lunes, 14 de agosto de 2017

Un policial


No me gusta escribir apuntes de libros que no me gustaron. Y menos cuando lo escribió un argentino o una argentina, como este caso. Es más fácil hablar mal del libro de un extranjero y sobre todo de un extranjero consagrado (como Auster o Lessing) que de un compatriota contemporáneo. Una vez lo que hice fue decir todo lo que no me gustó de un libro de un autor (que me gusta) y después no publicar el apunte lectura: lo dejé en draft permanente en este blog, por ahí está todavía. Quizás está mal; en mi defensa, diría que no le debo a nadie una honestidad total, pero no sé si me convenzo.

Habiendo dicho eso, no me gustó mucho Los motivos del Lobo, de Liliana Escliar, un policial puesto en la Buenos Aires de nuestros días (poco más o poco menos). A favor debo decir que tiene buen ritmo, y me gustó que es un especie de homenaje al género policial; también me parece que tiene buenas escenas. Pero al final no me pareció ni un policial negro ni de intriga, sino algo en el medio; y para mí gusto el argumento no se sostiene del todo: en definitiva, y para decirlo sin spoilear, no me convencieron los motivos del lobo.

lunes, 7 de agosto de 2017

Autobiografía no autorizada


Maniobras de evasión, de Pedro Mairal, es algo así como una autobiografía literaria no autorizada. En 39 textos cortos, Mairal nos habla de momentos de su formación como escritor; hace foco en algunos hitos que lo marcaron como escritor; se recuerda a sí mismo que escribir le hace bien, se castiga por no escribir suficiente y se intenta convencer de que “la literatura no existe más, al menos para mí, y me alegra” (p. 11); nos cuenta algunas maniobras para evitar evadirse de escribir, reflexiona sobre el lenguaje; convoca pero mantiene a raya a la melancolía; se ríe del mundo que rodea al escritor, de la “máquina de vender libros” (p. 63), de los congresos, de las charlas, de los encuentros entre escritores, de las fiestas y los tiroteos nocturnos; pero también de momentos de su niñez, de su madre, de un accidente que lo marcó, de sus relaciones, de sus hijos.
En el primer texto del libro (“Quiero escribir pero me sale espuma”) dice que está “tratando de ver si hay un libro en todo lo que escribí estos últimos cinco años, un libro que se llame ‘La novela que no estoy escribiendo’, pero no sé todavía, no sé lo que mantiene unida en papel toda esa masa de textos.” (p. 13) El cemento, además de la propia vida de Mairal, son las reflexiones sobre la palabra y sobre el lugar del escritor. Está, por ejemplo, la idea de la imposibilidad de escribir: “Siempre siento que es imposible superar al gran guionista del mundo.” (p. 158); “no hay que escribir más, ¿para qué? No hay que leer tampoco. Hay que asombrarse, nomás.” (p. 159); la idea de que eso que tenemos en la cabeza siempre termina pareciendo torpe y pobre cuando finalmente llegamos al teclado. Segundo, el lugar confuso del escritor: “Se renuncia a ser una persona real, que trabaja y gana plata y construye algo palpable, y se acepta esa condición algo fantasma, del que no va, falta, se sienta a escribir, entra en la experiencia paralela, redacta, lee, no está presente.” (p. 234) Ese lugar que es en la vida y en los propios textos, y cómo lo escrito vuelve y afecta la vida real. En tercer lugar, se puede hacer literatura con todo, con cualquier cosa, está todo allí disponible si escuchamos y miramos lo que nos propone aquel gran guionista.
Digo que es una autobiografía literaria no autorizada porque da la impresión de que el autor no se autoriza a sí mismo a ir tan lejos, que no se toma a sí mismo tan en serio. Pero al mismo tiempo, esto es lo que uno puede esperar de un escritor, esto es lo que queremos los que leemos literatura. El crítico podría hacer esa biografía, para el escritor no puede haber algo tan cerrado, tiene que quedar algo sin acabar, tiene que haber algo caleidoscópico y contradictorio porque así es la subjetividad, y algo intersubjetivo junto a toda esa tribu de escritores de su misma generación (y de lectores que andamos por ahí cerca).

Cada vez que leo a Mairal (en el blog hablamos de Una noche con Sabrina Love, El año del desierto y La uruguaya) me hace sentir al mismo tiempo que escribir es fácil, que por qué no escribo más si es una boludez, y que no tengo chance, de que nunca voy a lograrlo, de que es imposible llegar a ese equilibrio entre la tradición y la propia época, entre el lenguaje preciso y elaborado y que los relatos suenen reales y los personajes parezcan personas y no caricaturas. Al final del día, quizás tenga que resignarme a escribir sin que me importe el resultado, a que no puedo escaparle a esa necesidad y que entonces logre hacerlo, como Mermet según Marial, “sin pretender nada a cambio: ni reconocimiento, ni lectores, ni aplausos, ni premios, ni publicaciones.” (p. 107) Esperando que al final se ordene todo.

lunes, 31 de julio de 2017

Más sueños rotos


Releí, después de muchos años, Of Mice and Men, clásico de John Steinbeck que había leído en el secundario. Es una novella hermosa, concisa, directa y que fluye como un río ancho: parece manso pero en el centro del cauce hay corrientes fuertes.
George y Lennie son trabajadores rurales migrantes que tienen el sueño de llegar a tener un pedazo de tierra suyo. Pero como casi todos los planes de ratones y hombres (el título de la novela surge de un poema de Robert Burns que dice básicamente esto), los sueños de estos muchachos terminan mal. No son los únicos: otros personajes también tienen sueños destinados al fracaso o que ya se hundieron (como el de la mujer de Curley de ser estrella de cine). Hasta Crooks, el negro que perdió toda esperanza, tiene un momento de ilusión. Al escuchar el sueño de Lennie primero dice: “Ví a cientos de hombres venir ‘e la calle a los campos, con sus bultos a la espalda y esa misma mierda en sus cabezas. Cientos. (...) cada uno ‘e ellos tiene ese cacho ‘e tierra en su cabeza. Y ni un puto ‘e ‘llos lo logra. Como el cielo. Todos quieren un cacho ‘e tierra. Leí una pila de libros acá. Nunca nadie llega al cielo, y nadie recibe ninguna tierra.” (p. 49) Pero después  el mismo Crooks quiere sumarse a ese mismo sueño, a ese proyecto, se ilusiona por unos minutos.
El libro va así a un tema central de toda la literatura americana, que una y otra vez vuelve a los sueños rotos, al fracaso del sueño americano. Un paso más allá, Steinbeck nos dice que soñar es lo propio de lo humano. Una cosa que me llamó mucho la atención es la permanente referencia al mundo animal. El libro comienza con la descripción de un recoveco en el río Salinas; Steinbeck nos describe el río, las montañas, los árboles y hace referencia a los animales que pasan por allí (conejos, lagartijas, ciervos, perros, mapaches). Justo antes de que entren en escena George y Lennie nos muestra una garza. El libro termina en ese mismo lugar, en el que el desenlace de la historia de estos hombres es precedido por la imagen de una garza comiéndose a una anguila. Los sueños de la anguila truncos como los de Lennie y George. El mismo Lennie, un chico grandote con evidentes déficits intelectuales, es descripto como un animal: como un “terrier” (p. 7), a sus manos como garras. (p. 3) La mujer de Lennie, en la escena del granero, se “desploma como un pescado”. Sólo los humanos sueñan, y sólo los humanos sufren la soledad, otro gran tema del libro. Finalmente, el desenlace de Lennie es como el de la vieja perra de Candy, otro de los trabajadores del rancho, y en un sentido, inevitable, como dice Slim al final.
Amé volver a leer este libro y su cadencia perfecta, su estilo directo, su ritmo, la ausencia casi total de juicio y de pensamiento. Está todo afuera, en acciones, en descripciones y en diálogos (salvo un “ominoso” en la p. 18 que yo hubiera borrado). Un hermoso relato sobre un tema universal.

Original de la cita usada
“I seen hunderds of men come by on the road an’ on the ranches, with their bindles on their back an’ that same damn thing in their heads. Hunderds of them. They come, an’ they quit an’ go on; an’ every damn one of ’em’s got a little piece of land in his head. An’ never a God damn one of ’em ever gets it. Just like heaven. Ever’body wants a little piece of lan’. I read plenty of books out here. Nobody never gets to heaven, and nobody gets no land.

martes, 25 de julio de 2017

Buena terrorista, mala lectura


Leí The Good Terrorist, de Doris Lessing, y me aburrió. Se me hizo largo y no me agarró ninguno de los personajes. El planteo general no está mal: en la Inglaterra de Thatcher, en medio de la Guerra Fría y con la IRA aún activa, un grupo de jóvenes vive en casas ocupadas, participa de manifestaciones, fantasea con una revolución y coquetea con el terrorismo. Son chicos perdidos, sin idea de nada, sin método ni visión.
Sólo con uno de los personajes, Alice, tenemos una mirada un poco más profunda de por qué está ahí. Alice tiene 36 años y defiende la causa de los trabajadores aunque nunca trabajó; es hija de un padre socialista devenido en pequeño empresario y de una madre ama de casa de origen obrero. Alice se va metiendo en este mundo difícil un poco por ingenuidad y desconocimiento, otro poco por una rebeldía tardía y no demasiado bien llevada contra sus padres y por cierto bloqueo sexual. El catalizador para esto es Jasper, un amateur de la revolución y homosexual a escondidas que es admirado únicamente por Alice, que se mantiene sometida a él de manera inexplicable para todos los demás.
“¿Es todo esto simplemente miedo al sexo?” (p. 103) se pregunta Alice de manera demasiado directa (como en muchas otras partes donde, a mi gusto, Lessing explica demasiado). Que la chica que le tiene terror al sexo se enganche fatalmente con un homosexual es parte de la explicación. La otra es un rechazo a sus padres, que no impide que Alice termine haciendo para los chicos de la casa tomada lo mismo que su madre hiciera para su familia de clase media; como le dice la madre a la hija: “resulta que te pasás la vida haciendo exactamente lo mismo que yo. Cocinando y haciendo de niñera para otros. Un burrito de carga todoterreno femenino.” (p. 334)
Al final del día, todo esto me pareció poco y largo y tampoco me dio alegrías por el lado de la forma. ¿Habrá que leer algo más de Lessing para ver qué hay ahí?

Originales de las citas usadas
“is it all just fear of sex?” (p. 103)
“But it turned out that you spend your life exactly as I did. Cooking and nannying for other people. An all-purpose female drudge.” (p. 334)

martes, 11 de julio de 2017

Una historia imposible

Antes de viajar a Alemania le pedí a mi amigo M.B. que me recomendara un libro y me sugirió Germany: Memories of a Nation, de Neil MacGregor. No erró. Es un libro maravilloso que te cuenta la historia cultural de un país tan complejo como Alemania con un tono para mí perfecto, ni demasiado académico ni demasiado básico. El libro “no intenta ser - no puede ser - en ningún sentido una historia de Alemania”, porque Alemania es un conjunto casi interminable de historias, fruto de su regionalismo; “sino que intenta explorar a través de objetos y edificios, personas y lugares, algunas líneas formativas en la historia nacional de la Alemania moderna.”
De la Puerta de Brandemburgo a ciudades que ya no están en Alemania como Könisberg (Kaliningrado), Praga y Estrasburgo, MacGregor (que dirigió por años el British Museum) te cuenta la historia a través de la cultura alemana: músicos, escritores y escultores, pero también las cervezas y las salchichas, las monedas y los billetes, la industria y la Liga Hanseática. Una línea permanente es la tensión siempre presente entre particularismo y universalismo (de los reinos y las ciudades independientes al Sacro Imperio, de los estados actuales a la Unión Europea). La otra es, por supuesto, la gran pregunta de cómo fue posible el nazismo, un proceso que además obliga a repensar toda la historia alemana previa y que la afecta (por ejemplo, por lo que se apropió y lo que no se apropió el nazismo.) 
La alemana es “una historia tan dañada que no puede ser reparada sino que, más bien, tiene que ser visitada constantemente.” Una historia marcada por cuatro traumas nacionales (la Guerra de los Treinta Años entre 1618-1648, las guerras napoleónicas, el nazismo y la ocupación después de la Segunda Guerra Mundial. Pero sobre todo por esa pregunta: “¿cómo pudo haber ocurrido? Cómo es posible que las grandes tradiciones humanizantes de la historia alemana - Durero, la biblia de Lutero, Bach, la Ilustración, el Fausto de Goethe, el Bauhaus, y tanto, tanto más - no lograron evitar ese colapso ético total que llevó al asesinato de millones y al desastre natural.”
Aunque es posible que el libro requiera de cierto conocimiento previo de historia europea y alemana, me pareció una manera brillante de entender un poco más de ese país fascinante, diverso y central a la historia universal.

Originales de las citas usadas
“does not attempt to be - it cannot be - in any sense a history of Germany, but it tries to explore through objects and buildings, people and places, some formative strands in Germany’s modern national history.”
“a history so damaged that it cannot be repaired but, rather, must be constantly visited”.
“how could it happen? How did the great humanizing traditions of German history - Dürer, Luther’s bible, Bach, the Enlightenment, Goethe’s Faust, the Bauhaus, and much, much more - fail to avert this total ethical collapse, which led to the murder of millions and to national disaster.”

lunes, 3 de julio de 2017

El crimen (no) paga


Hace un tiempo se puso de moda en ese grupo hermoso y amorfo que es la comunidad de los talleres literarios de Santiago Llach Black Wings Has My Angel, una novela de crimen publicada por primera vez en 1953 y prácticamente olvidada hasta que se republicara en 2016 por The New York Review of Books (y fuera más o menos olvidada de nuevo, creo yo).
La novela me gustó porque me gusta el género, la novela negra americana, y porque a Chaze le sale bien el ritmo y el tono de humor cínico propios del género. Me recuerda, claro, al gran maestro de este mundo que es Raymond Chandler, pero también al Cormac McCarthy de Suttree, ambos con línea directa a Hemingway. Como Chandler, el héroe tiene una mirada sobre las mujeres (“Escuchás hablar y leés sobre gambas. Pero cuando ves gambas realmente buenas te das cuenta de que todo lo que leíste y escuchaste era fruta.” - p. 15); sobre el alcohol (“Creo que estamos chupando demasiado. Para disfrutar el chupi, tenés que no chupar por un rato. Contraste.” - p. 23); sobre la vida: “no importa cuánto vivas, no hay tantos momentos realmente deliciosos en el camino, porque la mayor parte de la vida se te va comiendo y durmiendo y esperando que pase algo que nunca pasa. (...) Casi toda la vida es esperar a vivir.” (p. 35)
La historia no es muy distinta a las que pudimos haber leído: un joven salido de la cárcel tiene un plan para un gran robo, enlista a una mujer hermosa para llevarlo a cabo y al final todo resulta mal. Tampoco sorprende la moralidad: en la novela negra el mal no triunfa; en la clásica novela de detectives, el héroe es el encargado a volver a poner orden en un mundo dado vuelta. Y como en tanta novela negra, lo que lleva al villano a la perdición es una ambición desmedida por el dinero y una mujer fatal.
Lo novedoso en esta novela es que el héroe es un anti-héroe, y que en la escritura busca, si no una expiación, cierta dilución del pecado: “Admití que lo hice. Lo confesé en un pedazo de papel. No conté nada de todo eso en el juicio. (...) Pero lo puse todo en papel y puse el papel debajo de mi colchón y aunque no lo saca de adentro mío, lo diluye.” (p. 129) La segunda novedad es cierta exploración psicológica de las razones del héroe para convertirse en villano: el desprecio por los ciudadanos de bien que son vapuleados (como su padre, un dentista borracho a quien no le pagaban las consultas) y una madre que no supo o no pudo poner límites: “Nunca me sentó y me dijo que gil que era con mi hambre de guita y mi nueva dureza al rojo vivo de héroe de guerra y mis planes para hacerme rico rápido.” (p. 140) La vida del héroe-villano, Tim Sunblade, nacido Kenneth McLure, queda bastante bien retratada.
Al final del día me parece que es una novela que falla en dos momentos cruciales (en Masonville y en Cripple Creek, digamos así, para no spoilear) pero que no por ello deja de ser una novela super legible y disfrutable. El crimen no pagó para McLure/Sunblade pero sí para este lector.

Originales de las citas usadas
“You hear and read about legs. But when you see the really good ones, you know the things you read and heard were a lot of trash.” (p. 15) 
“I think we’ve been drinking too much. To enjoy drinking, you’ve got not to drink for a while. Contrast.” (p. 23)
“no matter how long you live, there aren’t too many really delicious moments along the way, since most of life is spent eating and sleeping and waiting for something to happen that never does. (...) Most of life is waiting to live.” (p. 35)
“I admitted I did it. I confessed it on a piece of paper. I never told any of it in the courtroom. I didn’t tell it before that when they strapped me over the car and used the burning cigars on me. I didn’t say anything. But I’ve put it all on the paper and the paper under my mattress and while it doesn’t get it out of me, it dilutes it.” (p. 129)
“She never sat down and told me what an ass I was with my money-hunger and my new redhot war-hero toughness and get-rich-quick plans.” (p. 140)

martes, 27 de junio de 2017

Somos memoria


Por si alguno no se ha dado cuenta (comienzo que implica el supuesto de que hay alguien que me lee, y que hay alguien que hace una lectura de mis lecturas, por decirlo así), tengo una suerte de proyecto de lectura en la línea de la literatura norteamericana del siglo XX (y XXI). Por algún lado tengo un documento de Word con el listado de autores americanos que “tengo que leer”, construido a base de las lecturas de cursos de literatura y una gran entrevista de Philip Roth (acá la entrevista y acá mi lectura de un libro sobre el mismo tema del que hablo acá). Entonces este año en un viaje entré a una librería y pregunté qué tenía que leer de Joyce Carol Oates y de Jonathan Safran Foer, dos de los (muchos) pendientes: no me acuerdo qué me dijeron de Joyce (si alguien quiere proponer, bienvenidx), pero sí que no lo tenían; y me recomendaron Everything is Illuminated, que terminé de leer estos días.
Everything es una gran novela sobre la memoria, sobre el Holocausto y sobre ese hilo genético pero sobre todo de valores y sí, de memoria compartida, que nos hace lo que somos. El libro relata el viaje a Ucrania de un escritor, Jonathan Safran Foer, en busca de la mujer que habría salvado a su abuelo de los nazis, y no hay manera de hacerlo sin escribir toda la historia de su familia, que es lo mismo que la historia de la shtetl, la aldea, de origen. Ese viaje cruza a otra familia, los trabajadores de la agencia de turismo que lo trasladan y le traducen: el hijo, Sasha, nació como el héroe en 1977; el abuelo, nos enteramos cuando todo sea iluminado, también estaba presente cuando llegaron los nazis a la zona del shtetl; el padre violento es producto de aquella violencia: los eslabones de las dos cadenas están conectados, todo está conectado y eso será iluminado, como las siluetas de los sobrevivientes con el fuego de la aldea.
El libro se construye con tres tipos de textos: los textos de Sasha relatando la visita del héroe y la investigación en busca de aquella señora; los textos de Jonathan reconstruyendo la historia de la aldea y de su familia; y las cartas de Sasha (y una del abuelo de Sasha) a Jonathan discutiendo esa cosa que están escribiendo entre los dos.
Las partes de Sasha están escritas en un inglés que aparenta ser traducción del ucraniano y así, desde la primera página, el libro tiene toda una reflexión sobre la escritura y el lenguaje. Hay un excelente diálogo entre Sasha y Jonathan sobre por qué se escribe, un diálogo con más dudas que certezas:
“¿Por qué querés escribir?” “No sé. Antes pensaba que era para lo que había nacido. No, nunca pensé de verdad eso. Es sólo algo que se dice. (...) Suena terrible. Barato.” “No suena ni terrible ni barato.” “Es tan difícil expresarse.” “Entiendo eso.” “Quiero expresarme.” “Lo mismo es verdad para mí.” “Estoy buscando mi voz.” “Está en tu boca.” “Quiero hacer algo de lo que no me avergüence.” “¿Algo de lo que estés orgulloso, ¿sí?” “Ni siquiera. Sólo quiero no sentirme avergonzado.” (...) “¿Escribís libros porque tenés algo para decir?” “No.” (p. 69-70)
Al final, Jonathan parece decir que escribe por lo mismo que es: por la familia. Al hablar de su abuela dice: “Supongo que los dos estábamos secretamente enamorados de las palabras.” (p. 159) Y ese amor se termina expresando, sobre todo en los juegos con el lenguaje en las escenas culminantes, y en momentos donde relata poéticamente ese pasado idílico de la aldea judía en algún lugar entre Ucrania, los países bálticos y Polonia (una zona que no es ajena a mi propia historia familiar). Por ejemplo, al describir el Festival de Trachimday: “Labios trabados con labios sobre paja en establos y dedos con muslos con labios con orejas con las partes de atrás de rodillas sobre colchas sobre jardines de extraños”. (p. 97)
El lenguaje viene de la familia y es para la familia. El libro está dedicado “Simple e imposiblemente: para mi familia.” Como le dice Sasha a Jonathan, ellos están reescribiendo la historia, una historia, uniendo todos esos eslabones de esas cadenas: “(Con nuestra escritura, nos recordamos cosas uno al otro. Estamos haciendo una historia, ¿sí?)” (p. 144) La historia de Trachimbrod, la aldea de la cual sólo quedaba una señora y lo que ella logró guardar, preservar, catalogar. La señora guardó todo y esperó a quien viniera a recordar como antes del Holocausto podía esperarse al mesías; ella es el depósito último, la memoria de Trachimbrod, y el anillo que le muestra a Jonathan “no existe para vos. Vos existís para el anillo.” (p. 192) Los vivos viven para recordar a quienes ya no viven. Porque “Los judíos tienen seis sentidos. Tacto, gusto, vista, olfato, oído… memoria.” (p. 198-99)

Originales de las citas usadas
“Why do you want to write?” “I don’t know. I used to think it was what I was born to do. No, I never really thought that. It’s just something people say. (...) It sounds terrible to say. Cheap.” “It sounds nor terrible nor cheap.” “It’s so hard to express yourself.” “I understand this.” “I want to express myself.” “The same is true for me.” “I am looking for my voice.” “It is in your mouth.” “I want to do something I’m not ashamed of.” “Something you are proud of, yes?” “Not even. I just don’t want to be ashamed.” (...) “Do you write books because you have something to say?” “No.” (p. 69-70)
“We were both secretly in love with words, I guess”. (p. 159)
“Lips locked lips on hay in barns and fingers met thighs met lips met ears met undersides of knees on quilts on lawns of strangers, all thinking of Brod, everyone thinking only of Brod.” (p. 97)
“Simply and impossibly: for my family.” (dedicatoria)
“(With our writing, we are reminding each other of things. We are making one story, yes?)” (p. 144)
“The ring does not exist for you. You exist for the ring. The ring is not in case of you. You are in case of the ring.” (p. 192)
“Jews have six senses. Touch, taste, sight, smell, hearing… memory. (...) When a Jew encounters a pin, he asks: What does it remember like?” (p. 198-99)

lunes, 19 de junio de 2017

Para salvarse hay que contarlo



Lloré y lloré, generalmente en el tren Retiro-Tigre, leyendo Nada es como era, de Mercedes Güiraldes. Es un libro directo y real, en primera persona, sobre la lucha de la autora con el cáncer durante un largo tiempo. La primera vez que me emocioné, a las pocas páginas de haber empezado, hice un dibujito como de un triángulo para abajo en el margen de la página. A partir de ahí hice el triangulito cada vez que quería llorar; sin hacer una estadística muy estricta, resulta que me emocioné cada cuatro o cinco páginas.
¿Por qué tanto? En parte porque el libro está bien contado, sin duda. Güiraldes no busca ni un tono épico ni poético sino directo. Te va contando paso a paso lo que la enfermedad le hacía a su cuerpo, a su espíritu, a su pareja, a su familia, a sus relaciones con sus amigos. Ayuda que incorpora muchas citas (la autora es editora y pone a nuestra disposición su riqueza de lecturas) e incluso mensajes que le escribieron sus amigos. Te lo va contando paso a paso y, entonces, cuando dice “Estaba cansada de sentirme mal todo el tiempo, harta de ver gente sufriendo, del miedo, de la humillación y las indignidades que la enfermedad inflige, del abismo sádico entre el deseo de curarse y la indiferencia de la biología” (p. 172) es una conclusión directa de una construcción lenta y sin vueltas.
También explica mi llanto persistente el hecho de que me identifiqué mucho con la historia. Esto se dio, en parte, porque mi cabeza me había jugado una trampita. Cuando compré el libro algo sabía, o intuía, o creía que sabía respecto del tema del libro y de la autora, pero no lo había pensado demasiado abiertamente. Sólo cuando empecé a leerlo me di cuenta de que conozco al marido y a la familia del marido de Güiraldes y eso hizo que me identificara más con la historia, sobre todo con el personaje (real y concreto) del marido.
Güiraldes explica por qué escribió el libro. Porque, como le había dicho un amigo, “hay dos cosas de las que estoy convencido desde entonces. Una es que para salvarse hay que contarlo. La otra es que nadie se salva solo.” (p. 98) La autora lo escribe para terminar de vivirlo y procesarlo y también porque, así como otras lecturas suyas la ayudaron a transitar este proceso, supone (a mi juicio correctamente) que leer esto puede ayudar a otros en el futuro. Es un libro duro pero que se lee bien, y al terminarlo siento que puedo llegar a entender y a acompañar mejor a quienes pasen directamente o a través de alguien querido por ese proceso de mierda que es un cáncer.

miércoles, 14 de junio de 2017

14 de junio

Hoy se cumple otro aniversario del fin de la guerra de Malvinas. En Facebook, mi amigo Sánchez subió este poema de Wilfred Owen que leí por primera vez en el colegio hace un millón de años. Sánchez y Owen comparten las condiciones de ex combatientes y de poetas. Amo ese poema, pero no me copó la traducción que subió Sánchez, así que le regalo esta otra (y abajo el original).


Dulce et Decorum Est
Wilfred Owen (traducción de Fernando Santillan)

Doblados como viejos pordioseros bajo bolsas de arpillera,
chuecos, tosiendo como brujas, puteamos en el barro
hasta que vimos las bengalas embrujadas y nos dimos vuelta
y empezamos a arrastrarnos hacia nuestro descanso distante.
Algunos marchaban dormidos. Muchos sin sus botas igual
seguían rengueando, manchados de sangre. Todos débiles, ciegos;
borrachos de fatiga, sordos hasta para los silbidos
de las bombas de gas que caían suavemente detrás.

¡Gas! ¡GAS! ¡Rápido, muchachos! Éxtasis de brazos torpes
poniendo los cascos brutos justo a tiempo,
pero alguien todavía estaba gritando y trastabillando
y yéndose a pique como un hombre bajo fuego o cal.
Lo vi ahogándose como bajo un mar verdoso,
atenuado detrás del visor borroso y la pesada luz verde.

Se me viene encima en cada uno de mis sueños ante
mi mirada inútil, acanalándose, asfixiándose, ahogándose.

Si en algún sueño ardiente vos también pudieras caminar
detrás del carro al que lo tiramos,
y ver sus ojos blancos retorciéndose en su cara,
su cara ahorcada, como la de un diablo cansado del pecado;
si pudieras escuchar con cada sacudida a su sangre
haciendo gárgaras desde pulmones corrompidos por la espuma,
obsceno como el cáncer, amargo como un vómito 
de bilis, llagas incurables en lenguas inocentes,—
entonces, querido amigo, no dirías con ese placer elevado
a niños ardiendo por alguna gloria desesperada
esa vieja mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.


Dulce et Decorum Est
Wilfred Owen

Bent double, like old beggars under sacks,
Knock-kneed, coughing like hags, we cursed through sludge,
Till on the haunting flares we turned our backs,
And towards our distant rest began to trudge.
Men marched asleep. Many had lost their boots,
But limped on, blood-shod. All went lame; all blind;
Drunk with fatigue; deaf even to the hoots
Of gas-shells dropping softly behind.

Gas! GAS! Quick, boys!—An ecstasy of fumbling
Fitting the clumsy helmets just in time,
But someone still was yelling out and stumbling
And flound’ring like a man in fire or lime.—
Dim through the misty panes and thick green light,
As under a green sea, I saw him drowning.

In all my dreams before my helpless sight,
He plunges at me, guttering, choking, drowning.

If in some smothering dreams, you too could pace
Behind the wagon that we flung him in,
And watch the white eyes writhing in his face,
His hanging face, like a devil’s sick of sin;
If you could hear, at every jolt, the blood
Come gargling from the froth-corrupted lungs,
Obscene as cancer, bitter as the cud
Of vile, incurable sores on innocent tongues,—
My friend, you would not tell with such high zest
To children ardent for some desperate glory,
The old Lie: Dulce et decorum est
Pro patria mori.



lunes, 12 de junio de 2017

La aldea, el mundo, la gente



Leí Telegraph Avenue, de Michael Chabon, genio de quien leímos Kavalier and Clay y The Yiddish Policemen's Union. Es una novela compleja, larga, complicada y densa que al ser reseñada no puede hacerse con la tranquilidad de un “esta novela es sobre plin plin plin”. Miré dos reseñas antes de ponerme a escribir: Jennifer Egan (a quien leímos acá) dice que es sobre la paternidad y Attica Locke dice que es sobre la inevitabilidad del paso tiempo, aunque en casi toda su reseña habla del tema de la raza. 
Pero hay mucho más. Estos son algunos de los temas a los que Chabon vuelve una y otra vez y que fui anotando en los márgenes: la paternidad; la raza; la música (y especialmente el jazz y la música negra); las parteras y la maternidad; las relaciones de pareja y la distancia emocional entre hombres y mujeres; el entramado social y económico de un barrio; los barrios y sus personalidades colectivas bajo presión por el cambio del capitalismo homogeneizador; el vinilo como soporte musical; los comics; el cine de autor (y de Tarantino en especial); el coleccionismo; el kung fu; el perdón; la ciudad de Oakland; los vínculos entre varones y especialmente entre padres e hijos; la nostalgia. Por ejemplo:
Paternidad. “La paternidad imponía una obligación que era más que tu plata, tu cuerpo o tu tiempo, una presencia que ni es física ni medible por relojes: con final abierto, eterna e invisible, como el compromiso de la gravedad hacia las estrellas.” (p. 10)
Varones y mujeres. “Cada vez que ella le pedía a Archy que le trajera tampones le venía esta expresión a la cara, algo entre la intimidación, como si por un concepto avanzado de teoría cósmica, y pavor, como si el mero contacto con un tampón pudiera causarle que le creciera espontáneamente una vagina.” (p. 56)
Padres e hijos. “Recientemente y de manera inesperada, el cable de fibra óptica entre los continentes Padre e Hijo había sido cortado por la púa de alguna extraña ancla arrastrada.” (p. 90)
Vínculos masculinos: “tu tienda está llena de este tipo de conversación masculina cancherita, mentirosa, sin sentido y perdedora de tiempo desde hace por lo menos sesenta años y contando.” (p. 351)
Maternidad, parto y parteras. “Una mujer parturienta, sin embargo, mientras soporta su trabajo de parto, está en el centro de algo realmente radiante en cuatro dimensiones; todo nacimiento en todos lados, todos los vectores de la evolución y la migración humanas, tienen su origen y su fin en la separación de sus piernas.” (p. 432)
La novela tiene su centro, todos sus vectores tienen su principio y su fin en una tienda de discos viejos de vinilo que es, a su vez, el soporte para un cuadrado de vínculos que estructuran esta novela. Nat, hombre blanco, casado con Aviva, mujer blanca, socia de Gwen, mujer negra, casada con Archy, hombre negro, socio de Nat. Los varones son socios en la vinilería; las mujeres son parteras. Y a partir de esa tienda y ese cuadrado emocional se desarrollan los temas, se construye una catedral, se arregla un coro, se pinta un mundo.
Se lo pinta gloriosamente, aunque no sin momentos de exageración (crítica que le hace Egan y que hizo que me costara mucho el comienzo, hasta que decidí avanzar aunque me perdiera mucho, poquito o nada.) El libro por momentos es difícil de leer, de seguir. Pero de alguna manera lo logra, creo que, básicamente, porque Chabon es un genio, como cuando escribe una oración de 12 páginas en la que vemos al barrio y a casi todos los personajes de la novela en el vuelo de un loro. Chabon tira referencias culturales y metáforas, imágenes y sonidos y sensaciones sin parar. ¿Cuántas entran en estas dos oraciones? “Se peleó con el sillón, resistiendo su invitación a conformar su forma a la armadura de su dolor. El dolor en sí mismo era un tipo de silla, ancho e indulgente, que podría envolverte suavemente en sus alas y después devorarte, apropiarse de vos como de un manojo de monedas.” (p. 205) ¿La cancherea un poco Chabon? Puede ser, pero eso es parte de esa masculinidad cancherita que retrata, esos diálogos Tarantinescos, una suspensión de la verosimilitud que a mí no me molestó sino que me sumó por el lado del humor.
Telegraph Road es una exageración pero así se construye un mundo, un pequeño mundo como puede ser cualquier barrio, cualquier comunidad. Yo creo que al final del día Egan y Locke tienen un poco de razón, que es sobre todo sobre la nostalgia, el paso del tiempo y la paternidad, que siempre están un poco mezcladas. Pero aunque resulte una obviedad, es sobre ser humano en general, sobre ese bicho que sólo puede vivir junto a otros, en comunidades, en barrios, en familias, en amistades. Chabon pinta esa aldea y así pinta al mundo que habitamos: “Se trataba sobre todo del barrio, ese espacio donde el dolor compartido podría ahogarse en una pasión compartida mientras la charla se hacía cada vez más académica y salvaje.” (p. 465)


Citas usadas
“Fathering imposed an obligation that was more than your money, your body, or your time, a presence neither physical nor measurable by clocks: open-ended, eternal, and invisible, like the commitment of gravity to the stars.” (p. 10)
“Whenever she asked Archy to bring her a Tampax, he always got this look on his face, somewhere between intimidation, as by an advanced concept of cosmic theory, and dread, as if mere contact with a tampon might cause him spontaneously to grow a vagina.” (p. 56)
“Recently and unexpectedly, the fiber-optic cable between the continents of Father and Son had been severed by the barb of some mysterious dragging anchor.” (p. 90)
“your store been full of time-wasting, senseless, lying, boastful male conversation for going on sixty years, at least.” (p. 351)
“He fought the armchair, resisting its invitation to conform his frame to its armature of grief. Grief was itself a kind of chair, wide and forgiving, that might enfold you softly in its wings and then devour you, keep you like a pocketful of loose change.” (p. 205)

“It was all about the neighborhood, that space where common sorrow could be drowned in common passion as the talk grew ever more scholarly and wild.” (p. 465)

lunes, 29 de mayo de 2017

El sentido del trabajo



Bueno, es así: leí ¿Para qué trabajamos?, de Sergio Sinay. Me lo recomendaron y me prestaron un libro que no hubiera leído, y sobre el que tenía prejuicios. Muchos de esos prejuicios se confirmaron; pero así y todo leí cosas que me hicieron pensar. Acá va mi subrayado, sin opinión ni desarrollo.
“es urgente reflexionar sobre lo que el trabajo hace de nuestras vidas y de nuestras mentes, y sobre lo que hemos hecho del trabajo en su práctica cotidiana. A lo largo de las páginas que siguen se leerá una y otra vez que trabajar es una necesidad humana esencial. Que los humanos somos seres transformadores por naturaleza.” (p. 16)
“Quien encuentra un sentido en su trabajo halla una pista que lo orienta en el descubrimiento del sentido de su vida.” (p. 18)
“El mundo del trabajo es hoy, en una medida grande e inquietante, y aunque se lo disimule de mil maneras, un mundo de suicidas en potencia, de seres desvinculados, de autómatas despojados de su libertad última, de criaturas que, en su mayoría, navegan en el sinsentido, en el absurdo, en el vacío existencial, aunque, para disimularlo, se refugien detrás de bienes materiales, de supuestos logros económicos o profesionales, de excusas esforzadas.” (p. 30-31)
“El vaciamiento espiritual del trabajo, la creencia de que este tiene un solo y único fin (ganar dinero, producir réditos y beneficios económicos) y que cualquier otro propósito debe subordinarse a aquel está ampliamente extendida”. (p. 36)
“Trascender es ir más allá de uno mismo, encontrarse como parte de un todo que es más que la suma de sus partes y comprender que solo en ese contexto se es alguien.” (p. 47)
“Un ser humano puede contar con recursos diferentes, con más o menos recursos, con recursos adecuados o inadecuados. Pero jamás puede ni debe ser él mismo un recurso. Si se lo concibe como tal, difícilmente amará su trabajo.” (p. 59)
“En el compromiso con un quehacer (…) se tejen y enriquecen vínculos y tramas humanas, se experimentan la permanencia y la pertenencia (…), se accede a la vivencia de la disciplina (…), se entrena en el compromiso, se profundiza en el ejercicio del respeto (…) y se gana en experiencia (…) el espacio de trabajo (…) es un campo de forja de la personalidad”. (p. 71)
“La conexión es la nueva taylorización. La conexión es la cadena que ata al esclavo moderno a la noria que debe mantener girando.” (p. 72)
“Horas de trabajo, hoy, son todas.” (p. 76)
“Los aspectos más significativos del trabajo, a pesar de todo, siguen sin tener que ver con la economía. Son cuestiones existenciales.” (p. 81)
“el sentido de la vida no se inventa, no se crea, sino que se encuentra.” (p. 91)
Pertenencia. Permanencia. Respeto. Disciplina. Experiencia. Vínculos. Sentido. Siete atributos que el trabajo abordado con conciencia y con propósito forja en las personas.” (p. 92)
“Si solo trabajamos para ‘ganarnos la vida’, no nos introducimos ni un milímetro en el sentido de la misma, disociamos trabajo y vida, y ambos se transforman en espacios vacíos.” (p. 111)
“se trata de poner lo más auténtico de nosotros en aquello a lo que nos dedicamos, de no confundir ese hacer con nuestra identidad (aunque esta deba expresarse allí), de no disociar el escenario laboral del resto de los espacios existenciales, sino de entenderlo como uno más entre ellos.” (p. 113)
“no se trata de hacer una determinada tarea; se trata de hacer, de transformar, de involucrarse en el ritmo del mundo.” (p. 114)
“vocación y aptitud no son la misma cosa. (…) El mundo está habitado por muchísimas personas que no son felices con lo que hacen pero que lo siguen haciendo porque tienen facilidad natural para ello.” (p. 130)
“La espiritualidad riega el trabajo a través de tres canales: el que lo convierte en una forma de exploración y búsqueda del sentido de la propia vida; el de construir un contexto ético en el cual el trabajo, se trate del que se trate, resulte una actividad moral; y el de hacer del mismo una contribución al mejor desarrollo de la sociedad.” (p. 133)
“Trabajamos para trascender. Trascender es ir más allá de nosotros, plasmar el encuentro con otro y, en ese encuentro, enaltecer el espacio en el que existimos, honrarlo, dejar en él una huella que siempre estará ante ojos que la vean.” (p. 141)
“Somos humanos y trabajamos. No lo hacemos por estúpidos ni porque nos gusta que nos exploten. Lo hacemos porque necesitamos pertenecer, ser parte de algo, sentirnos partícipes del mundo que habitamos, transformarlo, explorarlo, conocerlo, bucear la razón de nuestra presencia en él.” (p. 152)
“vivir para trabajar equivale a postergar todas las necesidades más profundas y a cerrar los horizontes existenciales; trabajar para vivir nos conecta con la pregunta acerca de cómo queremos vivir, qué sentido encontramos en ello, cómo hacerlo de una manera moral y trascendente”. (p. 159)
“Preguntas orientadoras.
1. ¿Estoy haciendo lo que quiero o lo que debo?
2. ¿Estoy atendiendo mis deseos o mis necesidades?
3. ¿Soy lo que hago o hago lo que soy?
4. ¿Los valores de mi vida son los valores de mi trabajo?
5. ¿Está reflejado en mi actividad el sentido de mi vida?
6. ¿Qué me gustaría hacer si no dependiera de eso ganarme la vida?
7. ¿A través de mi trabajo trato de llegar más alto o más profundo?
8. ¿Están mis emociones y mis sentimientos presentes y representados en lo que hago?
9. ¿De qué manera y en qué aspectos mi trabajo enriquece mi vida?
10. ¿De qué manera lo que hago mejora el mundo?” (p. 161-162)
“tres dimensiones del trabajo: 1) que es inherente a nuestra naturaleza, dado que somos seres esencialmente transformadores; 2) que la experiencia de trabajar es una a través de la cual (…) exploramos el sentido de nuestra vida personal; 3) que hay una relación estrecha entre el trabajo y la moral”. (p. 167)

martes, 23 de mayo de 2017

"Susurré racismo"


The Sellouts (El vendido) es un libro notable. Con un humor ácido que me hizo reír a carcajadas en más de una oportunidad, Paul Beatty nos habla de algo profundamente triste, que podría denominarse la muerte de los Estados Unidos post-raciales. (Suena mejor en inglés: "The death of post-racial America." Al que quiera leer algo más de esto pero fuera del marco de la ficción le recomiendo leer a Ta-Nehisi Coates: “The Case for Reparations”, o “My President was black”. También se puede guglear esa frase y aparecen notas en diarios importantes y hasta su propia entrada en Wikipedia.)
El libro funciona bien como ficción, pero es sobre todo un libro de ideas. A veces, como en Beloved para este mismo tema, la ficción enseña más fácilmente. La esclavitud dejó huellas imborrables y no hay corrección política que lo pueda corregir. En dos citas:
Decime si no preferís estar acá que en África. La carta de triunfo de todos los nativistas estrechos. Si pusieras un cupcake en mi cabeza, sin duda, preferiría estar acá antes que en cualquier lugar de África (...) Pero no soy tan egoísta como para creer que mi relativa felicidad, incluyendo, pero no limitado a, tener acceso 24 horas a hamburguesas de chili, Blu-ray y sillas de oficina Aeron, valgan el sufrimiento de generaciones.” (p. 219)
“Toda esta ciudad [Washington] es un fallido freudiano, una pija parada de cemento por los hechos y las fechorías de este país. ¿Esclavitud? ¿Destino manifiesto? ¿Laverne & Shirley? ¿No levantar un dedo mientras Alemania trataba de matar a todos los judíos de Europa? Pero si algunos de mis mejores amigos son el Museo de Arte Africano, el Museo del Holocausto, el Museo del Indio Americano y el Museo Nacional de las Mujeres en las Artes... Más aún, y para que lo sepas, mi hermana se casó con un orangután.” (p. 5)
El libro comienza con el protagonista, Bombon, el vendido de su raza, esperando a que la Corte Suprema escuche su caso. Su crimen fue sencillo: “Susurré ‘Racismo’ en un mundo post-racial.” (p. 262) Lo hizo, en una trama con ribetes surrealistas, con “una campaña de apartheid localizado de seis meses”. (p. 233) La novela está situada en Dickens, California, un ficticio ghetto semi-rural en las afueras de Los Ángeles, donde el padre de Bombon lo educó en la casa con una mezcla de psicología experimental e historia de los negros en Estados Unidos. Bombon se rebela contra la idea de que la experiencia del activismo negro haya tenido algún éxito y busca probarlo reinstaurando la segregación racial en Dickens, experimento que irónicamente produce una mejora de todos los indicadores sociales y educativos.
¿Por qué funciona poner una imagen de una escuela de blancos frente a una escuela sólo para negros? Porque “incluso en estos tiempos de igualdad racial, cuando alguien más blanco que nosotros, más rico que nosotros, más negro que nosotros, más chino que nosotros, mejor que nosotros, viene y nos enrostra su igualdad en nuestras caras, saca nuestra necesidad de impresionar, de portarnos bien, de poner nuestras camisas dentro de los pantalones, hacer la tarea, llegar a horario, meter los tiros libres, enseñar y probar nuestro valor con la esperanza de que no nos echen, arresten ni nos lleven en un camión y nos peguen un tiro. (...) Creeme, no es coincidencia que Jesús, los comisionados de la NBA y de la NFL y las voces de tu GPS (incluso la que habla en japonés), sean blancos.” (p. 208/9)
Además de esto, The Sellout es la historia de un hijo luchando contra el recuerdo de su padre y una permanente crítica cultural a Estados Unidos, y aunque es muy gracioso, es tremendamente triste. Porque “Ese es el problema con la historia, nos gusta pensar que es un libro – que podemos pasar la hoja e irnos a la mierda. Pero la historia no es el papel en la que está impresa. Es la memoria, y la memoria es tiempo, emociones y canciones. La historia es las cosas que se quedan con vos.” (p. 115)

Citas usadas
You’d rather be here than in Africa. The trump card all narrow-minded nativists play. If you put a cupcake to my head, of course, I’d rather be here than any place in Africa (…) However, I’m not so selfish as to believe that my relative happiness, including, but not limited to, twenty-four-hour access to chili burguers, Blu-ray, and Aeron office chairs is worth generations of suffering.” (p. 219)
“This whole city’s a Freudian slip of the tongue, a concrete hard-on for America’s deeds and misdeeds. Slavery? Manifest Destiny? Laverne & Shirley? Standing by ildly while Germany tried to kill every Jew in Europe? Why some of my best friends are the Museum of African Art, the Holocaust Museum, the Museum of the American Indian, the National Museum of Women in the Arts. And furthermore, I’ll have you know, my sister is married to an orangutan.” (p. 5)
“I’ve whispered ‘Racism’ in a post-racial world.” (p. 262)
“six-month campaign of localized apartheid”. (p. 233)
“even in these times of racial equality, when someone whiter than us, richer than us, blacker than us, Chineser than us, better than us, whatever than us, comes around showing their equality in our faces, it brings out our need to impress, to behave, to tuck in our shirts, do our homework, show up fon time, make our free throws, teach, and prove our self-worth in hopes that we won’t be fired, arrested, or trucked away and shot. (…) Believe me, it’s no coincidence that Jesus, the commissioners of the NBA and NFL, and the voices on your GPS (even the Japanese one) are white.” (p. 208/9)

“That’s the problem with history, we like to think it’s a book – that we can turn the page and move the fuck on. But history isn’t the paper it’s printed on. It’s memory, and memory is time, emotions, and song. History is the things that stay with you.” (p. 115)