Esta novela fue publicada en 1929,
como Sin novedad en el frente y Goodbye to All That, entre muchos
otros libros de la Gran Guerra, y tres años después de The Sun Also Rises,
que es la novela de lo que viene después de la guerra, aunque con otros
personajes. El argumento es relativamente sencillo: el narrador es el americano
Frederick Henry, que está en el frente italiano como teniente en el servicio de
ambulancias del ejército italiano. Allí conoce a una enfermera británica,
Catherine Barkley; después de empezar a verla, Henry termina teniendo un gran
amor con ella al ser herido y trasladado a un hospital en Milán, donde ella
cuida de él. Con idas y vueltas entre el frente y la retaguardia, una novela de
la guerra termina siendo una novela de amor.
Por detrás, claro, hay mucho más,
porque en Hemingway siempre hay muchas cosas detrás. Hay, claro, un
enjuiciamiento de la guerra, pero de forma mucho menos directa que en otros de
los libros que estuve leyendo, incluyendo la citada Sin novedad en el frente,
One Man’s Initiation 1917 y Le Feu, por ejemplo. El lugar más
claro es el momento en el que Frederick Henry dice: “Siempre me daban vergüenza
las palabras sagrado, glorioso y sacrificio y la expresión en vano. Las
habíamos escuchado, a veces parados bajo la lluvia casi fuera de rango, de
forma que sólo se escuchaban las palabras gritadas, y las habíamos leído, en
proclamas que era pegadas en carteles por encima de otras proclamas, hacía un
largo tiempo ya, y yo no había visto nada sagrado, y las cosas que eran
gloriosas no tenían gloria y los sacrificios eran como los mataderos de Chicago
si no se hubiera hecho nada con la carne más que enterrarla. Había muchas
palabras que yo no podías soportar escuchar y al final sólo los nombres de los
lugares tenían dignidad” (p. 134-135).
Como decía, el tema principal es la
historia de amor entre el soldado americano y la enfermera británica. Discutiéndolo
en el taller de lectura de novelas de la Primera Guerra, fui el único, creo,
que se creyó la historia de amor. Los demás no se la creyeron demasiado. Para
mí hay una clara progresión, donde al principio Henry la visita de puro
aburrido y de poco se va enamorando. Para mí, hacia el final de la novela,
están muertos el uno con el otro; arman un mundo propio, incluyendo mentiras
que se entienden como tal, y hacen un hogar de cualquier lugar donde están
juntos (un hospital, un hotel, una cabaña en la montaña).
“Nos podíamos sentir solos estando juntos, solos contra los demás. Sólo
me pasó así una vez. Me he sentido solo estando con muchas chicas y esa es la
manera en que podés sentirte más solitario. Pero nunca estábamos solitarios y
nunca con miedo cuando estábamos juntos. Yo sé que la noche no es lo mismo que
el día: que todas las cosas son diferentes, que las cosas de la noche no pueden
ser explicadas de día, porque ahí no existen, y la noche puede ser un tiempo
espantos para personas solitarias una vez que empezó su solitud. Pero con
Catherine casi no había diferencia entre la noche scalvo que era un tiempo aún
mejor. Si la gente trae tanto coraje a este mundo el mundo tiene que matarlos
para romperlos, así que por supuesto los mata. El mundo rompe a todos y después
muchos son fuertes en los lugares rotos. Pero a aquellos que no se rompen los
mata. Mata a los muy buenos y a los muy amables y a los muy valientes
imparcialmente. Si no sos uno de esos podés estar seguir de que te va a matar,
pero sin un apuro especial” (p. 182-183).
Esa cita une el tema del amor con el
tema ético. Más allá de que siempre nos vamos a morir y que somos los únicos
animales conscientes de la propia mortalidad, el punto de Hemingway, acá como
en muchos otros lados, es que hay una forma buena y otra mala de vivir. A lo
largo de la novela Hemingway construye una dualidad: Dualidad: de un lado la montaña,
la buena vida, el hogar, el amor y la vida, que en el frente es representado
por el cura; del otro lado la planicie, la mala vida, el burdel, la guerra y la
muerte, representadas por Rinaldi. Más allá de lo que ocurra al final, Catherine
y Frederick Henry eligen el lado correcto. Al comienzo de la novela, el cura y
Henry tienen un diálogo en el que el cura lo quiere llevar del lado del bien:
“Lo que me contás de las noches. Eso
no es amor. Esos es sólo pasión y lujuria. Cuando amás querés hacer cosas para.
Querés sacrificar para. Querés servir.
“Yo no amo.
“Lo harás. Sé que lo harás. Entonces
serás feliz.” (p. 54).
Catherine y Frederick eligen el lado
correcto: la montaña, el amor, el hogar. Y por eso son héroes, más allá de
todas sus fallas. Porque lo importante no es ganar o perder, sino jugar de la
manera correcta a pesar de todo lo que sabemos, a pesar de la muerte, a pesar
de saber que tantos otros juegan mal, a pesar de que perdemos más de las que
ganamos.
No es una novela feliz, claro, pero
es una lectura feliz. Hemingway escribía realmente muy bien, y en esta novela
lo vemos un poco menos “Hemingway” que en otros libros, lo cual está bueno.
Hemingway es famoso por su lenguaje austero, por sus oraciones cortas, por todo
lo que no dice. Acá lo veo mucho más lírico que en los cuentos cortos e incluso
que en The Sun Also Rises. Aunque la base es siempre lo observable, hay
mucho pensamiento del narrador, incluso momentos de fluir de conciencia.
Sin duda, una de las grandes novelas
de la Primera Guerra y del siglo XX.
Originales
de las citas
“I was always
embarrassed by the words sacred, glorious, and sacrifice and the expression in
vain. We had heard them, sometimes standing in the rain almost out of earshot,
so that only the shouted words came through, and had read them, on
proclamations that were slapped up by bil posters over other proclamations, now
for a long time, and I had seen nothing sacred, and the things that were
glorious had no glory and the sacrifices were like the stockyards at Chicago if
nothing was done with the meat except to bury it. There were many words that
you could not stand to hear and final y only the names of places had dignity.”
(134-135)
“We could
feel alone when we were together, alone against the others. It has only
happened to me like that once. I have been alone while I was with many girls
and that is the way that you can be most lonely. But we were never lonely and
never afraid when we were together. I know the night is not the same as the
day: that all things are different, that the things of the night cannot be
explained in the day, because they do not then exist, and the night can be a
dreadful time for lonely people once their loneliness has started. But with
Catherine there was almost no difference in the night except that it was an
even better time. If people bring so much courage to this world the world has
to kill them to break them, so of course it kills them. The world breaks every
one and afterward many are strong at the broken places. But those that will not
break it kills. It kills the very good and the very gentle and the very brave
impartially. If you are none of these yo u can be sure it will kill you too but
there will be no special hurry.” (182-183)
“What you
tell me about in the nights. That is not love. That is only passion and lust.
When you love you wish to do things for. You wish to sacrifice for. You wish to
serve.
“I don’t
love.”
“You will. I
know you will. Then you will be happy.” 54

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