Leí Estás muy callada hoy, de Ana
Navajas, una verdadera belleza. Novela, “diario ficticio” o “ficción del yo”,
en palabras de Pedro Mairal en la contratapa, es una narradora que está
haciendo, o está preparando para empezar a hacer, el duelo por la muerte de la
madre. O, lo que es casi lo mismo, una mujer que encuentra que para hacer el duelo
de su madre tiene que escribir. O una mujer que se convierte en escritora
haciendo el duelo de la madre.
No es spoiler: la primera oración del
libro es “El cementerio donde está enterrada mi mamá es mi jardín favorito” (p.
11) Y la última es…. Ok, no, no, eso sí sería spoiler. Pero rápidamente sabemos,
después de aquella primera oración, que se trata de algo más que del duelo, que
hay una reflexión interna sobre la familia, sobre la maternidad, sobre ser hija,
esposa, hermana. Nos lo dice en la segunda página: “empezamos a coordinar la
logística del traslado. Una caravana fúnebre al litoral: después de todos somos
especialistas en encadenarnos uno atrás de otro, como esos esclavos con
grilletes arrastrándose en fila” (p. 12).
Así, la narradora va y viene. En el espacio, entre
algún lugar del litoral donde se cría, donde la narradora era “la nieta del
dueño de todo” (p. 93), y que todos imaginamos que es en el interior de Corrientes,
y Buenos Aires. Y entre esa infancia y esta adultez de madre de tres hijos, de
esposa, a quien la muerte de la madre le abre la pregunta sobre el propio
deseo. El libro se convierte así en una investigación sobre la propia vida y la
propia familia, y una especie de toque atención sobre el misterio de todo
vínculo, y especialmente de lo insondable de lo femenino. Todo esto con un tono
entre Hemingway y Virginia Woolf, con dos cortas y una larga, con pequeños
saltos de sentido, como un poema de 130 páginas.
Una belleza, la verdad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario