martes, 20 de marzo de 2018

Perspectiva



Leí “Talking it Over”, novela de Julian Barnes que había leído hacía tiempo y que creo que disfruté ahora más todavía. Supongo que maduré. Es un triángulo amoroso compuesto por dos amigos (Stuart y Oliver) y una mujer (Gillian) de treinta y pico; la curiosidad es que está contado de una manera muy especial: cada uno de estos tres personajes principales, más algunos personajes secundarios, cuentan a cámara lo que va ocurriendo.

En el libro pasa lo que uno imagina. Se enamoran dos, después otros dos, hay crisis, y van hablando de todo esto. Pero el libro no es tanto sobre el amor de pareja - aunque lo es en parte -; ni sobre la importancia de hablar del asunto, de los asuntos - aunque algo de esto hay en lo tercero -; sino, principalmente, sobre la perspectiva. Cada uno de los tres (y de los otros) personajes nos van contando las mismas escenas desde distintos lugares: lo que parece menor según uno es vital para otro, lo que parece accidental para Oliver es intencional para Stuart y así sucesivamente. Nosotros, con cada versión, creemos tener la película entera, pero si aprendimos algo es que no es así: nos armamos nuestra propia película a partir de lo que vemos, de lo que nuestra vida nos hace sentir a partir de lo que vemos, y así sucesivamente.

Hace unos años a esto Twitter Argentina lo hubiera resumido con un “¿pero vos desde dónde estás hablando?” Esa es una mirada algo cínica del concepto de perspectiva; la perspectiva vista como el lugar (organizacional, político) desde el que se habla, de donde se deriva un interés y por tanto una postura pública. En este caso, las miradas de los personajes no muestran tanto una pertenencia o un interés sino una posición frente al mundo y frente al otro. Hablar del asunto no resuelve el tema (“¿Por qué tienen que hablar de esto?”, se pregunta Gillian - p. 7-, y tiene razón si sugiere que no se resuelve nada hablándolo.) Pero el punto no es ese; no es que hablamos para resolverlo, sino que hablamos para saber quiénes somos; nuestra voz es lo que somos, esa manera de relatar, de contar lo que nos pasa es lo que somos. En la perspectiva está la subjetividad. Y es así que el crecimiento de quien es para mí el héroe de la historia es, sobre todo, un cambio de perspectiva. No es que ahora sea cínico, dice, “Simplemente pienso que ahora veo las cosas más claras que antes.” (p. 223) Al menos eso me parece a mí; otros pueden pensar que Gillian es la heroína, la que desordena y vuelve a generar un orden, y es una perspectiva más que posible. Habrá otras más.


Originales de las citas

“Why do they have to talk about it all?” (p. 7 Gillian)

“I don’t think of myself as jaundiced or cynical or disillusioned or whatever. I just think of myself as seeing things more clearly now than I did before.” (p. 223)

Otras citas

“OK, you’ve got a best friend, he gets married, and the day he gets married you fall in love with his wife. How will your best friend react? (...) ‘Oh I can quite see your point of view’ is not a reaction that is on the agenda, quite frankly.” / “OK, está tu mejor amigo, se casa, y el día que se casa te enamorás de su mujer. ¿Cómo va a reaccionar tu amigo? (…) ‘Ah, mirá, la verdad es que entiendo tu punto de vista’ no es una reacción que esté en agenda, para ser franco.” (p. 75)

“as you go on living with someone, you slowly lose the power to make them happy, while your capacity to hurt them remains undiminished. And vice versa, of course.” / “en la medida en que seguís viviendo con alguien, de a poco vas perdiendo el poder de hacerlo feliz, mientras que tu capacidad para herirlo no se reduce en nada. Y viceversa, por supuesto.” (p. 214)

“what I wanted was someone I could love, respect and fancy. I thought that was what one should be aiming for, if the thing were to last. And when I started with men it always seemed as difficult as getting three strawberries in a row on a fruit machine.” / “lo que quería era alguien a quien amara, respetara y me gustara. Me parecía que a eso tenía que apuntar para que la cosa durara. Y cuando empecé a salir con hombres siempre me pareció tan difícil como sacar tres frutillas en una tragamonedas.” (p. 243) 

domingo, 11 de marzo de 2018

Escribir sobre escribir



Alguien le regaló a #esposa para su cumpleaños El amor, el amor, el amor, un libro que reúne columnas que Carolina Aguirre escribió para La Nación. Después de leerlo, #esposa lo dejó en mi mesa de luz y lo leí. No es un libro que hubiera leído y no me gustó demasiado, pero igual me resultó interesante y, por momentos, emocionante.
Lo que me emocionó fue lo único que había leído previamente de Aguirre, la columna “Colombia”. Tampoco, creo, había visto sus productos televisivos porque prácticamente no consumo televisión (cosa que digo como dato y sin juicio de valor; no creo que me haga mejor o peor persona). “Colombia” es un relato conmovedor de una mujer que sufre en primera mano violencia a manos de su pareja. Recuerdo haberla leído el día que salió, desde el celular en un colectivo, y haber llorado. Al verla ahí sola, impotente frente a un violento; al verla rescatada por su padre y cobijada por amigas. Y volví a llorar ahora.
Esa columna explica, me parece, por qué me gustaron poco las demás, o el promedio de las demás: porque casi todo es escritura que gira sobre la escritura y muy pocos textos logran emocionarme con eso. (Sólo se me ocurre algunas cosas de Philio Roth.) Además, el libro gira mucho sobre la escritura de televisión, un mundo que no es el mío. (Igualmente, banco a muerte su defensa de Gilmore Girls, serie que, coincidimos con la autora, da a varones y mujeres una mirada mucho más interesante de la femineidad que tantas otras). “Colombia”, en cambio, no es sobre la escritura, aunque contiene alguna reflexión sobre la escritura; es sobre algo mucho más vital y real.
Así y todo, leí todo el libro y rescaté cosas muy interesantes sobre la escritura pero que van más allá, que son ideas válidas para muchos otros campos. Por ejemplo:
“Los fuertes reescriben en silencio.” (p.74) Me parece genial y válido más allá de la escritura. Hay que practicar, esforzarse, seguir adelante y quejarse menos.
“escribir no tiene nada que ver con empezar sino con seguir. Sólo el que aguanta el umbral de angustia y de cansancio es el que se vuelve escritor de verdad.” (p. 104) Creo que estoy de acuerdo en que ese es el camino y creo que justamente por eso no soy escritor: porque prefiero vivir sin angustia. Pero al mismo tiempo, toda actividad requiere templanza.
“R. y yo sólo conocemos una pequeña ventana del otro.” (p. 106) Esto, que la autora dice sobre una relación en particular entre dos amantes, me parece que es válido para toda escritura pero sobre todo para todo vínculo. La ventana puede ser un poco más grande o más chica, el vidrio más transparente o más opaco, pero lo que vemos es siempre parcial. Y aunque parezca injusto (y a su vez genere injusticias), es sobre esa información limitada que debemos actuar. 
“Lo importante para sentarse a trabajar no es crear el compromiso sino el deseo.” (p. 144) De nuevo, válido para todo trabajo y toda actividad: lo que hacés en el trabajo, el deporte que practiques, la persona con la que estés, te tiene que gustar, tenés que buscarle el gusto.

lunes, 5 de marzo de 2018

Época de grandes cambios



Dentro de mi proyecto de lectura de historia de EE.UU., leí The Republic for Which it Stands. The United States during Reconstruction and the Gilded Age, 1865-1896, de Richard White. Para simplificarme la vida, seguí (y creo que seguiré) con la Oxford History of the United States, a la cual ingresé con The Battle Cry of Freedom.
Después de la Guerra Civil, en la que EE.UU. terminó con ese “pecado original” que era la esclavitud, se pensaba que se venía una república más auténtica, basada en la santidad del hogar y la libertad de trabajo, donde cada hombre tendría abierto el camino al crecimiento personal (y cada mujer debía acompañar a un hombre en ese camino). En cambio, lo que ocurrió fue la consolidación territorial, la creación de un mercado nacional de bienes y de trabajo, y la consolidación, en el marco de una primera globalización, de un capitalismo industrial que creó, contra lo deseado, las clases peligrosas: los muy ricos y los muy pobres. Es el Estados Unidos de los grandes monopolios y de los robber barons, de los ferrocarriles y el acero, de los Carnegie, Rockefeller y demás; también es el momento del nacimiento de las grandes marcas (como en Argentina), desde Coca Cola y General Electric hasta John Deere; y un tiempo de invención e innovación, personificado en Thomas Edison o Alexander Graham Bell, aunque White sostiene que la innovación en esta época era más cooperativa y cumulativa que individual.
En el camino, el fin de la esclavitud no derivó en la igualdad sino en una nueva forma de exclusión de los negros (violencia para privarlos del voto y de la igualdad social, el sistema Jim Crow para excluirlos legalmente). Y la conquista del Oeste, que terminó quitándole el protagonismo en el relato nacional a la Guerra Civil, derivó en el genocidio de los indios y en un desastre ambiental (la extinción de los búfalos, la desaparición de grandes extensiones de bosques nativos y mucho más). A ese desastre ambiental natural le correspondió un desastre ambiental urbano: como el conventillo porteño, el tenement neoyorquino era hogar de la pobreza y fuente de enfermedades de todo tipo; la falta de obras sanitarias, la pobreza del nuevo proletariado.
Fue una época de grandes transiciones y de luchas violentas. Violencia en el Sur contra los negros, en el Oeste contra los chinos y en todo el país contra los trabajadores que comenzaban a organizarse, como sucedía también en Argentina. Fue la época de la gran inmigración y de grandes esfuerzos de reformas sociales: por los derechos de la mujer, por los derechos laborales, contra el alcohol y otras “malas costumbres”. Pero también una era de gran resistencia a estos nuevos tiempos y del nacimiento de una idea de un Estados Unidos blanco y protestante: a los chinos y los negros se agregó como blanco a los trabajadores pobres, los católicos y los judíos.
Políticamente, fue un tiempo de presidentes poco notables; entre Andrew Johnson, Ulysses Grant, Rutherford Hayes, James Garfield, Chester Arthur, Grover Cleveland y Benjamin Harrison, quizás el único memorable sea Grant, pero más por su papel como militar que como presidente. El partido Republicano entró como el partido de la intervención estatal, pasó a ser dominado por liberales laissez-faire y volvió a propiciar mayor intervención. Los demócratas fueron el partido de la exclusión de los negros en el sur, comenzaron siendo defensores de los derechos de los estados y de un gobierno limitado y terminaron favoreciendo mayor intervención (pero tan limitados al Sur como al comienzo). Fue la época del nacimiento y muerte del partido Populista.
Aunque de manera menos espectacular que durante la Guerra Civil, fue una época de creación estatal, con una gradual construcción de capacidades del estado federal y una lucha entre éste y los estados que se manifestaba como una lucha entre el Congreso y el poder judicial. Una época donde las grandes discusiones pasaban por la protección aduanera, la limitación de los grandes monopolios y el mantenimiento o eliminación del patrón oro, todos temas que también estaban vigentes en la Argentina de la época.
Se trata, en definitiva, de uno de los períodos de mayores cambios (territoriales, políticos, económicos, sociales) de la historia americana. Como lector amateur, quizás hubiera preferido algo un poco más esquemático, pero claramente es dificilísimo hacer una historia ordenada y coherente de todos estos cambios complejos y que involucran en todo momento alternativas, discusiones y luchas desordenadas y cambiantes. Como comentario final, es muy interesante leer todo eso desde la historia argentina: consolidación del estado nacional, creación de un mercado nacional, inmigración, primera industrialización, expansión territorial, discusiones en torno al proteccionismo y el patrón oro, nacimiento de algunas de las grandes fortunas. La Argentina de la época no era muy diferente, salvo en la escala y en la cuestión racial, para bien o para mal, a los EE.UU. de la época.

lunes, 19 de febrero de 2018

Dos triángulos


Leí The Marriage Plot, de Jeffrey Eugenides (de quien leí Middlesex, que amé). The Marriage Plot relata el difícil comienzo de la vida adulta de las tres partes de un triángulo amoroso: Madeleine, la chica sensata que ama los libros; Mitchell, el joven místico y correcto, “el tipo de chico inteligente, sano y complace-padres con el que ella se enamoraría y casaría” (p. 15); y Leonard, el brillante bipolar con quien efectivamente se casa.
El título del libro viene de la tesis de Madeleine sobre la novela victoriana, y se refiere a uno de los temas principales de la novela, que es el amor romántico. La novela es, un poco, sobre una chica buena que se enamora del chico equivocado; y otro poco del chico que se enamora de un ideal imposible. Pero el punto, al final, es que la cosa es más compleja; que claramente ya no se puede vivir (ni escribir) como en la época victoriana, pero que tampoco se puede vivir sin amor romántico.
El segundo tema de fondo, que ilumina un poco al anterior, es el religioso. Mitchell es estudiante de estudios religiosos, es un místico que busca respuestas, o al menos un lugar desde donde operar en el mundo, o la respuesta a la simple pregunta de cómo ser una buena persona. “Todas las personas que conocía estaban convencidas de que la religión era una farsa y Dios una ficción. Pero las cosas que sus amigos usaban en reemplazo de la religión no lo impresionaban. Nadie tenía la respuesta para el acertijo de la existencia” (p. 96) como nadie parece tener la respuesta para el acertijo del amor (de la pareja, de la soledad).
El triángulo de temas que empieza con amor y religión se cierra con la literatura. Madeleine estudiaba literatura “por las razones más puras y aburridas: porque amaba leer.” (p. 20) Y en medio del auge de la semiótica y la crítica literaria, a ella le gustaba leer las grandes novelas victorianas. “A Madeleine le daba la impresión de que la mayoría de los teóricos de la semiótica habían sido chicos poco populares, a menudo bulleados o ignorados, y entonces habían dirigido su ira remanente contra la literatura.” (p. 42) La literatura y la novela no reemplazan a Dios ni al amor de pareja muertos; pero quizás ordenan, y hay algo de eso en la escena final, en la que el crecimiento de dos de los tres personajes se cristaliza con una pregunta que hace referencia justamente a la trama matrimonial. Pero Eugenides no nos está tratando de convencer de eso ni de nada (ni sobre el amor, la literatura o la religión): nos da una novela honesta, directa y divertida sobre tres chicos y mientras tanto nos habla de esta cosa complicada que es vivir.

Originales de las citas usadas
“Mitchell was the kind of smart, sane, parent-pleasing boy she would fall in love and marry.” (p. 15)
“Everyone he knew was convinced that religion was a sham and God a fiction. But his friends’ replacements for religion didn’t look to impressive. No one had an answer for the riddle of existence.” (p. 96)
“She’d become an English major for the purest and dullest of reasons: because she loved to read.” (p. 20)
“Madeleine had a feeling that most semiotic theorists had been unpopular as children, often bullied or overlooked, and so had directed their lingering rage onto literature.” (p. 42)

lunes, 29 de enero de 2018

Memorias de un general



Después de leer lo que me dijeron es la mejor historia general de la Guerra de Secesión (The Battle Cry of Freedom de James McPherson), mi amigo @epinh me regaló las memorias del general (y más tarde presidente) Ulysses S. Grant, quien terminó como general en jefe de todos los ejércitos de la Unión en aquel enfrentamiento. Leer memorias puede ser complejo si uno no está tan interesado en el personaje, pero es un gran complemento a una historia general de un período: de verlo todo desde arriba, pasás a ver partes desde un actor, y entrás en detalles más individuales y concretos; cómo comían, cómo se casaban, qué hacían con los hijos (uno de menos de 15 acompañó a Grant en algunas campañas.)
Es interesante que lo que McPherson ve en su historia de arriba, que el resultado de la guerra fue contingente, que podría haber ocurrido otra cosa, también se ve a nivel individual en la vida de Grant. Mientras estudiaba en la escuela militar de West Point, Grant leía muchas novelas y soñaba no con una carrera militar sino con ser profesor “en alguna universidad respetable” (p. 16). De hecho, la primera oración del prefacio es: “‘El hombre propone y Dios dispone’. Solo muy pocos eventos en los asuntos de los hombres ocurren por su propia elección.” (p. xix) La otra cuestión que surge claramente de las memorias de Grant es el grado en que aquella fue una guerra política, con decisiones militares influidas por cuestiones como la cercanía o los resultados electorales.
Quizás lo más interesante es cuánta importancia le da Grant a las personalidades de los oficiales, mucho más que a cuestiones como, por ejemplo, la tecnología disponible. Una y otra vez vuelve a evaluar a los oficiales como líderes y para diversas funciones. De las memorias surge algo así como un estilo de mando o de management de Grant; su primer punto sería justamente empezar por comprender a las personas con las que uno interactúa. El segundo es algo así como la gestión por resultados. Eso surge de su muy admirado jefe, Abraham Lincoln. Cuenta Grant que en su primera reunión aquel le dijo que “Todo lo que quería o había querido era alguien [un jefe militar] que se hiciera responsable y actuara, y que le pidiera la asistencia que necesitara, comprometiéndose él a usar todo el poder del gobierno en proveer dicha asistencia.” (p. 370) De la misma forma, a su subordinado preferido, el general Sherman, le indica en unas órdenes escritas: “No me propongo fijar acá a usted un plan de campaña, sino fijar el trabajo que es deseable realizar y dejarlo libre para ejecutarlo en su propia manera.” (p. 376) Una tercer cuestión sería lo que surge de lo anterior: órdenes por escrito. Finalmente, la importancia de poner antes el deber a la ambición (que es casi como una manera de referirse al trabajo en equipo.) En esa línea, hay dos frases que van a diferenciar entre quien trabaja para alcanzar resultados y quien trabaja para alcanzar posiciones: “Todos tenemos nuestras supersticiones. Una de las mías es que en posiciones de gran responsabilidad, cada quien debería cumplir con su deber al máximo de sus capacidades allí donde haya sido asignado por una autoridad competente, sin el uso o aplicación de influencias para cambiar su posición.” (p. 242) Y: “Es de los hombres que son seleccionados, y no de aquellos que buscan, de quienes podemos siempre esperar el servicio más eficiente.” (p. 368)

Leer memorias no es siempre lo más divertido si uno no es especialista del tema o cercano al personaje, pero el cambio de escala, de una historia general a una mirada individual, es casi siempre muy enriquecedor.

Originales de las citas usadas
Quería ser profesor “in some respectable college” (p. 16)
“‘Man proposes and God disposes’. There are but few important events in the affairs of men brought about by their own choice.” (p. xix)
"All he wanted or had ever wanted was some one who would take responsibility and act, and call on him for all the assistance needed, pledging himself to use all the power of the government in rendering such assistance.” (p. 370)
“I do not propose to lay down for you a plan of campaign, but simply lay down the work it is desirable to have done and leave you free yo execute it in your own way.” (p. 376)
“Every one has his superstitions. One of mine is that in positions of great responsibility every one should do his duty to the best of his ability where assigned by competent authority, without application or the use of influence to change his position.” (p. 242)
“It is men who wait to be selected, and not those who seek, from whom we may always expect the most efficient service.” (p. 368)