lunes, 6 de abril de 2026

Un amor imposible


Releí, después de muchísimo tiempo, Fiesta. The Sun Also Rises, de Ernest Hemingway. De Hemingway creo que leí todo, pero casi todo antes del blog, para el que sólo hice una lectura del libro que más me gustó de él, El viejo y elmar. Diré de aquel que sigo pensando que habría que leerlo todos los años.

Releí The Sun Also Rises en el marco de mi proyecto de lectura de novelas de la Primera Guerra Mundial. Aunque ocurre algunos años después y hay pocas referencias directas a la guerra, esta novela es tan o hasta un poco más una novela de la guerra que The Great Gatsby. Casi todos los personajes principales están marcados por ella, y sobre todo su protagonista, Jake Barnes.

La novela, además, comienza con un epígrafe famoso que se conecta con la guerra, el comentario de Gertrude Stein a Hemingway: “Ustedes son una generación perdida”. El concepto quedó: Hemingway, Dos Passos, F. Scott Fitzgerald y los demás de los autores combatientes quedarían englobados bajo esa bandera; y un poco menos los no norteamericanos como Robert Graves, Barbusse, Remarque y otros. Pero todos ellos hablaban en sus libros de algo generacional, sin duda. Y todos ellos quedaron marcados, desilusionados, arruinados, por la guerra.

En otro libro, en A Movable Feast, Hemingway explica aquel epígrafe y lo su desacuerdo con él, y dice que eligió el segundo epígrafe para equilibrar si no refutar el comentario de Stein. Es de la Biblia, de Eclesiastés, y daría la idea de que toda generación tiene lo suyo y que todas, de alguna manera, se levantan: “Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.  Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.”

Cuánto se levantan los personajes de Fiesta es discutible. Los principales son cuatro varones –el narrador Jake Barnes, sus amigos Bill Gorton y Mike Cambell y el antagonista Robert Cohn– y una mujer, Brett, Lady Ashley. Cuando encontramos a Brett, de quien Jake está perdidamente enamorado, ella ya se divorció dos veces y se comprometió con Mike; y en los pocos meses en que la vemos en la novela, se va a acostar con Robert Cohn y con un matador jovensísimo, Pedro Romero. En estos meses vemos a Jake en París, donde vive trabajando de periodista, y lo seguimos en un viaje con este grupo al norte de España, primero a pescar y luego a la fiesta de San Fermín en Pamplona. (Hemingway amó muchas cosas en la vida, como los toros y el boxeo y la pesca y la caza, y en sus libros describe con amor esas cosas que amó, y es hermoso aunque a uno lo tengan sin cuidado los toros y el boxeo y la pesca y la caza).

Además de la pesca y los toros, los cuatro varones van alrededor de la reina Brett, a quien podemos amar u odiar o amar y odiar, pero difícilmente pase cerca nuestro sin emoción. Ella está, dice ella, tan enamorada de Jake como él de ella, pero en la guerra, en el frente italiano, Jake fue herido y quedó impotente. “¿No me amás”, le pregunta Jake a Brett, que responde: “¿Amarte? Directamente me convierto en gelatina cuando me tocás.” Jake insiste: “¿Y no hay nada que podamos hacer al respecto?” (p. 30).

Fiesta es, así, la historia de un amor imposible. Es imposible por culpa de la guerra, en el sentido de que es la guerra la que ha dejado a Jake impotente. Pero sobre todo porque parece que Jake y Brett y todos los demás han quedado incapacitados para amar, para vivir, para trabajar. Jake explica que sus problemas vienen de haber conocido a Brett: “Probablemente nunca hubiera tenido problemas si no me hubiera cruzado con Brett cuando me enviaron a Inglaterra. Supongo que ella sólo quería lo que no podía tener. Bueno, las personas son así” (p. 36). La ironía es que Brett no podía tener a Jake tanto como Jake no podía tener a ella. Y, claro, esa es la fuente de muchos problemas para el pobre Jake, quien a lo largo de la novela se la pasa viendo al objeto de su deseo acostarse con otros y se la pasa yendo a su auxilio cada vez que ella se lo pide.

Jake, Bill y Mike también se la pasan tomando. El diferente es Cohn, porque no toma, porque no combatió y porque es judío. La pregunta sobre el antisemitismo de Hemingway puede tener respuestas discutibles, pero no hay duda de que Mike y Bill lo son, Jake quizás un poco menos. Sea como fuera, Cohn está celoso de Mike y de Jake, y Jake está celoso de Cohn, y al final lo terminan enfrentando y cebando y Cohn los termina cagando a trompadas a los dos y, después, al joven Romero.

Al final, todos parecen perder, quizás con la excepción de Bill, que pasa por ahí, disfruta, sufre, se emborracha. Brett consigue todo lo que quiere y se siente pésimo por ello. Mike tiene que soportar que Brett se acueste con todos. Cohn pierde a Brett (no podría haber sido de otra manera) y su lugar en el grupo. Jake pierde el respeto de los españoles aficionados de los toros y sigue atrapado por Brett. Aunque quizás, en esa oración final, donde dice que sería lindo pensar que podrían haberla pasado bien con Brett, Hemingway nos deja la impresión de que Jake puede llegar a curarse de la maldición que significa estar enamorado de Brett. Si lo lograra ahí sí podríamos pensar que el texto de Eclesiastés supera al final al de Stein.

Mientras tanto, está esa forma Hemingwayniana, esas oraciones no siempre cortas, pero siempre claras, directas, un poco como un cuchillo siempre afilado. Una oración tras otra y ninguna trabada. La belleza de lo simple, de lo estable, del orden. Está, por ejemplo, este párrafo de dos oraciones, una muy larga, que engloba tanto de la novela y al mismo tiempo es tan precisa y perfecta que me da miedo traducirla: “El toro que mató a Vicente Girones se llamaba Bocanegra, era el Número 118 del establecimiento de cría de toros de Sánchez Tabemo y fue matado por Pedro Romero como el tercer toro de esa misma tarde. Su oreja fue cortada por aclamación popular y fue dada a Pedro Romero quien, a su vez, se la dio a Brett, quien la envolvió en un pañuelo que me pertenecía a mí, y quien dejó tanto oreja como pañuelo, junto con una cantidad de colillas de cigarrillos Muratti, empujados bien al fondo del cajón de la mesa de luz que estaba al lado de su cama en el Hotel Montoya, en Pamplona” (p. 199).

 

 

Originales de las citas

 “Don't you love me?” “Love you? I simply turn all to jelly when you touch me.” “Isn't there anything we can do about it?” (p. 30).

“Probably I never would have had any trouble if I hadn't run into Brett when they shipped me to England. I suppose she only wanted what she couldn't have. Well, people were that way” (p. 36).

“The bull who killed Vicente Girones was named Bocanegra, was Number 118 of the bull-breeding establishment of Sanchez Tabemo, and was killed by Pedro Romero as the third bull of that same afternoon. His ear was cut by popular acclamation and given to Pedro Romero, who, in turn, gave it to Brett, who wrapped it in a handkerchief belonging to myself, and left both ear and handkerchief, along with a number of Muratti cigarette-stubs, shoved far back in the drawer of the bed-table that stood beside her bed in the Hotel Montoya, in Pamplona” (p. 199).

 

Otras citas

“What's the matter with you, anyway?” “I got hurt in the war,” I said. “Oh, that dirty war.” We would probably have gone on and discussed the war and agreed that it was in reality a calamity for civilization, and perhaps would have been better avoided” / “¿Y a vos qué te pasa, entonces?” “Fui herido en la guerra", dije. “Oh, esa sucia guerra”. Probablemente hubiéramos seguido y discutido de la guerra y acordado en que en realidad había sido una calamidad para la civilización, y que quizás hubiera sido mejor haberla evitado” (p. 21).

“It is awfully easy to be hard-boiled about everything in the daytime, but at night it is another thing.” / “De día es tremendamente fácil hacerse el duro sobre todo, pero de noche es otra cosa” (p. 39).

“Somehow it was taken for granted that an American could not have aficion. He might simulate it or confuse it with excitement, but he could not really have it. When they saw that I had aficion, and there was no password, no set questions that could bring it out, rather it was a sort of oral spiritual examination with the questions always a little on the defensive and never apparent, there was this same embarrassed putting the hand on the shoulder, or a “Buen hombre.” But nearly always there was the actual touching. It seemed as though they wanted to touch you to make it certain.” / “De alguna manera se daba por sentado que un americano no podía tener afición. Podía simular tenerla o confundirla con excitación, pero no podía realmente tenerla. Cuando veían que yo realmente tenía afición, y no había una contraseña, no había preguntas cifradas que pudieran definirlo, más bien era una especie de examinación espiritual oral, donde las preguntas eran siempre un poco a la defensiva y nunca evidentes, había esta misma forma de poner la mano en el hombro con vergüenza o un ‘buen hombre’. Pero casi siempre había un tocarme real. Parecía como que querían tocarte para asegurarse” (p. 132).

“‘Here comes Brett’, Bill said. I looked and saw her coming through the crowd in the square, walking, her head up, as though the fiesta were being staged in her honor, and she found it pleasant and amusing.” / “‘Acá viene Brett’, dijo Bill. Miré y la vi viniendo a través de la muchedumbre en la plaza, caminando, su cabeza en alto, como si la fiesta estuviera siendo montada en su honor, y como si ella lo encontrara agradable y divertido” (p. 205).

“The room was in that disorder produced only by those who have always had servants”. / “La habitación estaba en ese desorden producido solo por aquellos que siempre han tenido sirvientes” (p. 240).

 

 

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