Leí Men Without Women, colección de
cuentos de Ernest Hemingway publicada originalmente en 1927. Es decir, después
de The Sun Also Rises y antes de A Farewell to Arms (recientemente
leí también A Moveable Feast, memorias póstumas).
En el libro hay toreros y boxeadores (“The Undefeated”,
“Banal Story”, “Fifty Grand”); relaciones de pareja complicadas (“Hills like white elephants”, “A Canary for One”): y soldados en el
frente italiano (“In Another country”, “A Simple Enquiry”, “Now I Lay Me”).
Está el famoso “The Killers” y hay un tríptico de una visita a Italia (“Che ti
dice la patria”, “A Meal in Spezia” y “After the Rain” donde se critica al
fascismo a la Hemingway; esto es, mostrando y no diciendo. De hecho, termina muy
simplemente: “Todo el viaje había tomado apenas diez días. Naturalmente, en un
viaje tan corto, no tuvimos oportunidad de ver cómo estaban las cosas para el
país o para la gente” (p. 478). Hay un cuento sobre la adicción (“A Pursuit
Race”), otro sobre el joven Nick Anderson penando de amor (“Ten Indians”) y un
cuento escabroso sobre un cadáver (“An Alpine Idyll”) y hasta una pequeña obra
de teatro en la que tres soldados van al bar de un hebreo y toman vino mientras
discuten la crucifixión de Jesús.
No voy a decir nada demasiado original. Lo que
se destila, primero, es el estilo económico (el show don’t tell y el
iceberg). Quizás el ejemplo más claro es el de “Hills Like White Elephants”,
donde una pareja discute sobre un posible aborto sin discutir y sin mencionar
la posibilidad de un aborto ni un embarazo. El varón apenas dice que es una “operación
realmente muy sencilla”, que casi ni es una operación. Dos ejemplos más. No
dice que hace frío, sino que “En el restaurante podías ver tu respiración” (p.
475). No dice cuán fuerte pega un boxeador, sino que te lo hace escuchar: “Cada
vez que se acerca, Jack lo traba, y después libera una mano y le da un
uppercut, pero cuando Walcott libera sus manos le pega a Jack en el cuerpo y lo
pueden escuchar afuera en la calle. Es un pegador” (p. 502).
Segundo, hay una ética detrás; algunos
personajes están dentro y otros fuera del “código”. Pero no desde el dedito
levantado ni siempre siendo todo claro, y con algo de fatalidad. Hay más
perdedores que ganadores, pero se puede ganar al perder si se pierde de la
manera correcta.
Tercero, la meticulosidad de los relatos. El
gran ejemplo es “Now I Lay Me”, donde Nick Anderson está en el hospital recuperándose
de una herida a kilómetros del frente y no puede dormir. Hemingway describe minuciosamente
las estrategias de Nick para no volverse loco ante el insomnio generado por el
estrés post traumático.
En fin, un genio a quien hay que leer siempre.
Originales de las citas
“The whole trip had only taken ten days. Naturally, in such a short trip. We had no opportunity to see how things were with country or the people” (p. 478).
“In the restaurant you could see your breath” (p. 475).
“Every time he gets in close, Jack ties him up, then gets one hand loose and uppercuts him, but when Walcott gets his hands loose he socks Jack in the body so they can hear it outside in the street. He’s a socker” (p. 502).
