lunes, 18 de mayo de 2026

Una historia de amor

 


 Volví a leer después de mucho tiempo A Farewell to Arms, una de las novelas más famosas de la Primera Guerra Mundial, y quizás el primer hit de Ernest Hemingway.

Esta novela fue publicada en 1929, como Sin novedad en el frente y Goodbye to All That, entre muchos otros libros de la Gran Guerra, y tres años después de The Sun Also Rises, que es la novela de lo que viene después de la guerra, aunque con otros personajes. El argumento es relativamente sencillo: el narrador es el americano Frederick Henry, que está en el frente italiano como teniente en el servicio de ambulancias del ejército italiano. Allí conoce a una enfermera británica, Catherine Barkley; después de empezar a verla, Henry termina teniendo un gran amor con ella al ser herido y trasladado a un hospital en Milán, donde ella cuida de él. Con idas y vueltas entre el frente y la retaguardia, una novela de la guerra termina siendo una novela de amor.

Por detrás, claro, hay mucho más, porque en Hemingway siempre hay muchas cosas detrás. Hay, claro, un enjuiciamiento de la guerra, pero de forma mucho menos directa que en otros de los libros que estuve leyendo, incluyendo la citada Sin novedad en el frente, One Man’s Initiation 1917 y Le Feu, por ejemplo. El lugar más claro es el momento en el que Frederick Henry dice: “Siempre me daban vergüenza las palabras sagrado, glorioso y sacrificio y la expresión en vano. Las habíamos escuchado, a veces parados bajo la lluvia casi fuera de rango, de forma que sólo se escuchaban las palabras gritadas, y las habíamos leído, en proclamas que era pegadas en carteles por encima de otras proclamas, hacía un largo tiempo ya, y yo no había visto nada sagrado, y las cosas que eran gloriosas no tenían gloria y los sacrificios eran como los mataderos de Chicago si no se hubiera hecho nada con la carne más que enterrarla. Había muchas palabras que yo no podías soportar escuchar y al final sólo los nombres de los lugares tenían dignidad” (p. 134-135).

Como decía, el tema principal es la historia de amor entre el soldado americano y la enfermera británica. Discutiéndolo en el taller de lectura de novelas de la Primera Guerra, fui el único, creo, que se creyó la historia de amor. Los demás no se la creyeron demasiado. Para mí hay una clara progresión, donde al principio Henry la visita de puro aburrido y de poco se va enamorando. Para mí, hacia el final de la novela, están muertos el uno con el otro; arman un mundo propio, incluyendo mentiras que se entienden como tal, y hacen un hogar de cualquier lugar donde están juntos (un hospital, un hotel, una cabaña en la montaña).

“Nos podíamos sentir solos estando juntos, solos contra los demás. Sólo me pasó así una vez. Me he sentido solo estando con muchas chicas y esa es la manera en que podés sentirte más solitario. Pero nunca estábamos solitarios y nunca con miedo cuando estábamos juntos. Yo sé que la noche no es lo mismo que el día: que todas las cosas son diferentes, que las cosas de la noche no pueden ser explicadas de día, porque ahí no existen, y la noche puede ser un tiempo espantos para personas solitarias una vez que empezó su solitud. Pero con Catherine casi no había diferencia entre la noche scalvo que era un tiempo aún mejor. Si la gente trae tanto coraje a este mundo el mundo tiene que matarlos para romperlos, así que por supuesto los mata. El mundo rompe a todos y después muchos son fuertes en los lugares rotos. Pero a aquellos que no se rompen los mata. Mata a los muy buenos y a los muy amables y a los muy valientes imparcialmente. Si no sos uno de esos podés estar seguir de que te va a matar, pero sin un apuro especial” (p. 182-183).

Esa cita une el tema del amor con el tema ético. Más allá de que siempre nos vamos a morir y que somos los únicos animales conscientes de la propia mortalidad, el punto de Hemingway, acá como en muchos otros lados, es que hay una forma buena y otra mala de vivir. A lo largo de la novela Hemingway construye una dualidad: Dualidad: de un lado la montaña, la buena vida, el hogar, el amor y la vida, que en el frente es representado por el cura; del otro lado la planicie, la mala vida, el burdel, la guerra y la muerte, representadas por Rinaldi. Más allá de lo que ocurra al final, Catherine y Frederick Henry eligen el lado correcto. Al comienzo de la novela, el cura y Henry tienen un diálogo en el que el cura lo quiere llevar del lado del bien:

“Lo que me contás de las noches. Eso no es amor. Esos es sólo pasión y lujuria. Cuando amás querés hacer cosas para. Querés sacrificar para. Querés servir.

“Yo no amo.

“Lo harás. Sé que lo harás. Entonces serás feliz.” (p. 54).

Catherine y Frederick eligen el lado correcto: la montaña, el amor, el hogar. Y por eso son héroes, más allá de todas sus fallas. Porque lo importante no es ganar o perder, sino jugar de la manera correcta a pesar de todo lo que sabemos, a pesar de la muerte, a pesar de saber que tantos otros juegan mal, a pesar de que perdemos más de las que ganamos.

No es una novela feliz, claro, pero es una lectura feliz. Hemingway escribía realmente muy bien, y en esta novela lo vemos un poco menos “Hemingway” que en otros libros, lo cual está bueno. Hemingway es famoso por su lenguaje austero, por sus oraciones cortas, por todo lo que no dice. Acá lo veo mucho más lírico que en los cuentos cortos e incluso que en The Sun Also Rises. Aunque la base es siempre lo observable, hay mucho pensamiento del narrador, incluso momentos de fluir de conciencia.

Sin duda, una de las grandes novelas de la Primera Guerra y del siglo XX.

 

Originales de las citas

“I was always embarrassed by the words sacred, glorious, and sacrifice and the expression in vain. We had heard them, sometimes standing in the rain almost out of earshot, so that only the shouted words came through, and had read them, on proclamations that were slapped up by bil posters over other proclamations, now for a long time, and I had seen nothing sacred, and the things that were glorious had no glory and the sacrifices were like the stockyards at Chicago if nothing was done with the meat except to bury it. There were many words that you could not stand to hear and final y only the names of places had dignity.” (134-135)

“We could feel alone when we were together, alone against the others. It has only happened to me like that once. I have been alone while I was with many girls and that is the way that you can be most lonely. But we were never lonely and never afraid when we were together. I know the night is not the same as the day: that all things are different, that the things of the night cannot be explained in the day, because they do not then exist, and the night can be a dreadful time for lonely people once their loneliness has started. But with Catherine there was almost no difference in the night except that it was an even better time. If people bring so much courage to this world the world has to kill them to break them, so of course it kills them. The world breaks every one and afterward many are strong at the broken places. But those that will not break it kills. It kills the very good and the very gentle and the very brave impartially. If you are none of these yo u can be sure it will kill you too but there will be no special hurry.” (182-183)

“What you tell me about in the nights. That is not love. That is only passion and lust. When you love you wish to do things for. You wish to sacrifice for. You wish to serve.

“I don’t love.”

“You will. I know you will. Then you will be happy.” 54

 

 

 

lunes, 11 de mayo de 2026

Viaje interior

 


Leí Estás muy callada hoy, de Ana Navajas, una verdadera belleza. Novela, “diario ficticio” o “ficción del yo”, en palabras de Pedro Mairal en la contratapa, es una narradora que está haciendo, o está preparando para empezar a hacer, el duelo por la muerte de la madre. O, lo que es casi lo mismo, una mujer que encuentra que para hacer el duelo de su madre tiene que escribir. O una mujer que se convierte en escritora haciendo el duelo de la madre.

No es spoiler: la primera oración del libro es “El cementerio donde está enterrada mi mamá es mi jardín favorito” (p. 11) Y la última es…. Ok, no, no, eso sí sería spoiler. Pero rápidamente sabemos, después de aquella primera oración, que se trata de algo más que del duelo, que hay una reflexión interna sobre la familia, sobre la maternidad, sobre ser hija, esposa, hermana. Nos lo dice en la segunda página: “empezamos a coordinar la logística del traslado. Una caravana fúnebre al litoral: después de todos somos especialistas en encadenarnos uno atrás de otro, como esos esclavos con grilletes arrastrándose en fila” (p. 12).

Así, la narradora va y viene. En el espacio, entre algún lugar del litoral donde se cría, donde la narradora era “la nieta del dueño de todo” (p. 93), y que todos imaginamos que es en el interior de Corrientes, y Buenos Aires. Y entre esa infancia y esta adultez de madre de tres hijos, de esposa, a quien la muerte de la madre le abre la pregunta sobre el propio deseo. El libro se convierte así en una investigación sobre la propia vida y la propia familia, y una especie de toque atención sobre el misterio de todo vínculo, y especialmente de lo insondable de lo femenino. Todo esto con un tono entre Hemingway y Virginia Woolf, con dos cortas y una larga, con pequeños saltos de sentido, como un poema de 130 páginas.

Una belleza, la verdad.