Leí Foster,
de Claire Keegan, genia de quien leí acá Antarctica,
Small
Things Like These y Walk
the Blue Fields.
Foster es un cuento corto largo publicado
inicialmente en The New Yorker y luego, un poco más extenso, como novella,
que es la versión que tengo yo en una edición realmente bella, tapa dura, buen
papel. Se puede leer perfectamente en una sentada, y lo merece.
La
narradora sin nombre es una chica de unos diez años. Su familia tiene problemas
económicos y su madre, que ya tiene muchos hijos, no sabemos cuántos, está
nuevamente embarazada. En ese contexto, que Keegan nos va ir develando de a
poco y sin explicar, con la narración de la chica, la historia empieza cuando en
el auto en el que el padre la lleva a quedarse durante el verano con una pareja
que son familiares de la madre. Durante el verano, alojada por los Kinsella, la
chica va a descubrir que hay otras maneras de vivir, que hay familias de otro
tipo, que puede haber amor y afecto reales. Los Kinsella le van a enseñar a correr, a leer y mucho más. Mientras tanto, claro, habrá un clímax en términos de acción, con ciertos temores
de que puedan o no pasar ciertas cosas, un momento donde vemos todo lo que
creció la chica y un final súper emotivo donde casi intuimos todo un futuro
más.
Pero no quiero contar nada así la leen y la disfrutan como lo hice yo.

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