lunes, 9 de marzo de 2026

Bildungsroman revolucionario

 


Leí One Man’s Initiation: 1917, de John Doss Passos, un libro sobre la Primera Guerra Mundial y sobre el germen revolucionario que despertó en una generación.

Hace unos años leí bastante de Dos Passos, pero como fue antes de que existiera este blog, que ya cumplió quince años, no tengo registro de esas lecturas. (Lo cual es, claro, una confirmación de que este blog es un gran recurso para mí como lector). Recuerdo que leí Three Soldiers, la USA Trilogy y Manhattan Transfer y recuerdo que me impresionó particularmente este último libro, ícono modernista que tengo ganas de releer: me olvidé mucho, pero lo que más recuerdo es el uso de muchas voces, y de voces que replican el acento de los inmigrantes, que al leer sabías si hablaba un irlandés o un italiano.

Como Vargas Llosa, Dos Passos es un autor que comenzó su vida o su carrera de escritor del lado de la izquierda y lo terminó firmemente en la derecha. (Mihente). Y One Man’s Initiation: 1917 es claramente un libro de la juventud, en el que a fin de cuentas se piensa a la guerra como una iniciación que haría que toda una generación se volcara a la revolución. Y un poco pasó, claro. Más allá de la revolución rusa, exitosa en conquistar el poder y retenerlo durante décadas, hubo intentos revolucionarios de mayor o menor fuerza en prácticamente toda Europa con efectos diversos. Esto está muy presente en la literatura de la Primera Guerra Mundial: Le Feu, de Barbusse, que Dos Passos leyó mientras era ambulancista durante la guerra, termina siendo un alegato comunista; The Way Back, la “continuación” de Sin novedad en el frente, de Remarque, relata la extrañeza de los soldados que retornan y se encuentran con Alemania en estado revolucionario. Entiendo que en The Case of Sergeant Grischa de Arnold Zweig y Men in Battle de Andreas Latzko también hay personajes que promueven activamente revoluciones.

Algo así pasa en One Man’s Initiation: 1917. El personaje principal, Martin Howe, comienza el libro en el barco que lo llevará a Europa, feliz de ser parte de la guerra en el servicio de ambulancias: “Martin está estirado en la cubierta en la popa del barco con un libro sin abrir a su lado. Nunca en su vida ha estado tan feliz. El futuro no es nada para él, el pasado no es nada para él” (p. 2). Es una imagen común: jóvenes de toda Europa y de EE. UU. yendo a la aventura. En la “iniciación” que supone la guerra, Martin perderá inocencia y parece ganar fe en la revolución socialista.

El tema de la pérdida de inocencia no es el único que nos remite a otros libros sobre la guerra. Está el aburrimiento, el tiempo de espera para que ocurra algo y lo que hacen los hombres para soportarlo; la angustia por matar a otro hombre, sobre todo si es mano a mano; la desacralización de la muerte –como en All Quiet… con el tema de qué hacer con las botas de un muerto–; el ridículo y el azar. Pero no es tanto un libro sobre la guerra, sino sobre lo que implica políticamente.

La idea de iniciación es, primero, individual, de Howe: “Voy a hacer algo algún día, pero primero tengo que ver. Quiero ser iniciado en todos los círculos del infierno” (p. 47), le dice a Merrier, el aspirante a oficial, cuando se conocen. También es generacional, es el de una generación que tiene un despertar y que va a hacer algo con eso, una revolución. Y es también, aunque no sea bueno para la izquierda, la de un país, un país que ha sido iniciado para el mal; en palabras de Tom Randolph, el amigo de Howe, “nuestra entrada a la guerra es una tragedia. (…) Ahora somos una nación militar, un pirata organizado como Francia e Inglaterra y Alemania” (p. 80). Parece raro hoy, en medio de la guerra con Irán, pero hasta esta guerra EE. UU. vivía en cierta aislación del mundo (aunque menor de la que creían). Esta cita ilustra muy bien que la Primera Guerra Mundial marca la entrada de EE. UU. al escenario internacional, en un papel que sólo crecerá en los cien años que le siguen.

Randolph dice eso en la escena ideológicamente central del libro. Randolph y Howe entran a una casa de campo y se encuentran con cuatro soldados franceses, con quienes tienen un largo diálogo político. Hay un anarquista, Lully, que dice que al abolir la propiedad se elimina al Estado y la guerra. Está Chenier, el normando, quien comienza diciendo que la única solución es el gobierno de la Iglesia. Está Merrier, que es socialista y quiere la extinción de los ricos, y que tiene “demasiada poca fe para ser anarquista, pero (…) demasiada para creer en la religión” (p. 84). Y Dubois, quien, cansado de tantas palabras, pide acción y cuenta que tiene un arma alemana con 300 balas para aportar a la revolución. Todos terminan acordando, brindan “Por la revolución, la anarquía y el estado socialista” (p. 86), y Howe y Randolph se van esperanzados y diciendo que deben volver a ver a estos hombres: “Con gente así no debemos desesperar de la civilización”, dice Howe (p. 87). Claro que, pocas páginas después, en el último capítulo, Howe va a asistir a un Chenier herido de muerte, quien responde a las preguntas de Howe diciendo que todos los demás ya están muertos. Quizás ahí, en ese final, está prefigurado lo que pasaría con la fe socialista de Dos Passos:

“‘Están todos muertos. Vos estás muerto, ¿o no?’

‘No, yo estoy vivo, y vos. Un poco de valor… Tenemos que poner buen humor’.

‘No por mucho. Mañana, pasado mañana…’

Y los párpados azules resbalan de nuevo sobre los ardientes ojos locos y la cara vuelve a tomar la cérea imagen de la muerte” (p. 91).

 

Originales de las citas

“Martin is stretched on the deck in the bow of the boat with an unopened book beside him. He has never been so happy in his life. The future is nothing to him, the past is nothing to him” (p. 2).

“I am going to do something some day, but first I must see. I want to be initiated in all the circles of hell” (p. 47).

“To me our entrance into the war is a tragedy (…) Now we’re a military nation, an organised pirate like France and England and Germany” (p. 80).

“I have too little faith to be an anarchist, but I have too much to believe in religion” (p. 84).

“‘To Revolution, to Anarchy, to the Socialist state’, they all cried, drinking down the last of the champagne” (p. 86).

“‘With people like that we needn't despair of civilisation’,” said Howe.” (p. 87).

“‘Everybody's dead. You're dead, aren't you?’

‘No, I'm alive, and you. A little courage.... We must be cheerful.’

‘It's not for long. To-morrow, the next day....’

The blue eyelids slip back over the crazy burning eyes and the face takes on again the waxen look of death” (p. 91).



 

lunes, 2 de marzo de 2026

Fútbol, fútbol, fútbol

 


Leí Fútbol, eclipse de la razón, de Diego Vannucchi, con quien creo que compartimos el amor por el fútbol, pero no las ideas políticas (ampliaremos).

El libro me lo regaló mi esposa, después de una visita a una librería especial. ¡Qué lindas las librerías especiales, con magia! Creo que le bastó el título para decidir el regalo: después de más de treinta años juntos, todavía, creo, no logra comprender cómo su marido, una persona muy racional, casi nerd, puede convertirse en un ser bastante diferente durante 90 minutos frente al televisor. El título, en ese sentido, es muy bueno: para muchos, el fútbol eclipsa momentáneamente la razón. De hecho, hace poco decidí no ir a la cancha porque tenía otros programas que me divertían más y lo consideré un avance en mi saludmental.

Además del título, el libro tiene cosas muy buenas. Es un conjunto de relatos muy relacionados con el fútbol (y algunos bastante con la política). Unos cuantos son reconstrucciones de hechos reales: “El Chino” relata el “partido fantasma” entre Chile y la URSS en 1973, y el no saludo a Pinochet de uno de los jugadores; “Berna” cuenta cómo unos militantes pusieron una bandera en contrade Videla en un partido de la selección jugado en Suiza en 1979; “El otro” recrea el cuento de Borges, pero con el día que J. J. López jugó un superclásico para Boca; “Tríptico” relata la muerte de un chico en el estadio Nacional de Lima por una bengala; “Dejarla correr” reconstruye la jugada en que Tevez lesiona a Ezequiel Ham en 2015. El resto son, hasta donde sé, ficticios (¿no lo es todo?), incluyendo picados, barrabravas, chicos que se van a probar, a veces con relatos muy realistas, otros con más realismo mágico (dobles, tiempos superpuestos). Todos se leen realmente muy bien.

En lo temático, hay, como decía, también bastante política, y política setentista. Está el que se enfrentó a Pinochet, los de la bandera, soldados jugando al fútbol en Malvinas a pesar de oficiales hijos de puta, un chico que es levantado arbitrariamente con un Ford Falcon, etc. No me molesta por estar contra Videla o Pinochet, claro, sino porque me parece que el setentismo ya está bien tratado, personalmente me aburre un poco. Habiendo dicho esto, no me molestó en la lectura, ni redujo el placer obtenido de este libro sobre una de las cosas que más me gustan en este mundo, hasta eclipsarme un poco la razón.

martes, 24 de febrero de 2026

Taller de lectura: El mejor de los mundos

 


Leyendo The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood me puse a pensar en otras distopías que había leído y en que hay algo distópico en el aire de nuestros tiempos. Yuval Harari, por ejemplo, dice que la humanidad está en un punto de inflexión a partir del cual pueden cambiar los fundamentos no sólo de nuestras sociedades, sino hasta de nuestra biología. Con los avances de la biotecnología y la inteligencia artificial, dice, puede venir el fin del homo sapiens y la llegada de homo deus. Y otra lectura reciente, “AI 2027”, despierta el temor de un mundo dominado por dos grandes inteligencias artificiales, una en China y otra en EE. UU.

Esta confluencia me hizo querer releer algunas novelas distópicas que había leído hace ya mucho tiempo y ahí apareció la idea de este taller, en el que vamos a pensar cinco novelas en términos de la tradición de distopías, de sus propios méritos como obras literarias y de su relación con las realidades políticas y sociales en las que se escribieron. Primero pensé en ponerle algún título ligado con lo deprimente que parecía el tema. Pero después pensé que estas lecturas nos pueden hacer pensar que, al final de cuentas, este mundo, si no es el mejor de los posibles, tampoco es tan malo como algunas alternativas imaginables.

Propongo entonces seis encuentros virtuales. En el primero, más introductorio, y hasta casi “teórico”, vamos a poner un poco el marco que nos ayude a pensar estas obras. Y luego haremos cinco encuentros más, en cada uno de los cuales discutiremos una de las grandes novelas distópicas de la historia, según el siguiente detalle.

● Lunes 16 de marzo (19:30 a 21:00). Introducción y bienvenida: ¿qué es una distopía?

● Lunes 20 de abril (19:30 a 21:00). Un mundo feliz, Aldous Huxley (1932).

● Lunes 18 de mayo (19:30 a 21:00). 1984, George Orwell (1949).

● Lunes 22 de junio (19:30 a 21:00). Fahrenheit 451, Ray Bradbury (1953).

● Lunes 24 de agosto (19:30 a 21:00). El cuento de la criada, Margaret Atwood (1985).

● Lunes 21 de septiembre (19:30 a 21:00). La carretera, Cormac McCarthy (2006).

Aunque las novelas fueron escritas en inglés, las discutiremos en español y cada uno decidirá si la lee en uno u otro idioma. Además, para quienes se pierdan alguna sesión, los encuentros serán grabados para que los puedan ver asincrónicamente.

Algunas preguntas que nos pueden guiar en el camino. ¿Qué une a estas novelas? ¿Cuáles son sus diferencias? ¿Hay disparadores de las realidades sociales y políticas de sus autores para estas novelas? ¿Hay algo contra lo cual se esté escribiendo? ¿Hay algo que se esté defendiendo? ¿Hay una idea del hombre, de lo político? ¿Hay una idea de la literatura, de la palabra, del lenguaje? ¿Hay recursos literarios apoyando ese proyecto?

Si te interesa escribime a fsantillan@reddognarratives.net

lunes, 23 de febrero de 2026

Gatsby vive

 


Volví a leer después de bastante tiempo The Great Gatsby, de F. Scott Fitzgerald. Es una gran pequeña novela sobre sueños rotos y los límites del voluntarismo.

La volví a leer porque estoy preparando un taller de lectura sobre novelas de la Primera GuerraMundial, y la vi en un texto sobre literatura de la guerra. Eso llevó a un interesante intercambio con Gemini que comento como addenda (y con spoilers) abajo.

La historia es así: después de la guerra, Nick Carraway, un chico del Midwest, se va a Nueva York a trabajar en finanzas. Alquila una casita al lado de una mansión, y así conoce al dueño, un tal Jay Gatsby. Y Nick nos cuenta la historia de Jay, de cómo se hizo rico, de cómo se enamoró y de cómo eso no alcanzó. Porque a pesar de la guerra, las divisiones de clase son demasiado fuertes. El sueño americano es una mentira, o por lo menos tiene fuertes límites, nos dice. Mientras tanto, la novela se lee espectacular, es hermosa, y nos trasplanta por un tiempo a EE. UU. en los años veinte. No viene mal leerla y releerla.

También releí mi apunte de ese entonces y no está mal: sueños rotos, generación perdida. Ah, y leí otras cosas por ahí y sí, me gusta la idea de que en el fondo Nick es medio gay y está medio enamorado de Jay, aunque no se da del todo cuenta.

 

Discutiendo con Gemini: el cliente siempre tiene la razón

Yo no me acordaba que la guerra figurara en Gatsby; le pregunté a Gemini, la IA de Google y me dijo que sí, que era fundamental porque el hecho de que el narrador (Nick Carraway) y el personaje principal (Gatsby) hubieran combatido los ayuda a “crear un vínculo”; que la guerra le permitió a James Gatz convertirse en Jay Gatsby; que la guerra es lo que explica que hubiera perdido a Daisy en primer lugar; y que es lo que explica la atmósfera general de la novela. Concluye que “En The Great Gatsby la Primera Guerra Mundial es la causa de todo lo que ocurre.”

Si fuera Chequeado diría: EXAGERADO. Entonces le volví a preguntar. Le pregunté si no le parecía que la guerra era más el decorado que lo fundamental de la novela. Y Gemini dio mil volteretas para explicar que yo tengo razón y ella un poco también. “En la superficie, The Great Gatsby es indudablemente una novela sobre el Sueño Americano, la rígida división de clase entre los ‘viejos ricos’ y los ‘nuevos ricos’ y un romance obsesivo trágico. Absolutamente no es una ‘novela de la guerra’ en la manera en que sí lo son A Farewell to Arms de Hemingway o Three Soldiers de Dos Passos.” Pero después me dice que igual es “fundamental” como “catalizador” por tres razones: que James Gatz sólo pudo salir con Daisy porque estaba de uniforme; por el contexto de los años 20; y porque Carraway era un personaje desilusionado y por eso no vuelve al Midwest. Y concluye que la guerra es fundamental porque fue el “terremoto” que generó la fractura en la sociedad que le permitió a Gatsby ascender.

Me volvió a parecer exagerado. Y le dije que, a fin de cuentas, la victoria de Gatsby fue apenas momentánea. Que terminó muerto, por causa de Tom y Daisy Buchanan, y con sólo tres personas en el funeral. Y ahí me dio toda la razón. “Tenés toda la razón: la guerra proporcionó la ilusión de la movilidad social, pero no la realidad de ella. Le permitió a Gatsby colarse brevemente a la fiesta, pero nunca le dio realmente un asiento permanente en la mesa.”  

jueves, 19 de febrero de 2026

Taller de lectura: Dulce et decorum est



Dulce et decorum est: taller de lectura de novelas de la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue uno de los eventos más dramáticos de la historia de la humanidad: fue la primera guerra auténticamente mundial y produjo entre 9 y 10 millones de muertos en combate (triplicando en un tercio del tiempo a la guerra anterior con más muertes); significó un cambio fundamental en el mapa mundial, con la destrucción de cuatro imperios; y dio fin a un período caracterizado por una gran confianza en el progreso de la humanidad, e inicio al siglo más violento y destructivo de la historia. Además, engendró una importante producción literaria por cantidad y calidad. 

Obviamente, no podemos leer todo, así que elegí algunos libros buscando que sean representativos de algunas líneas y de distintos teatros de la guerra. Propongo comenzar por una clase introductoria sobre la Primera Guerra y su lugar en la historia y lo que significó para la literatura y después discutir juntos un libro por mes. Será el primer lunes de cada mes de 19:30 a 21:00 de Argentina (salvo la sesión de agosto que sería el segundo lunes), de forma virtual, grabándose las clases para quien las quiera ver asincrónicamente. En definitiva, el cronograma sería el siguiente.

● Lunes 2 de marzo: introducción y presentación.

● Lunes 6 de abril: Sin novedad en el frente, Erich Maria Remarque (1929), ~74.000 palabras.

● Lunes 4 de mayo. Adiós a las armas, Ernest Hemingway (1929), ~89.000 palabras.

● Lunes 1 de junio. Un hijo en el frente, Edith Wharton (1923), ~63,000 palabras.

● Lunes 6 de julio. Tempestades de acero, Ernst Jünger (1920), ~72.000 palabras.

● Lunes 10 de agosto. El buen soldado Schweik, Jaroslav Hašek (1921-1923), ~188.000 palabras.

● Lunes 7 de septiembre. La señora Dalloway, Virginia Woolf (1929), ~50,000 palabras.

Interesados escribir a fsantillan@reddognarratives.net

De yapa va el poema que le da el título al taller, con una traducción veloz mía.


Dulce et Decorum Est
Wilfred Owen (1893-1918)

Bent double, like old beggars under sacks,
Knock-kneed, coughing like hags, we cursed through sludge,
Till on the haunting flares we turned our backs
And towards our distant rest began to trudge.
Men marched asleep. Many had lost their boots
But limped on, blood-shod. All went lame; all blind;
Drunk with fatigue; deaf even to the hoots
Of tired, outstripped Five-Nines that dropped behind.
Gas! Gas! Quick, boys!—An ecstasy of fumbling,
Fitting the clumsy helmets just in time;
But someone still was yelling out and stumbling
And flound'ring like a man in fire or lime...
Dim, through the misty panes and thick green light,
As under a green sea, I saw him drowning.
In all my dreams, before my helpless sight,
He plunges at me, guttering, choking, drowning.
If in some smothering dreams you too could pace
Behind the wagon that we flung him in,
And watch the white eyes writhing in his face,
His hanging face, like a devil's sick of sin;
If you could hear, at every jolt, the blood
Come gargling from the froth-corrupted lungs,
Obscene as cancer, bitter as the cud
Of vile, incurable sores on innocent tongues,—
My friend, you would not tell with such high zest
To children ardent for some desperate glory,
The old Lie: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

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Doblados al medio, como viejos mendigos debajo de bolsas
Patizambos, tosiendo como brujas, puteamos en el barro,
Hasta que ante las fantasmales bengalas dimos nuestras espaldas
Y hacia nuestro distante descanso comenzamos a fatigar.
Hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas
Pero seguían rengueando, ensangrentados. Todos débiles; todos ciegos;
Borrachos de fatiga; sordos hasta para el ulular
De las cansadas, superadas, Cinco-Nueves que caían detrás.
¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido, chicos! Un éxtasis de chapucería,
Poniéndonos los torpes cascos justo a tiempo;
Pero uno seguía aún gritando y tropezando
Y luchando como un hombre en el fuego o el fango---
Tenue, a través de los vidrios empañados y la densa luz verde,
Como bajo un mar verde, lo vi ahogándose.
En todos mis sueños, bajo mi mirada inútil.
Se zambulle hacia mí, derritiéndose, atragantándose, ahogándose.
En algunos sueños sofocantes vos también podrías caminar
Detrás del carro al que lo lanzamos,
Y ver los ojos blancos retorciéndose en su cara,
Su cara colgante, como la de un demonio harto del pecado;
Si pudieras escuchar, con cada sacudón, la sangre
Saliendo con gárgaras de los pulmones corrompidos de espuma,
Obscena como el cáncer, amarga como el bolo
De bilis, llagas incurables en lenguas inocentes,–
Amigo, no le dirías con tan altivo placer
A niños ardientes por alguna gloria desesperada,
La vieja Mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.