar). Por ejemplo, al describir el Festival de Trachimday: “Labios trabados con labios sobre paja en establos y dedos con muslos con labios con orejas con las partes de atrás de rodillas sobre colchas sobre jardines de extraños”. (p. 97)
El lenguaje viene de la familia y es para la familia. El libro está dedicado “Simple e imposiblemente: para mi familia.” Como le dice Sasha a Jonathan, ellos están reescribiendo la historia, una historia, uniendo todos esos eslabones de esas cadenas: “(Con nuestra escritura, nos recordamos cosas uno al otro. Estamos haciendo una historia, ¿sí?)” (p. 144) La historia de Trachimbrod, la aldea de la cual sólo quedaba una señora y lo que ella logró guardar, preservar, catalogar. La señora guardó todo y esperó a quien viniera a recordar como antes del Holocausto podía esperarse al mesías; ella es el depósito último, la memoria de Trachimbrod, y el anillo que le muestra a Jonathan “no existe para vos. Vos existís para el anillo.” (p. 192) Los vivos viven para recordar a quienes ya no viven. Porque “Los judíos tienen seis sentidos. Tacto, gusto, vista, olfato, oído… memoria.” (p. 198-99)

Originales de las citas usadas
“Why do you want to write?” “I don’t know. I used to think it was what I was born to do. No, I never really thought that. It’s just something people say. (...) It sounds terrible to say. Cheap.” “It sounds nor terrible nor cheap.” “It’s so hard to express yourself.” “I understand this.” “I want to express myself.” “The same is true for me.” “I am looking for my voice.” “It is in your mouth.” “I want to do something I’m not ashamed of.” “Something you are proud of, yes?” “Not even. I just don’t want to be ashamed.” (...) “Do you write books because you have something to say?” “No.” (p. 69-70)
“We were both secretly in love with words, I guess”. (p. 159)
“Lips locked lips on hay in barns and fingers met thighs met lips met ears met undersides of knees on quilts on lawns of strangers, all thinking of Brod, everyone thinking only of Brod.” (p. 97)
“Simply and impossibly: for my family.” (dedicatoria)
“(With our writing, we are reminding each other of things. We are making one story, yes?)” (p. 144)
“The ring does not exist for you. You exist for the ring. The ring is not in case of you. You are in case of the ring.” (p. 192)
“Jews have six senses. Touch, taste, sight, smell, hearing… memory. (...) When a Jew encounters a pin, he asks: What does it remember like?” (p. 198-99)