lunes, 27 de abril de 2026

Belleza

 


Leí So Late in the Day, selección de tres cuentos de Claire Keegan, quizás mi escritora favorita. En la contratapa de esta hermosa edición hay una cita al NBR: “If [Keegan] has published something that isn’t perfect, I haven’t seen it”. Si Keegan publicó algo que no sea perfecto, yo no lo vi.

Y es más perfecto en una edición como esta. Buen papel, tres cuentos, tapa dura. Leer en una edición linda no es lo mismo que leer en una edición cualquiera. Leer en papel no es lo mismo que leer en formato electrónico. Leo mucho en Kindle porque leo mucho en inglés y en Argentina no es tan fácil conseguir lo que uno quiere; porque accedo a muchos libros electrónicos gratis a través de una biblioteca pública; y porque me fui acostumbrando y me trato de acostumbrar a vivir con menos cosas físicas. Pero no es lo mismo, yo sé que no es lo mismo.

Esta edición incluye tres cuentos, dos que yo ya había leído (“The Long and Painful Death”, publicado en Walk the Blue Fields, y “Antarctica”, publicado en Antarctica) y el que le da el título a la colección, “So Late in The Day”, publicado originalmente en The New Yorker. Los tres cuentos tratan fundamentalmente del encuentro entre un hombre y una mujer.

En el primero, un hombre mira para atrás a una relación que estuvo a punto de terminar en matrimonio, algo que a última hora no ocurrió. Es en una primera tercera en el varón de la pareja, Cathal, un tipo no demasiado conectado y más preocupado por el dinero que por los sentimientos de su pareja. En un momento ella le dice que una colega le dijo que la mayoría de los hombres de la edad de Cathal sólo quieren que las mujeres se callen y les den a ellos lo que ellos quieren. “Él quería negarlo, pero parecía incómodamente cercano a una verdad que él nunca antes había considerado” (p. 34).

En el segundo cuento una escritora va a una casa lejana, anteriormente de un escritor famoso, a una residencia de escritura. Allí es abordada por un hombre que no parece contenta con que ella hubiera ganado la residencia y ella, con eso, hace lo que un buen escritor hace: literatura. Sin que te des cuenta, oración tras oración, Keegan transforma el relato a un relato del relato.

En el tercero, “Antarctica”, una mujer sale a explorar algo sobre sí misma, a extender sus fronteras, y termina descubriendo algo mucho más complejo. De vuelta, lo que me llama la atención ahora, unos días después de haberlo leído, es cómo se puede transformar radicalmente una sensación, una atmósfera, con sutiles cambios de palabras.

Claire Keegan es una genia. Si hay algo que haya publicado que no sea perfecto, no lo conozco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario