lunes, 5 de junio de 2023

El fin

 


La noticia es que terminé las obras completas de Borges. Lo hice con el último libro del último tomo, Biblioteca Personal. Prólogos, que tiene 64 prólogos escritos por el maestro para una colección de Hyspamérica que debería haber llegado a cien libros seleccionados y prologados por él, proyecto interrumpido por la muerte, ese inconveniente imperturbable. Habiendo yo sí llegado al final, mi recomendación es: no lean las obras completas, es totalmente innecesario. El tomo cuatro en general es innecesario.

Algunas citas de los prólogos de este libro:

“la materia de la que estamos hechos, el tiempo” (p. 461).

“Como el descubrimiento del amor, como el descubrimiento del mar, el descubrimiento de Dostoievski marca una fecha memorable de nuestra vida.” (p. 477). No me pasó, la verdad, nunca me enganchó.

Moby Dick es, de hecho, una pesadilla.” (p. 481). De acuerdo: una pesadilla leerlo.

“toda ficción es una impostura; lo que importa es sentir que ha sido soñada sinceramente.” (p. 485).

“Los sueños, que tejen buena parte de nuestra vida, han sido prolijamente estudiados, desde Artemidoro hasta Jung; no así la pesadilla, el tigre del género.” (p. 509). Genial Borges acá juntando dos temas borgeanos, el tigre y la pesadilla.

“De Quincey. A nadie debo tantas horas de felicidad personal.” (p. 513). Pobre Georgie.

Sobre Ezequiel Martínez Estrada: “Su visión de la patria fue melancólica; los hechos ulteriores la confirman.” (p. 533). Muy Borges eso del anacronismo, como cuando habla de los autores precursores de otros, o de Carlyle como el primer nazi.

“Virgilio se propuso una obra maestra; curiosamente lo logró.” (p. 536).

“juzgamos a los libros por la emoción que suscitan, por su belleza, no por razones de orden doctrinal o político.” (p. 541). Amén.

lunes, 29 de mayo de 2023

Fallar

 


Leí un poco menos de 200 páginas de El traductor, novela de Salvador Benesdra calificada por Elvio Gandolfo como una de las mejores de la historia argentina y uno de esos libros que algunos miembros de la intelligentsia argentina, lo que sea que sea eso, comenzaron a comentar en los últimos tiempos: baste decir que la publicó Eterna Cadencia, esa editorial de altas pretensiones, y que fue mencionada recientemente en su newsletter por Esteban Schmidt, escritor de escritores. 

El lector de este blog, ser mitológico, ya sabe lo que viene: me pareció un bodrio.

La novela –lo que leí de ella– gira en torno de un personaje difícil de querer, Mario Zevi, y parece cruzar tres argumentos: el romántico, el empresario-laboral y el político-ideológico. Zevi es traductor de una editorial progresista poco después de la caída del Muro de Berlín y se engancha (quizás más por odio que por amor) en una difícil relación con Romina, una joven adventista. La novela tiene una música, de eso no hay duda, una cadencia que me recuerda al mejor Halperín Donghi, frases largas con muchas subordinadas, que hay que dejar entrar en segundo plano para que la cosa quede. 

Pero me aburrió. Me aburrió y me molestó. 

Lo más molesto, para mí, resultó la relación con la adventista. Un ex trotskista judío porteño y una salteña adventista que vienen de mundos ideológicos distintos y que no logran ninguna conexión sexual: “Oír palabras de amor puede a uno consolarlo de muchas malas cogidas. Pero no de infinitas. A la larga, el frío de la piel se impone sobre las palabras más ardientes.” (p. 153). Pero Zevi insiste en querer lograr lo imposible, hacer acabar a su objeto, y va y viene pero no zafa de la adventista (al menos hasta la página 200, donde ya nos dicen que la cosa no va a terminar bien). 

También nos dicen que terminará mal para Zevi la trama laboral. Zevi es traductor en una editorial progresista (“Ni oficinista ni creador, ni amo ni esclavo, sino intermediario del lenguaje” - p. 38) y logra por un tiempo un puesto que deseaba. Benesdra aprovecha para burlarse del progresismo. “Los progresistas son siempre unos cagones, turco” (p. 120), le dice el amigo a Zevi en una conversación larguísima y con un lenguaje que no suena de ninguna manera al que puedan usar dos amigos charlando, y Benesdra usa esta trama para ironizar sobre esas empresas tan argentinas, empresas de gente de izquierda que siempre, en algún momento, llegan a tensiones entre la parte “empresa” y la parte “izquierda”. 

La tercera trama, sobre este mundo post Guerra Fría, está, creo, dentro de la cabeza de Zevi, que tiene que traducir a un neonazi alemán que lo tiene hipnotizado, y que nos hace pensar que producirá algún choque interno en las ideas de Zevi. 

Hay, claro, contactos obvios entre las tres tramas: trotskista/adventista, progresismo en el mundo laboral, ideas tras la caída de las ideologías. Y podemos creer –le doy crédito a Benesdra– que junta las tres cosas al final de las 650 páginas, produciendo una especie de Montaña Mágica de las Pampas, pero me aburrió y cerré antes de las 200 páginas. 

Quizás fallé como lector.


lunes, 10 de abril de 2023

Bella perversión



Después de haber leído bastante Ian McEwan (On Chesil Beach, Atonement, Saturday (genial), Amsterdam y Enduring Love) llegué, casi de casualidad, a su primer libro: First Love, Last Rites. El libro, una colección de cuentos publicada en 1975, es buenísimo, pero incómodo; son cuentos escritos con belleza y humor, pero siempre cerca del horror, la perversidad y la inmoralidad.

En “Solid Geometry”, un esposo piensa encarar el divorcio tras terminar su edición de los diarios que escribió su tatarabuelo durante 45 años. Su mujer, Maisie, no lo apoya en su tarea y lo agrede: “¿Y vos qué? (...) Lo único que tenés son libros. Arrastrándote sobre el pasado como una mosca sobre un sorete” (p. 9). Sin embargo, es allí en los libros donde encuentra una salida geométrica (fantástica e inmoral) a su problema matrimonial.

En “Homemade” un chico descubre la sexualidad de una forma demasiado doméstica, empezando por la masturbación que le enseña un amigo: “Estaba empezando a felicitar a Raymond por haber descubierto una forma tan simple, barata y sin embargo placentera de pasar el tiempo, y al mismo tiempo preguntarme si no podría dedicar toda mi vida a esta gloriosa sensación” (p. 26).

En “Last Day of Summer” un chico de 12 experimenta demasiado precozmente el abandono, la negligencia y sus consecuencias trágicas.

En “Cocker at the Theatre” unos actores se toman muy en serio una propuesta teatral con alto contenido sexual.

En “Butterflies” nuestra percepción del narrador cambia dramáticamente, y vemos una muerte joven y la perversión bien de cerca.

El personaje principal de “Conversation With a Cupboard Man” es otro hijo de la locura y del abandono, un animalito amoral, but who can blame him?

En “First Love, Last Rites” es quizás donde vemos algo más cercano a una relación positiva, la de dos chicos adolescentes que pasan juntos un verano. Pero hay algo doloroso (la familia de ella) y algo asqueroso (una rata enorme) por detrás.

Finalmente, en “Disguises” vuelve la perversión, la perversión de un adulto sobre un niño (como en al menos dos cuentos más de la colección). En este caso, el objeto es nuevamente un huérfano y la perversión viene de la tía que lo adopta; pero la familia con que se encuentra el chico fuera de la casa tampoco parece tan normal. Y ahí está el punto, quizás; la normalidad que surge de esta colección es la inmoralidad, la maldad, la perversión y la destrucción de la inocencia, brillantemente narrado.

Erudición al servicio del aficionado

 


Leí Borges Profesor. Curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, edición a cargo de Martín Hadis y Martín Arias, una joyita de la erudición en varios sentidos.

Borges Profesor es la edición de un curso de literatura inglesa dictado por Borges en 25 clases entre octubre y diciembre de 1966. La historia del libro es interesante: un grupo de alumnos grabó el curso para transcribirlo y permitir que sus compañeros que se perdieran alguna clase pudieran estudiar. Las grabaciones desaparecieron, pero quedaron las desgrabaciones, llenas de errores. Usando ese material, y conociendo el contenido al que se refería Borges, Hadis y Arias repusieron el contenido original: corrigieron errores, buscaron citas, agregaron palabras faltantes y además agregaron información de contexto sobre los personajes y las obras a las que se refiere Borges. El resultado es un texto perfectamente legible que repone la palabra del maestro hablando de lo que más amó: los libros.

El primer sentido en el que hablo de erudición es obviamente la del propio Borges. Durante 25 clases, el profesor habla de lo que más amó dentro de la literatura inglesa: los orígenes germánicos, anglosajones y vikingos; Samuel Johnson, Boswell, Macpherson, Worsworth, Coleridge, Blake, Carlyle, Dickens, Browning, Rossetti, Morris, Stevenson. (Quien no está, llamativamente, es Shakespeare. Quizás porque, como dice Borges en otro lado, “Shakespeare es -digámoslo así- el menos inglés de los escritores ingleses. Lo típico de Inglaterra es el understatement, es el decir un poco menos de las cosas. En cambio, Shakespeare tendía a la hipérbole y no nos sorprendería nada que Shakespeare hubiera sido italiano o judío, por ejemplo.” –“El Libro”, en Borges Oral, tomo IV, p. 175–. Curioso, pienso, que un curso de historia de la literatura inglesa prácticamente no hablara de Shakespeare, pero vuelvo al título del curso y no dice “historia”: dice “Curso de literatura inglesa”; y aunque el orden elegido por Borges fue el cronológico, no es una historia sino una colección de cosas amadas. Y sobre eso rige la erudición de Borges, que cita acá y allá y durante 25 clases no deja de hablar con devoción de aquello que amó, determinados libros y un idioma. En su curso, Borges hace honor al Borges que definía a la literatura “de un modo hedónico” (p. 17).

El segundo sentido en el que uso la palabra erudición es pensando en la enorme tarea de Hadis y Arias, que de una desgrabación aparentemente desastrosa generan clases hermosas y, sobre todo, transparentes para los que no sabemos tanta literatura. Cualquier autor o libro citado merece una mínima introducción en una nota al pie, incluso títulos de libros citados con algún error por Borges o incluso alguna línea de un poema. Todo es corregido y explicado. Una verdadera maravilla que no sólo hace más fácil la lectura a un no especialista, sino que brinda una aproximación a la literatura como una gran aventura colectiva de la humanidad, una de las cosas que nos hacen quizás defendibles como especie, la literatura como un gran libro escrito colectivamente.

El tercer sentido en el que uso la palabra “erudición” es pensando en el destinatario de este libro (y no me refiero a mí, claramente). Imagino que los eruditos, ya sea especialistas en literatura inglesa o en Borges, encontrarán acá un enorme valor. Ejemplo: cuando leí la mirada de Borges sobre Stevenson, su dualidad como hijo de un linaje de constructores de faros dedicado a algo considerado menor por él, la literatura, es imposible no pensar en los linajes de Borges (las armas y las palabras). Supongo que como eso habrá muchas cosas más que verdaderos eruditos podrían usar para pensar e imaginar. (Otra que me hizo pensar: la descripción de Borges de la relación de Boswell con Samuel Johnson me recuerda al Borges de Bioy).

En definitiva, una belleza y un libro importante para los estudiosos de Borges pero mucho más allá también; es erudición al servicio de los eruditos pero también de los aficionados.

 

Algunas citas porque sí

“Beowulf se parecía a nuestros compadritos de Monserrat o del Retiro. Beowulf quería jactarse de su valor” (p. 69).

“las intenciones de los autores son menos importantes que el logro de lo que ejecutan” (p. 73).

La Divina Comedia es “el poema máximo de todas las literaturas” (p. 129).

“actualmente hay más palabras de origen latino que de origen germánico en un diccionario inglés. Pero las palabras germánicas son las esenciales, son las palabras que corresponden al fuego, a los metales, al hombre, a los árboles. En cambio, todas las palabras de la cultura son palabras latinas.” (p. 162).

Wordsworth “Dice que la poesía nace de la emoción recordada en la tranquilidad.” (p. 230).

“yo creo que un poeta debe ser juzgado por sus mejores páginas.” (p. 240).

“Una de las obras más importantes de un escritor –quizás la más importante de todas– es la imagen que deja de sí mismo a la memoria de los hombres, más allá de las páginas escritas por él.” (p. 242).

jueves, 2 de marzo de 2023

Crónicas de la deshumanización

 


En 1996, pocos años después de la caída del Muro -“la medida protectiva anti-fascista” en la jerga comunista- Anna Funder, australiana de raíces alemanas, estaba en Berlín haciendo una pasantía y perfeccionando su alemán. Todos querían olvidarse de la República Democrática Alemana (la RDA), pero Funder se resistía, en parte guiada por una sensación que sólo puede definir con una palabra compuesta, a la manera alemana: “solo puedo describirla como horror-romanticismo. Es una sensación tonta, pero no me la quiero sacar de encima. El romanticismo viene del sueño del mundo mejor que los comunistas alemanes querían construir desde las cenizas de su pasado nazi: de cada quien según sus capacidades, a cada quien de acuerdo a sus necesidades. El horror viene de lo que hicieron en nombre de ese sueño.” (p. 4)

De esa sensación surge Stasiland. Stories from Behind the Berlin Wall (2003). Funder relata visitas a museos recién creados sobre la RDA y entrevista a ex personal de la Stasi y a víctimas de la Stasi y hace una crónica de su búsqueda por capturar algo de ese pasado que se va. Como le dice a un compañero de trabajo: “Estuve teniendo Aventuras en Stasiland (...) He estado en un lugar donde lo que se decía no era real, y donde lo real no estaba permitido, donde las personas podían desaparecer detrás de puertas cerradas sin que se volviera a escuchar de ellas, o fueran contrabandeadas a otros mundos.” (p. 120)

Entre las víctimas, entrevistó a Miriam, cuya historia estructura el libro. A los 16 años, Miriam hizo unos pequeños afiches de protesta por la demolición de una iglesia. Fue descubierta y declarada “enemiga del estado”. Fue interrogada durante 6 horas seguidas durante 10 días seguidos, sin contacto con el exterior, sin abogado, sin padres (¡a los 16 años!). Tras ser liberada fracasó por poco en su intento de cruzar el Muro, y fue interrogada nuevamente hasta que se dio cuenta de que tenía que inventar un grupo de apoyo del escape para que la soltaran. Funder entrevistó también a Julia, a quien le cerraron puertas de educación y trabajo por tener un novio extranjero. A Klaus, el Mick Jaggerde la RDA, del Klaus Renft Combo, al que le negaron el permiso para tocar porque dictaminaron que “ya no existen” (p. 189) Y a Frau Paul, que tuvo un bebé con complicaciones, atendido en el oeste, y a quien la Stasi quiso obligar a informar para ellos para permitirle cruzar a verlo.

Funder entrevistó también a ex hombres de la Stasi, a quienes convocó por un aviso clasificado (¡qué antigüedad y tan cerca en el tiempo!). Entrevistó a Herr Winz, quien había trabajado en contra-espionaje en Potsdam; a von Schnitzler, el propagandista de la GDR, quien les decía a los alemanes orientales qué pensar y qué no pensar sobre lo que ocurría en el Oeste (como nos quería decir 6, 7, 8 qué pensar de la Argentina); a Herr Christian, quien había sido degradado por no informar sobre una relación extramarital (no por tenerla, sino por no reportarla); a Hagen Koch, el hombre que pintó la línea sobre la que se construyó el Muro, quien contaba su historia apoyado por fotos sacadas de su propia Caja Topper; a Herr Bock, profesor en la escuela de la Stasi, quien cuenta que los informantes lo eran menos por convicción o dinero que por querer ser alguien; y a Herr Bohnsack, quien había trabajado para la Stasi en desinformación (sobre todo contra Alemania Occidental).

La Stasi, la KGB de la RDA, tenía más gente que el ejército. Contando sus 97.000 empleados y 173.000 informantes, había un miembro de la Stasi por cada 63 personas. Eso permitía inmiscuirse en lo más íntimo de las personas, incluso de los propios, como Herr Christian y Koch (a quien obligaron a divorciarse). “Las relaciones con las personas estaban condicionadas por el hecho de que uno u otro podía ser uno de ellos. Todos sospechaban de todos los demás, y la desconfianza que esto creaba era el cimiento de la existencia social.” (p. 28) Ya de chiquitos, “vivían con un sentido muy distintivo ‘desde el minuto en que nos despertábamos’ respecto de qué podía decirse fuera del hogar (muy poco) y qué podía ser discutido allí (la mayoría de las cosas)” (p. 95).

En unas pocas entrevistas, Funder logra transmitir cómo esa locura totalitaria terminó afectando tan profundamente a personas que en otros contextos hubieran sido personas muy comunes, con las alegrías y los golpes normales de cualquier vida. Se detiene, además, en el éxito de la empresa totalitaria. Este se ve en la “ostalgie” -la nostalgia del Este (“ost” en alemán)-. Y se ve en cómo logra el régimen naturalizar el horror: las víctimas no se reconocen como tales; las víctimas no se dan cuenta de que los horrores de su vida no son consecuencias de sus acciones sino de un estado opresivo y tan deshumanizado que buscaba explotar cualquier sentimiento de humanidad para sus fines políticos, subvirtiendo en el camino toda noción de verdad y justicia, convirtiendo el romance en horror.

Cuando fui a Alemania me sorprendió una y otra vez la candidez para analizar lo peor de su propia historia. Caminar por Berlín es toparse literalmente con los recuerdosde las víctimas del Holocausto, y muchas otras maneras más de recordar y reflexionar sobre su pasado. Pero eso se ve mucho más para el primer totalitarismo vivido, el nazi, que para el segundo, el comunista. Funder se da cuenta a mitad de camino de su libro de lo que está haciendo: “Estoy haciendo retratos de personas, de alemanes orientales, de los que ya no habrá más en una generación. Y estoy haciendo una pintura de una sociedad que está en la falla geológica entre este y oeste. Esto es trabajar contra el olvido y contra el tiempo” (p. 147).

 

 Originales de las citas usadas

“This feeling needs a sticklebrick word: I can only describe it as horror-romance. It’s a dumb feeling, but I don’t want to shake it. The romance comes from the dream of a better world the German Communists wanted to build out of the ashes of their Nazi past: from each according to his abilities, to each according to his needs. The horror comes from what they did in its name.” (p. 4)

“I’ve been having Adventures in Stasiland (...) I’ve been in a place where what was said was not real, and what was real was not allowed, where people disappeared behind doors and were never heard from again, or were smuggled into other realms.” (p. 120)

“Relations with people were conditioned by the fact that one or other of you could be one of them. Everyone suspected everyone else, and the mistrust this bred was the foundation of social existence.” (p. 28)

“they lived with a distinct sense ‘from the minute we woke up’, of what could be said outside the home (very little), and what could be discussed in it (most things).” (p. 95)

“I’m making portraits of people, East Germans, of whom there will be none left in a generation. And I’m painting a picture of a city on the old fault-line of east and west. This is working against forgetting, and against time.” (p. 147)