Leí So Late in the Day, selección de tres
cuentos de Claire Keegan, quizás mi escritora favorita. En la contratapa de
esta hermosa edición hay una cita al NBR: “If [Keegan] has published something
that isn’t perfect, I haven’t seen it”. Si Keegan publicó algo que no sea
perfecto, yo no lo vi.
Y es más perfecto en una edición como esta. Buen
papel, tres cuentos, tapa dura. Leer en una edición linda no es lo mismo que leer
en una edición cualquiera. Leer en papel no es lo mismo que leer en formato
electrónico. Leo mucho en Kindle porque leo mucho en inglés y en Argentina no
es tan fácil conseguir lo que uno quiere; porque accedo a muchos libros
electrónicos gratis a través de una biblioteca pública; y porque me fui
acostumbrando y me trato de acostumbrar a vivir con menos cosas físicas. Pero
no es lo mismo, yo sé que no es lo mismo.
Esta edición incluye tres cuentos, dos que yo
ya había leído (“The Long and Painful Death”, publicado en Walk the Blue Fields, y “Antarctica”, publicado en Antarctica) y el que le da el
título a la colección, “So Late in The Day”, publicado originalmente en The
New Yorker. Los tres cuentos tratan fundamentalmente del encuentro entre un
hombre y una mujer.
En el primero, un hombre mira para atrás a una
relación que estuvo a punto de terminar en matrimonio, algo que a última hora no
ocurrió. Es en una primera tercera en el varón de la pareja, Cathal, un tipo no
demasiado conectado y más preocupado por el dinero que por los sentimientos de
su pareja. En un momento ella le dice que una colega le dijo que la mayoría de
los hombres de la edad de Cathal sólo quieren que las mujeres se callen y les
den a ellos lo que ellos quieren. “Él quería negarlo, pero parecía incómodamente
cercano a una verdad que él nunca antes había considerado” (p. 34).
En el segundo cuento una escritora va a una casa
lejana, anteriormente de un escritor famoso, a una residencia de escritura. Allí
es abordada por un hombre que no parece contenta con que ella hubiera ganado la
residencia y ella, con eso, hace lo que un buen escritor hace: literatura. Sin
que te des cuenta, oración tras oración, Keegan transforma el relato a un
relato del relato.
En el tercero, “Antarctica”, una mujer sale a
explorar algo sobre sí misma, a extender sus fronteras, y termina descubriendo
algo mucho más complejo. De vuelta, lo que me llama la atención ahora, unos
días después de haberlo leído, es cómo se puede transformar radicalmente una
sensación, una atmósfera, con sutiles cambios de palabras.
Claire Keegan es una genia. Si hay algo que
haya publicado que no sea perfecto, no lo conozco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario