lunes, 9 de febrero de 2026

Lo que pudo haber sido

 


Leí La última piel, de Patricia Gutiérrez, una historia de amor, una novela sobre el tacto (y los sentidos) y una reflexión sobre lo que pudo haber sido.

Después de enterrar a su hermana, ya de grande, Nélida recuerda el gran amor de su vida y reflexiona de alguna manera sobre lo que pudo haber sido. Desde el principio sabemos que ese amor no llegó a buen puerto, y la novela te atrapa porque querés entender por qué. Nélida es una costurera hija de inmigrantes españoles, con sueños de convertirse en modista. Se engancha con León, el hijo rebelde, músico, de una familia quizás patricia, con padre general y todo. León y Nélida vienen de lugares muy diferentes, pero eso no parece importar: la atracción es directa, total, de piel. La novela viene con un epígrafe de Pablo Maurette sobre el tacto como algo “ineludible, impostergable, imposible de olvidar”. En el caso de Nélida, esa conexión desde la piel con León nunca se olvida. Pero algo les permitió, en su momento, postergarlo, eludirlo.

La historia comienza en 1927 y podría haber tenido como epigrafe esta cita de Borges en El idioma de los argentinos: “Vivimos una era de promisión. Mil novecientos veintisiete: gran víspera argentina. (…) El porvenir (cuyo nombre mejor es el de esperanza) tira de nuestros corazones” (tomo I, p. 343). En La última piel se respira ese espíritu de época. El padre le dice a Nélida que “El pasado es pasado, mija. No hay nada que recordar. En esta tierra se mira al futuro y ya” (p. 36); una amiga le dice que vale la pena dejar su trabajo en un taller para emprender su propio negocio porque “vivimos en un país que te permite hacerlo” (p. 84); y la misma Nélida dice: “no creo que haya mucha diferencia entre Nueva York y Buenos Aires” (p. 61).

Nélida y León y Argentina parecen ser dos proyectos destinados al éxito, pero de alguna manera ambos fracasan. En la novela no hay una definición ni una hipótesis sobre el fracaso argentino, ni tiene por qué haberlas, claro está. El lector puede suponer una subyacente: como la familia de Nélida es yrigoyenista y la de León es anti-yrigoyenista, y los primeros son buenos y los segundos no tanto, podemos imaginar algo. Sobre la relación tampoco es tan claro: pareciera que la relación fracasó porque sus partes no siguieron el llamado de la piel; pero Nélida construyó igual una vida que parece haber sido, a pesar de ello, exitosa en sus ojos.  

El libro incluye una dedicatoria a quienes “sueñan con lo que pudo haber sido”. Y lo que pudo haber sido no es necesariamente mejor o peor, sino un mix distinto de éxitos y fracasos, de experiencias y de sentidos.

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