Volví a leer después de décadas A Movable Feast, unas memorias de Hemingway de sus años en París en la década de 1920. Publicado póstumamente, el libro cuenta un poco la historia de su matrimonio con Hadley y su final, pero sobre todo cimenta el mito de Hemingway como escritor hambriento y presenta de alguna manera una teoría de la escritura basada en la simplicidad, la omisión y el understatement.
En París, Hemingway trabajaba como periodista,
pero en un momento dejó de hacerlo para dedicarse enteramente a la escritura.
El hambre, dice, era una buena disciplina, y la pobreza una virtud: “no nos
veíamos a nosotros mismos como pobres. No lo aceptábamos. Pensábamos que éramos
personas superiores y que otras personas a quienes mirábamos con desdén y de quienes
desconfiábamos con razón eran ricas” (p. 277). La otra virtud clave era la
confianza. “‘No te preocupes. Siempre escribiste en el pasado y vas a escribir
ahora. Sólo tenés que escribir una oración verdadera. Escribí la oración más
verdadera que conozcas’. Así que al final escribía una oración verdadera, y
después seguía desde ahí” (p. 255). Se trataba de escribir “una historia sobre
cada cosa sobre lo que sabía” (p. 255).
Más adelante habla de la omisión como una
estrategia clave, con dos ejemplos. El primero lo nombra, es el cuento “Out of Season”. El cuento es de una pareja joven que es guiada por un italiano viejo a
pescar, aunque están fuera de temporada; pero el verdadero tema es la pelea que
hubo entre la pareja antes de esta breve excursión. Además, se omite que después
el viejo se suicida (aunque dicen por ahí que Hemingway se enteró de eso
después de haber escrito el cuento). Dice: “Era un cuento muy simple llamado ‘Fuera
de temporada’ y yo había omitido el final real que era que el viejo se colgaba.
Esto se omitió bajo mi nueva teoría de que podías omitir cualquier cosa si vos
sabías que lo omitías y la parte omitida fortalecería el cuento y haría que la
gente sintiera algo más de lo que entendía” (p. 294). Hemingway se refiere en otro
lado a esto como la teoría del iceberg: que se vea una parte y que siete partes
queden omitidas.
El otro ejemplo es “Big Two-Hearted River”, que describe sin nombrar: “El cuento era sobre volver de la guerra pero no había mención a la guerra” (p. 295). Efectivamente, el cuento describe minuciosamente una excursión de pesca de un personaje habitual y alter ego de Hemingway, Nick Adams. La idea es que la gran trucha que va por debajo es el trauma de la guerra, y que la meticulosidad y la concentración absoluta de Nick en cada acción de pesca es una manera de lidiar con lo que hoy llamaríamos estrés postraumático. Por un lado es una genialidad; por el otro, si no sabés nada del autor o del personaje, el cuento es tan críptico que lo que tenés es un tipo pescando.
A Movable Feast también presenta el contexto parisino del que saldrá Jake Barnes y el resto de los personajes de Fiesta. The Sun Also Rises, incluyendo a Hemingway ahorrando para hacer el viaje a Pamplona que está en el centro de esa novela. Hemingway también cuenta acá el origen del mote de “generación perdida”, que es uno de los epígrafes de aquella novela. Aparentemente Gertrude Stein fue a un taller a arreglar su auto, y como los mecánicos no habían hecho su trabajo adecuadamente el patrón les dijo que eran una “génération perdue”. “‘Eso es lo que son. Eso son todos ustedes’, dijo la Srta. Stein. ‘Todos ustedes los jóvenes que estuvieron en la guerra. Son una generación perdida’. ‘¿En serio?’, dije. ‘Lo son’, insistió. ‘No respetan nada. Toman hasta morirse’.” (p. 266). Hemingway disputa esa idea, calificándola como una etiqueta fácil y sucia: “Yo pensé que todas las generaciones están perdidas por algo y que siempre lo estuvieron y siempre lo estarán” (p. 267). Pero los muchachos de Fiesta realmente parecen estar tomando hasta morirse.
Además, A Movable Feast es un hermoso
catálogo del arte de injuriar. Borges hubiera aprobado. Van algunos ejemplos.
“En los tres o cuatro años durante los que
fuimos buenos amigos, no recuerdo a Gertrude Stein hablando bien de ningún
escritor que no hubiera escrito favorablemente sobre su trabajo o hecho algo
para avanzar su carrera, excepto por Ronald Firbank y, más adelante, Scott
Fitzgerald” (p. 265).
Sobre Wyndham Lewis, pintor y escritor inglés:
“no creo haber visto jamás un hombre más desagradable. Algunas personas
muestran maldad como un gran caballo de carreras muestra linaje. Tienen la
dignidad de un chancro endurecido. Lewis no mostraba maldad; solamente se veía
desagradable (…) Bajo el sombrero negro, cuando los había visto por primera
vez, los ojos habían sido los de un violador fallido” (p. 315).
A F. Scott Fitzgerald primero lo tilda de loco
(“No podías enojarte con Scott, era como enojarse con alguien que estuviera
loco” (p. 354); pero después de leer The Great Gatsby dice que decidió ayudarlo en
todo lo que pudiera, pero el problema era su mujer, Zelda: “Yo estaba sguro de
que si podía escribir un libro tan bueno como The Great Gatsby podía
escribir uno incluso mejor. Yo todavía no conocía a Zelda, así que no sabía las
terribles probabilidades que enfrentaba” (p. 363).
Originales
de las citas
“we did not think ever
of ourselves as poor. We did not accept it. We thought we were superior people
and other people that we looked down on and rightly mistrusted were rich” (p.
277).
“‘Do not worry. You
have always written before and you will write now. All you have to do is write
one true sentence. Write the truest sentence that you know.’ So finally I would
write one true sentence, and then go on from there” (p. 255).
“Up in that room I
decided that I would write one story about each thing that I knew about” (p.
255).
“It was a very simple
story called “Out of Season” and I had omitted the real end of it which was
that the old man hanged himself. This was omitted on my new theory that you
could omit anything if you knew that you omitted and the omitted part would
strengthen the story and make people feel something more than they understood”
(p. 294).
“The story was about
coming back from the war but there was no mention of the war in it. But in the
morning the river would be there and I must make it and the country and all
that would happen” (p. 295).
“The patron had said
to him, ‘You are all a génération perdue.’ ‘That’s what you are. That’s what
you all are,’ Miss Stein said. ‘All of you young people who served in the war.
You are a lost generation.’ ‘Really?’ I said. ‘You are,’ she insisted. ‘You
have no respect for anything. You drink yourselves to death’.” (p. 266).
“But the hell with her
lost-generation talk and all the dirty, easy labels” (p. 268).
“I thought that all
generations were lost by something and always had been and always would be” (p.
267).
“In the three or four
years that we were good friends I cannot remember Gertrude Stein ever speaking
well of any writer who had not written favorably about her work or done
something to advance her career except for Ronald Firbank and, later, Scott
Fitzgerald.” (p. 265)
“I watched Lewis
carefully without seeming to look at him, as you do when you are boxing, and I
do not think I had ever seen a nastier-looking man. Some people show evil as a
great race horse shows breeding. They have the dignity of a hard chancre. Lewis
did not show evil; he just looked nasty (…) Under the black hat, when I had
first seen them, the eyes had been those of an unsuccessful rapist.” (p. 315)
“You could not be
angry with Scott any more than you could be angry with someone who was crazy”
(p. 354).
“When I had finished
the book I knew that no matter what Scott did, nor how he behaved, I must know
it was like a sickness and be of any help I could to him and try to be a good
friend. He had many good, good friends, more than anyone I knew. But I enlisted
as one more, whether I could be of any use to him or not. If he could write a
book as fine as The Great Gatsby I was sure that he could write an even better
one. I did not know Zelda yet, and so I did not know the terrible odds that
were against him” (p. 363).




