Leí Mrs.
Dalloway, de Virginia Woolf, libro que había leído ya hace tanto tiempo que
todavía no tenía este blog.
Voy a
coordinar un taller de lectura sobre novelas relacionadas con la Primera Guerra
Mundial, y voy a cerrar con esta novela. Aunque no trata directamente sobre la
guerra, la guerra está permanentemente en el aire en esta historia, que ocurre
en un día de Londres en 1923. Uno de los personajes clave, el contrapunto de
Clarissa Dalloway, es un excombatiente que sufre lo que por esa época comenzaba
a conocerse como shell shock y hoy se denominaría estrés post-traumático.
La guerra no
sólo está ahí por este personaje (Septimus) y otros que hacen referencia a
ella, sino que hay de alguna manera un salto atrás permanentemente en la
conciencia de todos los personajes a un pasado casi idílico. No dicen “antes de
la guerra”, pero es “antes de la guerra”, cuando Clarrisa y Peter Walsh y casi
todos los personajes pasaban veranos en Bourton, la casa de campo de la familia
de ella.
Mrs. Dalloway es considerada un clásico del
modernismo (otros autores modernistas son Joyce, T.S. Eliot y, ahí cerquita,
John Dos Passos). La novela se construye con el fluir de conciencia (típico del
modernismo) de distintos personajes mientras van durante ese día por distintos
lugares de Londres. La fragmentación, característica típica del modernismo, se
da no sólo a través de los distintos personajes, sino un poco también porque ninguno
es monolítico: todos van cambiando, todos van cambiando de idea sobre las mismas
cosas, con un foco en la subjetividad de cada uno de ellos.
La leí en
unos pocos días, dejando que fluyera, sin concentrarme demasiado en cada ida y
vuelta, un poco porque sabía que la voy a volver a leer, con mucha más atención
y con la computadora en frente, en unos pocos meses cuando esté terminando el
taller. Es cierto que alguien que la lea por primera vez y que no se quiera
perder nada podría requerir de más atención, pero igual me parece que es un
libro hermoso que se lee super bien cien años después.


