Releí, después de muchísimo tiempo, Fiesta. The Sun Also Rises, de Ernest Hemingway. De Hemingway creo que leí todo, pero casi todo antes del blog, para el que sólo hice una lectura del libro que más me gustó de él, El viejo y elmar. Diré de aquel que sigo pensando que habría que leerlo todos los años.
Releí The
Sun Also Rises en el marco de mi proyecto de lectura de novelas de la
Primera Guerra Mundial. Aunque ocurre algunos años después y hay pocas
referencias directas a la guerra, esta novela es tan o hasta un poco más una
novela de la guerra que The Great Gatsby. Casi todos los personajes
principales están marcados por ella, y sobre todo su protagonista, Jake Barnes.
La novela,
además, comienza con un epígrafe famoso que se conecta con la guerra, el comentario de Gertrude Stein a
Hemingway: “Ustedes son una generación perdida”. El concepto quedó: Hemingway,
Dos Passos, F. Scott Fitzgerald y los demás de los autores combatientes quedarían englobados bajo esa
bandera; y un poco menos los no norteamericanos como Robert Graves, Barbusse,
Remarque y otros. Pero todos ellos hablaban en sus libros de algo generacional,
sin duda. Y todos ellos quedaron marcados, desilusionados, arruinados, por la
guerra.
En otro libro, en A Movable Feast, Hemingway explica aquel epígrafe y lo su desacuerdo con él, y dice que eligió el segundo epígrafe para equilibrar si no refutar el comentario de Stein. Es de la Biblia, de Eclesiastés, y daría la idea de que toda generación
tiene lo suyo y que todas, de alguna manera, se levantan: “Generación
va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale
el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El
viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus
giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se
llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.”
Cuánto se
levantan los personajes de Fiesta es discutible. Los principales son
cuatro varones –el narrador Jake Barnes, sus amigos Bill Gorton y Mike Cambell
y el antagonista Robert Cohn– y una mujer, Brett, Lady Ashley. Cuando
encontramos a Brett, de quien Jake está perdidamente enamorado, ella ya se
divorció dos veces y se comprometió con Mike; y en los pocos meses en que la
vemos en la novela, se va a acostar con Robert Cohn y con un matador
jovensísimo, Pedro Romero. En estos meses vemos a Jake en París, donde vive trabajando
de periodista, y lo seguimos en un viaje con este grupo al norte de España,
primero a pescar y luego a la fiesta de San Fermín en Pamplona. (Hemingway amó
muchas cosas en la vida, como los toros y el boxeo y la pesca y la caza, y en
sus libros describe con amor esas cosas que amó, y es hermoso aunque a uno lo
tengan sin cuidado los toros y el boxeo y la pesca y la caza).
Además de
la pesca y los toros, los cuatro varones van alrededor de la reina Brett, a
quien podemos amar u odiar o amar y odiar, pero difícilmente pase cerca nuestro
sin emoción. Ella está, dice ella, tan enamorada de Jake como él de ella, pero en
la guerra, en el frente italiano, Jake fue herido y quedó impotente. “¿No me
amás”, le pregunta Jake a Brett, que responde: “¿Amarte? Directamente me
convierto en gelatina cuando me tocás.” Jake insiste: “¿Y no hay nada que
podamos hacer al respecto?” (p. 30).
Fiesta es, así, la historia de un amor
imposible. Es imposible por culpa de la guerra, en el sentido de que es la
guerra la que ha dejado a Jake impotente. Pero sobre todo porque parece que
Jake y Brett y todos los demás han quedado incapacitados para amar, para vivir,
para trabajar. Jake explica que sus problemas vienen de haber conocido a Brett:
“Probablemente nunca hubiera tenido problemas si no me hubiera cruzado con
Brett cuando me enviaron a Inglaterra. Supongo que ella sólo quería lo que no
podía tener. Bueno, las personas son así” (p. 36). La ironía es que Brett no
podía tener a Jake tanto como Jake no podía tener a ella. Y, claro, esa es la
fuente de muchos problemas para el pobre Jake, quien a lo largo de la novela se
la pasa viendo al objeto de su deseo acostarse con otros y se la pasa yendo a
su auxilio cada vez que ella se lo pide.
Jake, Bill
y Mike también se la pasan tomando. El diferente es Cohn, porque no toma,
porque no combatió y porque es judío. La pregunta sobre el antisemitismo de
Hemingway puede tener respuestas discutibles, pero no hay duda de que Mike y
Bill lo son, Jake quizás un poco menos. Sea como fuera, Cohn está celoso de
Mike y de Jake, y Jake está celoso de Cohn, y al final lo terminan enfrentando y
cebando y Cohn los termina cagando a trompadas a los dos y, después, al joven
Romero.
Al final,
todos parecen perder, quizás con la excepción de Bill, que pasa por ahí,
disfruta, sufre, se emborracha. Brett consigue todo lo que quiere y se siente
pésimo por ello. Mike tiene que soportar que Brett se acueste con todos. Cohn
pierde a Brett (no podría haber sido de otra manera) y su lugar en el grupo.
Jake pierde el respeto de los españoles aficionados de los toros y sigue
atrapado por Brett. Aunque quizás, en esa oración final, donde dice que sería
lindo pensar que podrían haberla pasado bien con Brett, Hemingway nos deja la
impresión de que Jake puede llegar a curarse de la maldición que significa
estar enamorado de Brett. Si lo lograra ahí sí podríamos pensar que el texto de
Eclesiastés supera al final al de Stein.
Mientras tanto,
está esa forma Hemingwayniana, esas oraciones no siempre cortas, pero siempre
claras, directas, un poco como un cuchillo siempre afilado. Una oración tras
otra y ninguna trabada. La belleza de lo simple, de lo estable, del orden.
Está, por ejemplo, este párrafo de dos oraciones, una muy larga, que engloba
tanto de la novela y al mismo tiempo es tan precisa y perfecta que me da miedo
traducirla: “El toro que mató a Vicente Girones se llamaba Bocanegra, era el
Número 118 del establecimiento de cría de toros de Sánchez Tabemo y fue matado
por Pedro Romero como el tercer toro de esa misma tarde. Su oreja fue cortada
por aclamación popular y fue dada a Pedro Romero quien, a su vez, se la dio a
Brett, quien la envolvió en un pañuelo que me pertenecía a mí, y quien dejó tanto
oreja como pañuelo, junto con una cantidad de colillas de cigarrillos Muratti,
empujados bien al fondo del cajón de la mesa de luz que estaba al lado de su
cama en el Hotel Montoya, en Pamplona” (p. 199).
Originales de las
citas
“Don't you love me?” “Love you? I simply turn
all to jelly when you touch me.” “Isn't there anything we can do about it?” (p.
30).
“Probably I never
would have had any trouble if I hadn't run into Brett when they shipped me to
England. I suppose she only wanted what she couldn't have. Well, people were
that way” (p. 36).
“The bull who killed
Vicente Girones was named Bocanegra, was Number 118 of the bull-breeding
establishment of Sanchez Tabemo, and was killed by Pedro Romero as the third
bull of that same afternoon. His ear was cut by popular acclamation and given
to Pedro Romero, who, in turn, gave it to Brett, who wrapped it in a
handkerchief belonging to myself, and left both ear and handkerchief, along
with a number of Muratti cigarette-stubs, shoved far back in the drawer of the
bed-table that stood beside her bed in the Hotel Montoya, in Pamplona” (p.
199).
Otras citas
“What's the matter
with you, anyway?” “I got hurt in the war,” I said. “Oh, that dirty war.” We
would probably have gone on and discussed the war and agreed that it was in
reality a calamity for civilization, and perhaps would have been better avoided”
/ “¿Y a vos qué te pasa,
entonces?” “Fui herido en la guerra", dije. “Oh, esa sucia guerra”. Probablemente
hubiéramos seguido y discutido de la guerra y acordado en que en realidad había
sido una calamidad para la civilización, y que quizás hubiera sido mejor
haberla evitado” (p. 21).
“It is awfully easy to
be hard-boiled about everything in the daytime, but at night it is another
thing.” / “De día es tremendamente
fácil hacerse el duro sobre todo, pero de noche es otra cosa” (p. 39).
“Somehow it was taken
for granted that an American could not have aficion. He might simulate it or
confuse it with excitement, but he could not really have it. When they saw that
I had aficion, and there was no password, no set questions that could bring it
out, rather it was a sort of oral spiritual examination with the questions
always a little on the defensive and never apparent, there was this same
embarrassed putting the hand on the shoulder, or a “Buen hombre.” But nearly
always there was the actual touching. It seemed as though they wanted to touch
you to make it certain.” / “De alguna manera se daba por sentado que un americano no podía tener afición.
Podía simular tenerla o confundirla con excitación, pero no podía realmente
tenerla. Cuando veían que yo realmente tenía afición, y no había una
contraseña, no había preguntas cifradas que pudieran definirlo, más bien era
una especie de examinación espiritual oral, donde las preguntas eran siempre un
poco a la defensiva y nunca evidentes, había esta misma forma de poner la mano
en el hombro con vergüenza o un ‘buen hombre’. Pero casi siempre
había un tocarme real. Parecía como que querían tocarte para asegurarse” (p. 132).
“‘Here comes Brett’,
Bill said. I looked and saw her coming through the crowd in the square,
walking, her head up, as though the fiesta were being staged in her honor, and
she found it pleasant and amusing.” / “‘Acá viene Brett’, dijo Bill. Miré
y la vi viniendo a través de la muchedumbre en la plaza, caminando, su cabeza
en alto, como si la fiesta estuviera siendo montada en su honor, y como
si ella lo encontrara agradable y divertido” (p. 205).
“The room was in that
disorder produced only by those who have always had servants”. / “La habitación estaba en ese
desorden producido solo por aquellos que siempre han tenido sirvientes” (p. 240).

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