Volví a leer Canada, de Richard Ford, primera entrega del taller de lectura de novelas sobre familias que estoy coordinando. Recordaba el libro con mucho cariño, y una segunda lectura me hizo quererlo aún más.
Richard Ford es
un escritor que me ha dado mucho. Leí toda la pentalogía de Bascombe (The
Sportswriter, 1986, Independence Day, 1995, The Lay Of The Land,
2006, Let Me Be Frank With You, 2014, y Be Mine, 2023); dos
de sus otras cuatro novelas (Canada, 2012, y Wildlife, 1990); y
una de sus cinco colecciones de cuentos, Sorry For Your Trouble (2020). Debería
leer más cuentos, sobre todo Rock Springs (1987).
Cuando pienso en
todo lo que leí de él, veo temas sobre los que vuelve una y otra vez: el tema
de la pérdida y la aceptación; la reflexión sobre los vínculos (realizada por
personas que son de por sí muy autorreflexivos), la extrañeza frente al otro y frente
a uno mismo a veces también; una mirada sobre EE. UU.; la adolescencia; el tema
de la propia historia (de cómo nos armamos pensándonos una narrativa personal).
En los distintos libros estos temas se van mezclando y relacionando de maneras
diversas. Ford también vuelve a algunos lugares físicos, como la costa de New
Jersey y Great Falls, Montana. Dice Ford: “Soy, me imagino, un escritor que
vuelve a sus temas. (…) Debe ser que creo que cada vez que escribo sobre algo
(…) abro oportunidades para más adelante, para una consideración más profunda”.
Canada comparte el planteo de Wildlife: años después, el narrador
reescribe lo vivido de adolescente en Great Falls (Montana). En ambos casos los
adultos les jugaron una mala pasada, y eso llevó a que perdieran algo. Escribirlo
es la manera de tratar de entenderlo, aceptarlo, de ponerlo dentro de una
propia narrativa que les permita vivir sin demasiada incomodidad. En Wildlife
Joe no parece lograrlo tanto como Dell, el narrador y protagonista de Canada.
Efectivamente,
aunque la novela trata muchos temas, Canada se entiende sobre todo como la
forma que tiene Dell, a los 65, de entender y darle un sentido a su propia
historia, poniendo el foco en unas pocas semanas cuando tenía 15 años y sus
padres deciden robar un banco, lo que Ford/Dell nos cuenta en el primer párrafo.
Para ello está, como dice al final su melliza Berner, bendecido con la memoria.
Como tiene memoria y el carácter para reordenar lo vivido, Dell puede tener,
más allá de aquellos meses, una vida relativamente feliz (a diferencia de
Berner, que se ve condenada).
Como decía, Ford
trata muchos otros temas, a los que vuelve una y otra vez, y que se relacionan
con esa mirada principal. Hay una discusión respecto de si hay destino o si el carácter
nos puede ayudar a hacer nuestro propio camino. Hay, como en tanto de la obra
de Ford, una idea de contingencia (cualquier cosa puede pasar), de pérdida y de
aceptación como forma de seguir adelante; una mirada un poco estoica, si se
quiere. “Lo que sé es que tenés una mejor chance en la vida, de sobrevivirla,
si tolerás bien la pérdida; si lográs no ser un cínico en medio de todo esto,
subordinarte, (…) mantener las proporciones, conectar las cosas desiguales en
un todo que preserve lo bueno, aun admitiendo que no es siempre fácil encontrar
lo bueno. Lo intentamos, como dijo mi hermana. Lo intentamos. Todos nosotros.
Lo intentamos” (p. 418). Hay una discusión sobre lo normal (y sobre lo cerca
que está de lo anormal); sobre adultos y adolescentes; sobre pertenecer, sobre
fronteras reales y mentales, etc.
Al final todos
esos temas se subsumen en el principal, el de cómo Dell logró sobreponerse a
esos meses y logra armar una vida relativamente normal, procesándolo (en parte)
como literatura. Es decir, reflexionando sobre esos eventos clave en su vida.
Por eso el libro avanza y frena una y otra vez, para que Dell piense sobre los
hechos. Y por eso a veces se puede hacer un poco lento. Como dijo en su momento
John Banville en The Guardian: “Le tomó un poco de tiempo a este lector
acostumbrarse al tono mesurado, adormecido de Canada. (…) [Ford] escribe
de manera deliberadamente plana, apartándose de ademanes estilísticos (…) de
forma que Dell habla con las cadencias de un espíritu dañado permanentemente.
Escucharlo, oración tras cuidadosa oración, es como ver al sobreviviente de un
accidente automovilístico avanzando por el pasillo de un hospital, paso a
cuidadoso paso. Su voz, al mismo tiempo amortiguada y clara, es increíblemente
resonante, y devastadora por lo directa que es.”
Al final del día
es esa voz lo que es el gran logro de Canada. Una voz única de un señor
de 65 que sigue teniendo adentro a un chico de 15 que no debió haber vivido lo
que tuvo que vivir. Pero que, gracias a la memoria y la reflexión y la palabra,
pudo construir igual una vida aceptable.
Originales de
las citas
"What I
know is, you have a better chance in life - of surviving it - if you tolerate
loss well; manage not to be a cynic through it all; to subordinate, as Ruskin
implied, to keep proportion, to connect the unequal things into a whole that
preserves the good, even if admittedly good is not simple to find. We try, as
my sister said. We try. All of us. We try." (p. 418, c. 69).
“It took this
reader a little time to become accustomed to the measured, downbeat tone of Canada.
(…) he writes with deliberate flatness, eschewing stylistic flourishes –
except when describing North American landscapes – so that Dell
speaks in the cadences of a permanently damaged spirit. Listening to him,
sentence by careful sentence, is like watching a car-crash survivor making
his way along a hospital corridor, step by careful step. His voice, at
once muffled and clear, is remarkably resonant, and devastating in its
directness”.
Banville: Canada by Richard Ford – review
Dice Ford: https://fictionwritersreview.com/review/canada-by-richard-ford/

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