lunes, 8 de diciembre de 2025

Acoger, fomentar

 


Leí Foster, de Claire Keegan, genia de quien leí acá Antarctica, Small Things Like These y Walk the Blue Fields.

Foster es un cuento corto largo publicado inicialmente en The New Yorker y luego, un poco más extenso, como novella, que es la versión que tengo yo en una edición realmente bella, tapa dura, buen papel. Se puede leer perfectamente en una sentada, y lo merece.

La narradora sin nombre es una chica de unos diez años. Su familia tiene problemas económicos y su madre, que ya tiene muchos hijos, no sabemos cuántos, está nuevamente embarazada. En ese contexto, que Keegan nos va ir develando de a poco y sin explicar, con la narración de la chica, la historia empieza cuando en el auto en el que el padre la lleva a quedarse durante el verano con una pareja que son familiares de la madre. Durante el verano, alojada por los Kinsella, la chica va a descubrir que hay otras maneras de vivir, que hay familias de otro tipo, que puede haber amor y afecto reales. Los Kinsella le van a enseñar a correr, a leer y mucho más. Mientras tanto, claro, habrá un clímax en términos de acción, con ciertos temores de que puedan o no pasar ciertas cosas, un momento donde vemos todo lo que creció la chica y un final súper emotivo donde casi intuimos todo un futuro más.

Pero no quiero contar nada así la leen y la disfrutan como lo hice yo.

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