lunes, 19 de octubre de 2026

Que viva España

 

Estuve en España, y como en otras oportunidades, aproveché para leer algo sobre su historia. Ayudado por una inteligencia artificial, elegí A Consise History of Spain, de William D. Phillips, Jr y Carla Rahn Philips. Además de la recomendación de la IA, venía con el sello de calidad de la Cambridge University Press. Resultó una buena decisión, porque era básicamente lo que quería: una historia sencilla y estructurada, que te da los grandes trazos y deja marcado los grandes temas y las discusiones para profundizar más adelante. (Además de mi viaje, me motivó la lectura la idea de quizás hacer un taller de lectura con la Guerra Civil, gran tema. Ampliaremos, quizás).

¿Qué me llevo del libro? Primero, como en muchas historias generales, que cubren mucho tiempo, la importancia de lo geográfico. Parece una obviedad, pero es llamativo cuánto olvidamos su importancia. En el caso de España, explica bastante. Por ejemplo, explica en parte los regionalismos. Hacia el norte, las montañas cantábricas dan forma a Galicia, Cantabria y el País Vasco; la Sierra Morena da forma a Andalucía, y así sucesivamente. En segundo lugar, el hecho de tener costa atlántica (Cádiz), mediterránea (Barcelona, Málaga) y cantábrica (de El Ferrol a San Sebastián), facilitó que España fuera el punto de conexión de Europa con África y con América Latina.

Segundo, una cronología muy básica. La época de los romanos (siglo 2 antes de Cristo a 5 después de Cristo), la de los musulmanes (711 a 1492) y luego la de España unificada (1492 a hoy). Dentro de este último período hay un quiebre muy grande con las guerras napoleónicas, que culminan con la pérdida de casi todas sus posesiones americanas. Un gran período de inestabilidad entre 1808 y 1939, que culmina con la Guerra Civil (1936-1939); el franquismo (1939-1975); y la notable historia de la nueva España borbónica y democrática.

Eso me deja en el tercer punto, y es que es realmente impresionante que después de tantos años y a pesar de tantas tensiones (de clase, regionales, religiosas), España encuentre finalmente con la transición de 1975 una fórmula política de estabilidad. Esto es, una fórmula que permitió procesar los conflictos y las tensiones dentro de un marco legal compartido, democrático y cada vez más liberal. Eso hizo posible su desarrollo y crecimiento económico, que el acceso a Europa logró potenciar aún más. Quizás no esté perdida toda esperanza para nosotros, pienso por un lado, aunque también es cierto que nadie tiene asegurado, una vez encontrada una fórmula eficaz, su mantenimiento en el tiempo. Los regionalismos, y sobre todo el catalán, siguen siendo una fuente de problemas, y la política española hoy enfrenta, como otros países, una pérdida relativa de consenso sobre las reglas básicas. Ojalá que no se profundice.

lunes, 21 de septiembre de 2026

El viaje final



“Últimamente he empezado a pensar sobre la felicidad más de lo que solía hacerlo” (p. 1). Así empieza Be Mine, última novela, por ahora por lo menos, de la serie de Frank Bascombe, de Richard Ford. En esta por ahora pentalogía, Ford sigue la vida de Bascombe en algunos períodos de la vida. Comienza con The Sportswriter (1986), con Bascombe divorciándose y enterrando a un hijo; sigue con un road trip con su hijo Paul en Independence Day (1995), ya siendo agente inmobiliario; en The Lay of the Land estamos en Halloween y Frank tiene 55 años y en Let me be Frank with You tiene 68 años y pasó el huracán Sandy en New Jersey.

Ahora, en Be Mine, estamos en otro holiday gringo, o casi, Valentine’s Day, y en otro road trip con el hijo, pero uno muy distinto. Frank tiene 74 y decide llevar a Paul, que tiene 47 y esclerosis lateral (ELA), a un último viaje, a ver el monte Rushmore, con sus caras de presidentes. El último viaje antes de que Paul (y no demasiado después Frank) emprenda el último es a uno de los lugares más americanos que hay; como dice Paul, “es totalmente ridículo y carente de sentido, pero es genial” (p. 324).

Así, la novela es en gran parte una reflexión sobre la vida (o sobre la muerte o sobre las dos o sobre como una y otra no pueden distinguirse demasiado) y esa podría ser la conclusión de Frank: es inútil, no tiene sentido y es genial. Lo que hacemos no tiene sentido. Como dice en un momento: “Cuánto más ligero en sus pies sería el mundo si tan sólo entendiéramos que casi un carajo de la mierda que hacemos en un día cualquiera hace mucha diferencia, ni el corto ni en el largo plazo” (p. 216). Pero así y todo la felicidad es asequible: “conozco el hueco en el corazón que es la añoranza y el opuesto de la añoranza –hacer el bien porque querés hacer el bien a pesar de lo que sabés que es cierto sobre vos mismo. Sí. La felicidad todavía puede ser tuya, viejo; ya que la felicidad no es un elemento puro como el manganeso o el boro, sino una aleación de metales tanto preciosos como comunes, y durables” (p. 255). En esa línea, “salir por la puerta (…) y no molestarse con ser feliz es darle a la vida menos de lo que merece” (p. 18).

Mientras tanto, por los ojos de Frank y Paul pasa Estados Unidos. La serie de Bascombe puede ser una buena manera de registrar el paso del tiempo de esa monstruosidad hermosa y poliforme, o al menos de cómo la ve un hombre sensible como Ford. Con todo lo ridículo y lo grandioso y la buena gente y de la otra. Pero sobre todo con un comercialismo que reduce todo a algo ridículo y sin sentido, a veces genial. En un momento va a alquilar un RV a un lugar insólito que se llama “A Fool’s Paradise”, que tiene de un lado un “outlet adulto” y del otro una armería que se llama “Gunz” y donde seguramente se puede comprar desde rifles de aire comprimido hasta una AK-47. O la mirada de Rapid City, “una mancha sin alma de mini-malls, grúas torre, restaurantes de cadenas, vendedores de autos” y demás, lo que lo lleva a concluir que “Hubo un tiempo en que sólo California se veía así” (p. 306).

Se me hizo largo Be Mine y un poco demasiado triste también. Pero amamos a Frank, con su estoicismo y su mirada siempre curiosa sobre su país, su vida, sus vínculos, el mundo.

 

Originales de las citas

“Lately, I’ve begun to think more than I used to about happiness” (p. 1).

“It’s completely pointless and ridiculous, and it’s great” (p. 324).

“How much lighter on its feet the world would be if we only understood that precious fuck-all we do on any given day makes much difference in either the long run or the short.” (p. 216).

“to go out the door (…) and not bother with being happy is to give life less than its full due” (p. 18).

“I know the hollow in the heart that is longing and longing’s opposite–doing good because you want to do good and are a good man in spite of what you know is true of you. Yes. Happiness can still be yours, ole chap; since happiness is not a pure element like Manganese or Boron, but an alloy of metals both precious and base, and durable” (p. 255).

“Rapid City, from what I see of it, is a worse place in daylight–soul-less splat of mini-malls, tower cranes, franchise eats, car purveyors and new banks like this one where we’re enjoying breakfast. Once only California looked this way” (p. 306).

 

Otras citas

“Women are incalculable in all that they can supply, then take away in the span of one heartbeat.” / “Las mujeres son incalculables en todo lo que pueden proveer, después lo quitan en el lapso de un latido” (p. 102).

“For passion to thrive, one must be able to envision it.” / “Para que la pasión prospere, uno debe poder visualizarlo” (p. 126).

“Choice usually isn’t choice, only what you’re left with”. / “La elección a menudo no es una elección, solo lo que te quedó” (p. 145).

lunes, 31 de agosto de 2026

Sentimental


Leí The Touchstone, de Edith Wharton (leí hace poco A Son at the Front y hace bastante más su obra más reconocida, The Age of Innocence).

Publicada en 1990, The Touchstone es la primera novella publicada por Wharton, y no es la mejor. Claramente Wharton sabía escribir, y es especialmente agradable leerla si a uno le gusta las oraciones más bien largas y musicales. Pero The Touchstone es flojita: una historia no muy sofisticada con personajes un poco caricaturizados y demasiado sentimental. La historia básica: Glennard, un joven de alta sociedad, pero bajo nivel económico, decide hacer una canallada para poder casarse con la mujer que quiere. Pero el matrimonio estará desde entonces en jaque por ese origen: Glennard se preocupa de que su mujer se entere, le da culpa toda la situación aunque no lo sepa, y así sucesivamente. En pocas palabras: “¿Cómo puede haber surgido tal cosecha de felicidad de un terreno manchado?” (p. 38).

Una cita típica de la música de Wharton (y una muestra de sentimentalismo): “Vivimos en nuestras almas como en una región sin mapa, de la cual hemos limpiado unas pocas hectáreas para vivir, mientras que de la naturaleza de aquellos más cercanos a nosotros conocemos tan sólo las fronteras que marchan con las nuestras” (p. 52/53).

¿Puedo decir que esto me encantó, o me tengo que deconstruir?: “La genialidad es de poca utilidad para una mujer que no sabe arreglarse el pelo” (p. 12).

 

Originales de las citas

“How could such a crop of innocent blessedness have sprung from tainted soil?” (p. 38).

“We live in our own souls as in an unmapped region, a few acres of which we have cleared for our habitation, while of the nature of those nearest us we know but the boundaries that march with ours” (p. 52/53).

“Genius is of small use to a woman who does not know how to do her hair” (p. 12).

lunes, 24 de agosto de 2026

El muy largo Švejk

 

Leí El buen soldado Švejk, de Jaroslav Hašek, una de las novelas más raras de la Primera Guerra Mundial.

Hašek (1883-1923) fue un personaje bastante extraño, con una vida signada por la inestabilidad y la inconstancia. Nacido en Praga el mismo año que Kafka, fue escritor, periodista y activista político, primero anarquista y luego comunista, y se casó dos veces sin haberse divorciado ni enviudado, aunque en distintos países. Desde más o menos los 20 años se dedicó al periodismo, la escritura y la vida bohemia, además de estar cerca de grupos anarquistas, con períodos de empleo un poco más estable que no duraban mucho. Según su traductor al inglés Cecil Parrott: se dedicó a la escritura y a la vagancia.

Hašek escribió El buen soldado Švejk al volver de la guerra (fue conscripto en el ejército austrohúngaro, pero luego revistó en la Legión Checa y en el Ejército Rojo). Comenzó en 1921 y fue publicando los primeros cuatro tomos, pero la muerte le impidió terminar los últimos dos que tenía planeados. El buen soldado Schvejk es su obra más reconocida, y la obra checa más traducida de la historia. Además de esta novela, Hašek tiene unos 1.200 cuentos publicados conocidos.

El buen soldado Švejk es básicamente una sátira picaresca. El libro sigue el deambular de Švejk más o menos desde el momento en que matan al archiduque Franz Ferdinand y suponemos que terminaría con el fin de guerra. Švejk es un gordito simplón que cuenta historias larguísimas y que muestra tanto entusiasmo por defender al Imperio que todos dudan de si ese entusiasmo es serio o irónico. Quienes más lo conocen, como el teniente Lukáš, se la pasan preguntando, a lo largo del libro, si es idiota o se hace. Ni él ni el lector tiene una respuesta obvia, como veremos.

 

Una de las ilustraciones originales de Josef Lada, gran valor del libro. En esta, Švejk se reporta con el teniente Lukáš, exasperado porque no se puede sacar de encima a su valet, que tantos problemas le trae.

 

Como es común con las picarescas, la novela sigue a este personaje en todo tipo de aventuras, sin mucho argumento, con personajes caricaturescos y estereotipos, y con el uso de la ironía y del humor. El humor en general es del tipo más básico y chabacano, incluyendo una inusitada cantidad de referencias a excrementos y vómitos. Por ejemplo, en un hospital al que mandan al bueno de Švejk los médicos ordenan a todos los pacientes, sin importar el diagnóstico, el mismo tratamiento, de aspirinas y enemas, y Švejk concluye que el futuro de “Austria descansa sobre estos enemas” (p. 69).

Lo que convierte a la novela en una sátira es que detrás del humor está la intención de hacer una crítica social y política. Y no simple ni principalmente de la guerra y de lo militar; decía al comienzo que es un libro raro de la Primera Guerra Mundial, y lo es en no poca medida porque en 750 páginas nunca se dispara un tiro y no hay escena alguna de combate. La novela es claramente más que una obra humorística: es una sátira sobre el imperio austrohúngaro, sobre el ejército austrohúngaro, sobre la iglesia y la religión en general. E incluso, más generalmente, sobre la burocracia y el Estado.

El ejército y su oficialidad son constantemente burlados por su corrupción, incompetencia y normas ridículas. Un capítulo empieza así: “El coronel Friedrich Kraus, quien llevaba el título adicional de von Zillergut por una aldea en el distrito de Salzburgo que había sido ya completamente desplumada por sus ancestros en el siglo dieciocho, era un verdaderamente venerable idiota” (p. 201). Describe a unos cuantos generales de pocas luces, incluyendo uno que hacía que los soldados se numeraran sólo con los números uno y dos y otro que ordenaba que todos los soldados fueran a las letrinas a la misma hora y dice que “Austria tenía masas de generales así” (p. 522). También se burla permanentemente de la religión. Uno de los primeros oficiales con los que se relaciona Švejk es un capellán que se la pasa tomando y apostando y que luego sabemos que era judío y que sólo había elegido el sacerdocio como una decisión de carrera. Cuidando en un tren a otro capellán, borracho, Švejk dice que todos los capellanes que conoció “tienen un talento especial derivado de Dios para emborracharse sin límite en cada oportunidad” (p. 318).

Se burla también de Austria Hungría en general (“Una monarquía tan idiota como esta no debería ni existir”, p. 208), pero en el fondo la burla es a toda burocracia, a toda institución que busca controlar y regir a los hombres. Švejk se la pasa siendo mandado y disciplinado por estructuras militares, médicas o judiciales, y siempre lo afronta con una sonrisa tonta, pero al hacerlo nos muestra la ridiculez del sistema. En una escena tribunalicia, Hašek nos dice: “Todo el establecimiento de la oficina del fiscal militar era magnífica. Todo estado al borde del colapso político, económico y moral tiene un establecimiento así. El aura del poder y la gloria pasados se adhiere a sus cortes, policía, gendarmería y banda de informantes venales” (p. 79). Y la oficina de otro fiscal militar, Ruller: “Tenía un tomo del código legal frente a él, y arriba de él descansaba una taza de té mitad consumida. En la mesa de la derecha había un crucifijo hecho de imitación de marfil con un Cristo polvoriento, quien miraba desesperanzado el pedestal de su cruz, donde había cenizas y colillas de cigarrillos” (p. 388); el símbolo de la ley usado como posavasos y el de la religión como cenicero. La Biblia junto al calefón.

Cabe recordar que en la misma época y básicamente en el mismo lugar, Franz Kafka escribía El proceso. Es curioso, porque Kafka y Hašek viven casi en el mismo tiempo y en el mismo lugar, pero nunca se cruzan. Vivían en Pragas totalmente distintas; la burguesa, judía y en idioma alemán de Kafka, y la proletaria y checa de Hašek. Uno iba a cafés, el otro a tabernas y burdeles. Hašek no leía alemán y Kafka publicó muy poco en vida, por lo que es casi imposible que el checo lo haya leído. Y es posible que Kafka haya leído algún cuento de Hašek, pero no hay documentación de ello. Pero hay dos puntos en que se cruzan; en que Max Brod, el amigo de Kafka responsable de su publicación póstuma fue quien primero tradujo parte de la novela de Hašek; y en la temática: los dos escriben en gran medida sobre lo mismo (el hombre aplastado por la burocracia), aunque con abordajes totalmente distintos.

Y en idiomas distintos. Sin duda, todos los que lo leemos en traducción nos perdemos muchísimo. El original está escrito en varios idiomas. Prácticamente todos los diálogos están escritos en el checo informal de las clases populares; es un idioma con gramática no estándar, palabras alteradas y con muchas palabras prestadas del alemán. En cambio, la voz del narrador y de todo lo que es oficial (telegramas, cortes marciales, proclamas) está en checo formal. Además, Hašek incluye mucho texto en alemán, porque el ejército se manejaba en parte en alemán, más allá de la lengua de cada regimiento; y porque los oficiales por momentos hablan en alemán. Finalmente, hay algo de diálogo en otros de los idiomas del imperio (húngaro, serbo-croata y polaco).

Hašek es un innovador en usar el checo informal en literatura, y habla de esto explícitamente en el epílogo del primer libro. El punto es defender el checo coloquial, el que hablan las clases populares, para que no quede relegado por el checo formal que quieren imponer los constructores de la nueva nación y cultura checoeslovaca. Es otra manera de defender al individuo frente al Estado. En esa misma línea, la insistencia en el chiste fácil y en las funciones corporales también tiene un sentido. No sólo porque es el chiste popular y fácil de entender de la “baja comedia”. También porque ayuda a poner en ridículo a la burocracia con un ejercicio muy simple: contraponer el absurdo de la burocracia y ese lenguaje pomposo y grandilocuente con lo más básico que nos une a todos, nuestras necesidades básicas, nuestros cuerpos endebles. Así, por ejemplo, el narrador describe un momento: “Y mientras las tropas pasaban y acampaban en los alrededores podía verse por todos lados pequeñas pilas de excremento humano de extracción internacional perteneciente a todos los pueblos de Austria, Alemania y Rusia. El excremento de solados de todas las nacionalidades y confesiones yacía uno lado al lado o uno encima del otro sin ocasionar ninguna pelea” (p. 598).

Ese narrador es a veces medio molesto, porque tiene un registro totalmente distinto de los personajes y a veces se pasa en la bajada de línea. Es una manera de decirnos que esto es más que una picaresca, una farsa, que estamos hablando de temas importantes. Pero se hace un poco pomposo. Y la novela se hace larga. Muy larga. Como dice su traductor al inglés, Cecil Parrott, Hašek escribía rápido y desprolijo, y quizás borracho. Los lectores, decía antes, no sabemos si Švejk es idiota o se hace, y no queda claro si eso es por diseño o por defecto. Y sin duda al libro le sobran muchas páginas, muchas aventuras, muchas historias contadas por Švejk. Al libro le faltó un editor que tuviera tijera fácil. Igualmente, es un libro divertido e interesante, una manera muy distinta de contar la experiencia de la guerra. Y aunque es cierto que no es estrictamente una novela de la guerra, sirve para recordar que Austria Hungría, que es probablemente el país más responsable de que esa matanza ridícula haya ocurrido, era un poco esa compleja mezcla de nacionalidades y religiones, de incompetencia y corrupción.


Originales de las citas

“Try hard to think that Austria rests on these enemas and victory is ours” (p. 69).

“Colonel Friedrich Kraus, who bore the additional title of von Zillergut after a village in the district of Salzburg which his ancestors had already completely fleeced in the eighteenth century, was a most venerable idiot” (p. 201).

“Austria had masses of generals like that” (p. 522).

“All these chaplains, never mind whether they’re senior or junior, have a special gift from God of getting themselves stinking drunk at every opportunity” (p. 318).

“A monarchy as idiotic as this ought not to exist at all” (p. 208).

“The whole establishment of the office of the judge advocate was magnificent. Every state on the brink of total political, economic and moral collapse has an establishment like this. The aura of past power and glory clings to its courts, police, gendarmerie and venal pack of informers” (p. 79).

 “A volume of the legal code lay before him, and a half-consumed glass of tea stood on top of it. On the table of the right stood a crucifix made out of imitation ivory with a dusty Christ, who looked despairingly at the pedestal of his cross, on which were ashes and cigarette stubs” (p. 388).

“And as the troops passed through and camped in the neighbourhood there could be seen everywhere little heaps of human excrement of international extraction belonging to all peoples of Austria, Germany and Russia. The excrement of soldiers of all nationalities and of confessions lay side by side or heaped on top of another without quarrelling among themselves” (p. 598).

 

lunes, 3 de agosto de 2026

Marines en acción

 


Nunca pensé que iba a leer libros de historia militar, pero las búsquedas a veces nos llevan a lugares inesperados. (Ahora que lo pienso, en algún momento sí leí otro libro de historia militar, "Comandos en Acción", de Isidoro Ruiz Moreno, pero antes de la existencia de este blog). El año pasado decidí coordinar un taller de lectura de novelas de la Primera Guerra Mundial, y así fue que estos últimos meses leí el libro de Strachan y novelas varias desde Le Feu a El Gran Gatsby, Adiós a las armas (y Fiesta), Sin novedad en el frente (y El camino de regreso), 1917, Goodbye to All That y Mrs. Dalloway. En ese camino, uno de los participantes del taller me dijo que me iba a prestar el libro de su hermano, y así fue como leí To the Limit of Endurance, de Peter Owen, teniente coronel en los Marines de EE. UU. y hermano de mi amigo.

To the Limit of Endurance relata la participación de un batallón específico de Marines en la Primera Guerra Mundial, el segundo batallón del sexto regimiento. Un batallón es una unidad de unos 1.000 soldados, generalmente compuesto por cuatro compañías de cuatro pelotones cada uno. Valiéndose de básicamente tres tipos de fuentes, Owen sigue a este batallón, el 2-6, desde su reclutamiento y entrenamiento hasta los seis enfrentamientos que tiene en el frente occidental. Las fuentes son los registros de los propios Marines, los de los regimientos alemanes que los enfrentaron en esas batallas y una cantidad de cartas y memorias de los propios combatientes.

Mi primera reacción al libro fue que me parece un verdadero logro que Owen haya podido hilvanar una narración bastante clara y llevadera de lo que ocurrió. No se lee como una novela, porque no hay prácticamente referencias a la vida interna de los personajes, pero sí como una crónica muy clara y directa. Para la historia militar, el libro tiene una importancia que yo no puedo juzgar; tercia sobre debates y discusiones de la historia de la participación de EE. UU. en la guerra y de cuestiones tácticas y operativas para las fuerzas que claramente no estoy en condiciones de juzgar. Pero para alguien que está leyendo novelas sobre la guerra, resulta más que interesante para tener una mirada más militar, si se quiere, del conflicto.

Complemento así lo que decía al comienzo. No sólo las búsquedas nos llevan a lugares extraños, sino que de esos terminamos obteniendo perspectivas que no suponíamos necesitábamos.